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No has visto nada como 'Atlantique': pateras y terror sobrenatural en la joya en Netflix

Mati Diop se convirtió en la primera mujer negra en competir por la Palma de Oro en 73 ediciones del Festival de Cannes

Foto: Un fotograma de la ópera prima de Mati Diop, 'Atlantique', ganadora del Premio especial del jurado en el pasado Cannes. (Netflix)
Un fotograma de la ópera prima de Mati Diop, 'Atlantique', ganadora del Premio especial del jurado en el pasado Cannes. (Netflix)

Ganó el Gran Premio del Jurado en el último Festival de Cannes, aunque no convenció demasiado a la crítica española. Pero 'Atlantique', la ópera prima de la directora franco-senegalesa Mati Diop, es una joya inusual y delicada, que se engloba en la corriente actual del cine que se entremezcla el drama social con el fantástico, un estilo híbrido que amalgama, y muy bien, el género del terror sobrenatural con un cine naturalista, incluso cuasi-documental, en el que la denuncia social acaba en el terreno de los hombres lobo ('Los buenos modales', 2017, de los brasileños Marco Dutra y Juliana Rojas, disponible en Filmin), el realismo mágico y el 'survival' ('Bacurau', 2019, de los también brasileños Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, igualmente en Filmin) y, en el caso de 'Atlantique', que acaba de estrenarse en Netflix, es mejor dejarse llevar por la sorpresa.

Diop pertenece a esa segunda generación hija de inmigrantes africanos que han crecido en la ex metrópoli europea que han crecido, como su película, en la hibridación de la cultura de sus padres y la del país de adopción, que busca dar voz a través del cine a un continente donde no existe una tradición cinematográfica, cuya presencia tanto en los circuitos de cine comercial como en los festivaleros es inusual, y que además cuenta con los recursos y la cultura audiovisual de una Francia puntera en este campo.

Las imágenes de 'Atlantique' son hipnóticas y fantasmagóricas. Con una fotografía bellísima y desaturada de Claire Mathon –la artífice de la potencia visual de 'Retrato de una mujer en llamas', de Céline Sciamma, y 'El desconocido del lago', de Alaine Guiraudie, entre otras–, la película muestra un Dakar casi de ciencia ficción, donde se está construyendo un enorme rascacielos de cristal y acero que parece ciencia ficción en contraste con la arena de las calles sin asfaltar y el adobe de las casas de las barriadas más humildes. Lo que comienza como un drama social, con Souleiman –interpretado por Traore–, un joven obrero al que un promotor corrupto y avaricioso le debe varios meses de sueldo, deviene en una historia de amor imposible cuando, separados por las vías de un tren, aparece Ada –a quien da vida Mame Bineta Sane–, la mujer de su vida, que en unos días se casará en un matrimonio concertado con un hombre pudiente.

Mame Bineta Sane es Ada, la protagonista de 'Atlantique'. (Netflix)
Mame Bineta Sane es Ada, la protagonista de 'Atlantique'. (Netflix)

La directora retrata desde el naturalismo absoluto a la sociedad senegalesa, las desigualdades de clase, la importancia aplastante de la religión –el islam– en la vida pública y privada y el machismo en un país en el que se siguen practicando las pruebas de virginidad a las mujeres antes de casarse y en el que la poligamia es legal. La cámara se pasea por las barriadas siguiendo a Ada y mostrando el costumbrismo senegalés, despojado de la habitual condescendencia de los dramas extranjeros con vocación didáctica, moralista o de expiación de la culpa colonialista. Y, de repente, el mar. Un mar que cambia de personalidad según la luz con la que Mathon lo retrata, a veces pálido, a veces añil, a veces rosáceo, que muta de la fantasmagoría a la amenaza o al romanticismo, pero que siempre está presente. Y acompañado de la música de Fatima Al Qaridi se vuelve sugerente y melancólico.

'Atlantique', da el volantazo que la aleja de cualquier drama social sobre inmigración que hayamos visto antes

Porque una noche, en el bar donde siempre quedan las chicas con los chicos frente a la playa, entre ellos Ada y Souleiman, sólo esperan ellas. Los hombres han desaparecido: se han echado a la mar en patera en busca de un futuro mejor en tierras españolas. Ellas, como estatuas de sal, esperan sentadas en la barra del bar. Ada –y el resto de mujeres– continúan desde el punto y aparte. Y aquí es cuando, 'Atlantique', da el volantazo que la aleja de cualquier drama social sobre inmigración que hayamos visto antes. O al menos quien escribe.

Dakar, la capital de Senegal, en 'Atlantique'. (Netflix)
Dakar, la capital de Senegal, en 'Atlantique'. (Netflix)

En la noche de bodas de Ada, el lecho comienza a arder. Una combustión espontánea que nadie se explica. Asignan la investigación del caso a Issa (Amadou Mbow), que piensa que Souliman está detrás del incidente. Pero la investigación se complica cuando comienza a haber fenómenos paranormales imposibles de explicar racionalmente. Y 'Atlantique' se convierte en una historia de venganza –más bien justicia– que con nocturnidad entra en el terreno de la fábula. Diop utiliza la cultura senegalesa, en concreto la wolof, muy apegada a la brujería y al culto a los espíritus, para dar el salto entre el relato naturalista y el cuento fantástico.

Además, Diop ha escogido un reparto encabezado por dos actores sin experiencia con tanto magnetismo como frescura, en especial Mame Bineta Sane, que actúa casi sin pretenderlo. La directora, con más de diez años de carrera centrada en el documental y el cortometraje –casi siempre inspirándose en historias reales vividas por su familia que quedó en Senegal–, se convirtió con 'Atlantique' en la primera mujer negra en competir por la Palma de Oro en 73 ediciones de Cannes. Una película mágica en la que las pateras por fin encuentran su venganza.

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