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Andrés Neuman sin filtros: "Instagram es perverso porque niega el propio cuerpo"

El escritor publica el libro 'Anatomía sensible', un recorrido por las distintas partes del cuerpo a la contra de las apps que filtran nuestro aspecto físico

Foto: Andrés Neuman. (EFE)
Andrés Neuman. (EFE)
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Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) tiene una verborrea que se ajusta bastante a su prolífica capacidad literaria. El escritor argentino-español, tanto da, ha publicado cuento, ensayo, novela, poesía, ha antologado, y ha ganado premios, algunos como el Primavera por 'La vida en las ventanas' (2009) y el Alfaguara por 'El viajero del siglo' (2011). Ahora regresa con una incursión en el cuerpo –masculino, femenino o bigénero- a través de pequeños textos, apuntes que recorren el pecho, la boca, los ojos, las partes más embellecidas por la creación cultural, pero también aquellos otros recodos que tendemos a tener alejados del objetivo fotográfico y la mirada del otro.

El título es 'Anatomía sensible' (Páginas de Espuma) y detrás hay, por supuesto, una actitud política. Neuman, que tiene siempre discurso, la revela: “Desde hace tiempo me preguntaba cómo representar el cuerpo en la era del photoshop, y cómo deconstruir la belleza en un momento donde hay herramientas tecnológicas para abusar de las perfecciones”. Ahí estos textos lo que hacen es que reivindicar lo que nunca retratan aplicaciones como Instagram.

“No es un libro contra Instagram”, avisa el escritor, que dice huir de las generalizaciones, “sino contra un uso perverso de Instagram que tiene que ver con la negación del propio cuerpo”. Porque para Neuman, lo que ocurre con este tipo de aplicaciones es que son todo lo contrario a lo que dicen ser: “Es muy paradójico porque por un lado es un lugar de mostrarse, pero es el espacio por antonomasia de la ocultación: voy a quitar esa cicatriz, esas estrías, voy a poner un filtro… Al final escondes más de lo que muestras en esa aparente exhibición del cuerpo”. Y trae consigo, según él, una banalización de ciertos mensajes muy actuales. “Me pone muy de mala leche ver a una modelo maquilladísima en una foto y el texto ‘sin filtros’, porque además de negociar con una idea opresiva del cuerpo, además trafica con el discurso del empoderamiento”, comenta el escritor.

Sin filtros

De ahí pasamos ya a la teoría dura: cómo estamos mirando el cuerpo y cómo lo hemos mirado desde la tradición. Con el actual discurso feminista, ¿es el momento del cambio en cómo percibimos los cuerpos? Neuman no ha querido quedarse únicamente en esas partes de la anatomía que ya están consagradas como el pie, porque “siempre que decimos pie pensamos en el pie femenino, pero nunca en el del hombre mayor y eso es a causa del que mira, normalmente un hombre heterosexual”, sostiene. Así, ha intentado construir una voz “que observa y enuncia impura. Móvil, mutante”, que dignifica aquellos lugares que tienden a evitarse, como el codo áspero, el tobillo con varices, las estrías… “Hay un juego por desmitificar el lugar de cuya belleza se ha abusado en la tradición y recordar la posible belleza de otros rincones a los que les hacemos menos caso. O que si no, a falta de otra cosa, photoshopeamos”, redunda.

"El feminismo todavía no ha permeado mucho a la hora de hacer ficción"

Y todo ello con el fin de recalcar una cuestión –y aquí ya se mete en harina- porque “pese a que todo el día hay reportajes sobre el feminismo y existe una conciencia aparente sobre la importancia que el feminismo tiene en la vida cotidiana, creo que esto no ha permeado mucho todavía a la hora de hacer ficción”.

Neuman se explica: “El autor o autora puede ser un activista por los derechos de, y eso está de puta madre y es necesario y urgente, pero luego resulta que esa misma persona te hace una novela en la que cuenta una historia de amor y hay de nuevo los roles de género y los clichés. Incluso si piensas en la poesía que ahora está más de moda, pues es una poesía que reescribe mucho el lugar romántico…”

Feminismo… conservador

Por tanto para él ni la novela ni la poesía ni el cine u otro tipo de creaciones desde la ficción están abordando los cambios que sugiere el feminismo y se mantienen unos roles y clichés que forman parte del conservadurismo. No obstante, en el ensayo sí hay posicionamientos más arriesgados como el de, para Neuman, Paul B. Preciado, al que hace un guiño en 'Anatomía sensible' al hablar de la vagina y los baños públicos. “Preciado dice que en los baños públicos hay distribución de roles de género clarísima. La identidad masculina se genera meando de forma comunitaria y cuando decimos esta frase hecha de “a ver quién la tiene más larga”, según Preciado esto se entrena cada vez que los tíos vamos a un baño público y nos la sacamos generando comunidad".

La identidad masculina se genera meando de forma comunitaria y diciendo esa frase hecha de “a ver quién la tiene más larga”,

"Sin embargo", continúa, "la chica se va a su cubículo y está sentada y sola. En lo masculino hay una separación entre lo genital y lo anal porque se mea en grupo, pero se caga a solas; mientras que en las chicas todo se hace a solas en el mismo sitio”. Ese es para Neuman el ensayo que le interesa. “Si la política no nos hace plantearnos la manera en la que nos sacamos el dinero de los bolsillos, duchamos o adjetivamos, me aburre. La política que no hace caso a eso es más inocua.”.

¿Entonces hablar del lenguaje inclusivo no es hablar del sexo de los ángeles?, le pregunto. “Estamos en un momento interesante donde los hábitos patriarcales nos chirrían y nos incomodan, pero creo que hace falta que la literatura se plantee soluciones alternativas un poco más solidas que la militante de corto plazo. Yo la respeto, pero no se va a escribir El Quijote así”, responde. A Neuman no le acaba de cuadrar la doblez del género en los sustantivos ni el artificial ‘todes’, pero tampoco la celosa defensa numantina del masculino genérico.

“¿No existe algún camino intermedio entre no bajarte del caballo del masculino genérico y que a veces la etimología no tiene la respuesta para todo y el lenguaje también evoluciona a partir de usos y costumbres sociales, lo cual a veces desvía la norma?”, se pregunta él. Ni para unos ni para otros. “En este libro he tratado de escribir desde un lenguaje inclusivo que no necesitase el todes. Estamos en el momento de buscar soluciones lingüísticas”, zanja.

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