ESTRENA 'EL HOMBRE INVISIBLE'

Elisabeth Moss: "Desde el #MeToo, tenemos un 'coordinador de intimidad' en los rodajes"

La actriz estadounidense, que saltó a la fama como Peggy de 'Mad Men', protagoniza ahora el 'remake' de 'El hombre invisible', el monstruo clásico de Universal

Foto: Elisabeth Moss, a su paso por Madrid. (EFE)
Elisabeth Moss, a su paso por Madrid. (EFE)

No nació en un plató, pero prácticamente se ha criado en ellos. Con ocho años, interpretó sus primeros papeles en series de televisión. Primero algún episódico. Doblaje de dibujos animados. Un personaje más recurrente. Aquella secundaria detrás de Michelle Pfeiffer o Cameron Diaz. Aquella chica con la cara quemada que intenta abrirse paso entre Angelina Jolie y Winona Ryder en 'Inocencia interrumpida'. Trabajadora obstinada, ha participado en casi todas las series de curtir, desde 'Ley y orden' a 'Anatomía de Grey'. 'Médium' y 'Entre fantasmas' también. Hasta que llegó Peggy, de 'Mad Men', la serie que le cambió la vida. La que luego le abriría las puertas del selecto grupo de los protagonistas: ha sido June en 'El cuento de la criada', la adaptación de la novela de Margaret Atwood, y Robin Griffin en 'Top of the Lake'. Elisabeth Moss es ahora un nombre propio, con dos Globos de Oro y un Emmy en la repisa. Desde hace cinco años, también produce y desarrolla nuevos proyectos.

Ahora, ha pasado por Madrid para presentar 'El hombre invisible', una nueva versión del clásico de ciencia ficción de H.G. Wells a cargo de Blumhouse, la productora que monopoliza el cine de terror desde hace una década, en una película escrita y dirigida por Leigh Whannell, creador de la saga 'Saw' y expareja profesional de James Wan (la ruptura sobrevino cuando Wan, el niño bonito del cine de posesiones, decidió cambiar a los Warren por Toretto, Hobes y compañía). Siguiendo la estela del hombre sin sombra de Verhoeven, donde un científico déspota utiliza su invisibilidad para abusar de las mujeres, esta nueva adaptación del monstruo clásico de la Universal desnuda al personaje de la fantasía anterior y lo baja a la cotidianidad de una mujer maltratada. Porque ahora la protagonista es la víctima.

Elisabeth Moss es Cee Kass en 'El hombre invisible'. (Universal)
Elisabeth Moss es Cee Kass en 'El hombre invisible'. (Universal)

Moss domina el rol de mujer sufriente, apaleada por la vida. Si en Gilead le tocó sufrir las vejaciones de una teocracia abusiva, en 'El hombre invisible' la actriz pasa la película huyendo de un maltratador transparente que la tortura física y psicológicamente. Y es, probablemente, uno de los roles más físicos de su carrera, con peleas contra un ser incorpóreo incluidas."En realidad estaba peleando con un especialista de acción vestido de verde al que luego borraron digitalmente. No estaba peleando al aire, lo que sería imposible. He trabajado con un equipo de especialistas realmente maravilloso, con los que ya había trabajado en ‘Top of the Lake’. Fue muy divertido", concede.

Fan declarada de los clásicos de Universal —'Drácula, 'La momia', 'El hombre lobo' y compañía—, de Hitchcock y de 'Luz que agoniza', de Cukor, Moss llevaba tiempo buscando un proyecto como el que ahora tiene entre manos. "Me apetecía mucho hacer una película de miedo, porque una de las cosas que te permite el cine de terror es ponerte en situaciones muy extremas y hacer muchas cosas que suponen un reto. Entonces me llegó esté guion, que me resultó realmente inspirador y me parece que está fenomenalmente escrito".

Una de las cosas que te permite el cine de terror es ponerte en situaciones muy extremas

"Soy fan de Blumhouse desde hace tiempo. Me parece que el trabajo que han hecho con el cine de terror es extraordinario. Hacen las cosas de manera más 'indie', pero ahora se acaban de aliar con Universal y además han sabido reconocer en directores como Jordan Peele la personalidad de un cineasta y la han apoyado", prosigue. "Jason Blum es un productor muy implicado. Nunca había visto a un productor en la gira de promoción con los medios. Quizás alguien del estudio. Pero Jason contesta entrevistas, va a preestrenos, participa en los coloquios, que es algo que normalmente hacen los directores, pero no los productores. Blumhouse se implica mucho en los proyectos con los que se asocia. Me gustaría volver a trabajar con ellos".

Mucho ha tenido que ver con esta nueva vuelta al clásico de Wells el ambiente pos #MeToo que está experimentando Hollywood, que quiere reparar los daños y limpiar su imagen ampliando el punto de vista de sus películas con el de las mujeres. "La idea de la voz de una mujer que está siendo silenciada entronca mucho con el espíritu #MeToo que estamos viviendo", admite Moss. "Que no te crean es una de las quejas centrales del movimiento #MeToo. Que Universal y Blumhouse hayan financiado y apoyado una película sobre un tema que es tan importante hoy en día, creo que es un movimiento muy inteligente y valiente".

Elisabeth Moss posa junto al productor Jason Blum (d) y el director Leigh Whannell (i). (EFE)
Elisabeth Moss posa junto al productor Jason Blum (d) y el director Leigh Whannell (i). (EFE)

La estadounidense, que ha vivido el terremoto #MeToo desde dentro de la industria, siente que sí se están produciendo cambios reales y efectivos, pero que todavía queda mucho camino que trabajar. "Los cambios no se han fijado todavía y la situación no es perfecta. Pero creo que ha crecido la conciencia entre los productores, los equipos, los actores y las actrices. Ahora existe una cláusula que obliga a tener un 'coordinador de intimidad' en set. Es una persona contratada para velar por el intérprete, lo que creo que es una labor muy importante. Hemos tenido una de ellas en el rodaje de ‘El cuento de la criada’ este año: yo soy normalmente la que tiene que decir que apaguen el combo si necesito más intimidad, o que no me encuentro cómoda con algo, o que no voy a hacer algo. Pero ahora lo hace esta nueva figura. Creo que es genial. No sé por qué no lo teníamos antes. Creo que se están haciendo cambios positivos, pero tenemos que seguir debatiendo y hablando sobre ello".

También son cada vez más habituales las cláusulas en las que los actores tienen la palabra final respecto a sus desnudos. "Yo soy la que tiene la última palabra en el montaje final. La primera persona que me dio ese poder fue Jane Campion. Después lo he pedido en todos mis proyectos y he abogado para que otras compañeras también lo tengan", asegura. Dice que no elige sus papeles por su contenido político y en su discurso, algo impreciso y tópico —si fuese invisible, le gustaría robar a los ricos que se portan mal para dárselo a los pobres—, se advierte que es el espectador quien ve en ella más intención contestataria de la que realmente existe. "No hace daño que los papeles que hago tengan una carga feminista", justifica. "Elijo los guiones que me parecen los mejores, los proyectos que me parecen los mejores. Pero, definitivamente, parece que sí me siento atraída por ese tipo de ideas y papeles. No es un plan premeditado ni un dogma con el que trabajo, pero parece que sí me inclino más por ese tipo de temas como persona".

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