CÓMO HAN CAMBIADO LOS CONCURSOS DE MISSES

Físicas nucleares solidarias en bikini: así son las reinas de la belleza en la era del #MeToo

Estos certámenes solían ser un acontecimiento nacional televisado. Hoy resisten como heroicos eventos donde las candidatas se ven obligadas a resaltar otras virtudes más allá de su atractivo

Foto: Sara San Martín, una de las candidatas a Miss Universe Spain 2019. (David Brunat)
Sara San Martín, una de las candidatas a Miss Universe Spain 2019. (David Brunat)

Esta es la situación en el 'backstage' a una hora escasa de que comience el certamen del que saldrá elegida la mujer más bella de España.

El director, Jorge Díez, está en un minúsculo cuarto trasero de la Discoteca Teatro Kapital cambiándose atropelladamente de ropa. Está rodeado de vestidos envueltos en fundas de plástico, mientras Sara, encargada de producción, entra y sale del cuarto para llevárselos a las chicas. De una puerta contigua asoma de repente la cabeza de una candidata, Aitana Bouza, perfectamente maquillada y peinada. Estira el cuello y da la impresión de que detrás vendrá un vestido, pero no, va ataviada con una camiseta de Guns'n Roses y unos vaqueros. "¿No se han pasado con el maquillaje?", se pregunta a sí misma, o al espejo, quién sabe.

Díez es una especie de Robert Downey Jr. en versión emprendedor nocturno, valga la redundancia. Mientras se abotona la camisa blanca y comprueba el largo de su pantalón, la chica de producción vuelve a aparecer y pregunta "¿una regleta?" pero ahí no hay ninguna. Diez segundos más tarde Sara reaparece diciendo "está ahí Paula, dice que hay que pagar el Uber y los vestidos porque si no, no nos los deja, son sesenta y pico por un lado…"

Díez, desde este año al frente de la organización del certamen.
Díez, desde este año al frente de la organización del certamen.

Tras sacarse sesenta euros del bolsillo y entregárselos a su ayudante, Díez se gira y dice "¡así llevamos tres meses, veinte horas al día!"

Estos son los prolegómenos del último certamen de Miss Universo España, el concurso de belleza que ha sustituido en los últimos años a Miss España. En su época dorada un acontecimiento así era capaz de reunir a la familia delante del televisor y el rostro de la ganadora era reproducido durante meses en revistas, carteles y anuncios de televisión. Estos días, sin embargo, cualquier desfile de misses es automáticamente tildado de sospechoso.

Díez es consciente de ello, pero confía en resucitar el espíritu de las viejas ediciones de Miss España. "El certamen tenía mucho más poder cuando era retransmitido en TV, con presupuestos millonarios y con la sociedad en otro momento", explica el empresario a El Confidencial. "Ahora hemos tenido que luchar mucho más que nunca para sacar la cabeza y además cargar con esa mochila histórica, ese componente de mujer florero contra el que tenemos que seguir luchando".

Intentamos buscar una versión 2.0 de las misses, más actualizada. Buscamos mujeres autosuficientes, fuertes y con carisma

El concurso hoy en día ya no luce trajes regionales como antaño, cuando Miss España se presentaba en televisión como una competición casi folclórica, pero la principal diferencia está en cómo se presenta a las candidatas para superar antiguos estigmas. "Nosotros intentamos buscar una versión 2.0 de las misses, más actualizada. Buscamos mujeres autosuficientes, fuertes y con carisma", dice Díez.

En las breves biografías que se distribuyen de cada candidata, los estudios y sus vinculaciones con organizaciones sociales tienen un lugar predominante. Por ejemplo: "Desirée Brampton: esta joven estudiante de Psicología y Criminología en la universidad de Cambridge tiene 20 años. A pesar de su juventud, colabora con una ONG de Marruecos en la que ayudan a jóvenes adolescentes con problemas".

De cara a la opinión pública, un concurso de belleza puede ser un sendero muy espinoso en estos tiempos de redes sociales y pieles finas. En Estados Unidos, por ejemplo, Miss America prescindió el año pasado del desfile en bañador por primera vez desde su creación en 1921 —el concurso nació, de hecho, en Atlantic City, como una competición de mujeres en traje de baño procedentes de distintas ciudades— pero hay rumores de que podrían volver en la próxima edición.

El desfile en traje de baño en Miss Universe Spain 2019.
El desfile en traje de baño en Miss Universe Spain 2019.

"Hay algún certamen que ha excluído el traje de baño", dice el director de Miss Universo España mientras acaba de prepararse, "nosotros pensamos que es fundamental si hablamos de un concurso de belleza, pienso que en el siglo XXI no tenemos que escandalizarnos de que una mujer, que voluntariamente hace cien mil cosas, quiera trabajar en el mundo de la pasarela, la imagen, la moda… no veo tanta complicación".

Las misses, hoy en día

A primera vista es normal quedar deslumbrado ante las 18 aspirantes, pero basta con mantener la mirada un poco más para empezar a apreciar diferencias.

Minutos antes del comienzo, en una esquina del escenario se sienta Ada Quintana, una de las candidatas. Esta albaceteña, estudiante de Ciencias del Mar, lleva preparándose desde el año pasado para pasar el 'casting' y acceder al concurso.

Me presenté porque me encantan los certámenes de belleza, me sé las misses y los vestidos que han llevado todos los años

"Me he preparado a nivel emocional, físico con gimnasio o dieta estricta y psíquico, porque no te puedes derrrumbar: siempre tienes que estar muy alta", dice Ada. "No todas venimos de la misma forma, otras chicas vienen de agencias, les ha surgido la oportunidad y las han cogido pero yo me presenté al 'casting' porque siempre me han encantado los certámenes de belleza, siempre los he seguido a nivel casi 'missólogo', me sé las misses y los vestidos que han llevado todos los años, así que me planteé estar yo en ese sitio y ser miss, y aquí estoy".

Además de la universidad, la candidata manchega ofrece su casa como acogida para refugios de animales y es embajadora del movimiento 'plogging', una especie de fitness con alma medioambiental donde se dedican a recoger basura de playas y montes. "De este modo, cuando hay lluvias torrenciales como estos días en Alicante, esos residuos no llegan hasta el océano sin gestionar", añade.

Las candidatas, preparándose antes del certamen.
Las candidatas, preparándose antes del certamen.

Y por supuesto, Ada se ve ganadora del certamen. Entre sus referencias, la actual miss española, Ángela Ponce, primera mujer transgénero en lucir la tiara victoriosa, y la estadounidense Olivia Culpo. "Me gusta mucho porque ganó Miss Universo midiendo un metro sesenta, rompió totalmente el cliché de que había que ser alta y guapa".

La diferencia que menciona sobre llegar a través del 'casting' o de una agencia no es baladí. No se nota tanto en el físico como en la forma de desfilar o los ademanes propios de este tipo de certámenes, algo que muchas de ellas han tenido que aprender sobre la marcha en una concentración preparatoria.

¿Decantará esto la balanza en favor de las menos 'amateur' de entre las candidatas?

Entonces y ahora

"¿Me presentaría hoy a un concurso de belleza? No, porque estamos en otro momento de la vida", dice Remedios Cervantes, ganadora de Miss España en 1986. "Antes se usaban para dar el salto, hoy no los necesitas porque tienes el teléfono".

Cervantes fue Miss España en un momento en el que serlo significaba convertirse en la mujer más célebre del país. "Me entrevistaron los mejores de la radio y la televisión: Hermida, Luis del Olmo, Encarna Sánchez, abrí los telediarios… fue tremendo", recuerda la malagueña, "incluso salí en la portada de 'El Caso' porque, por mi segundo apellido, Montoya, publicaron que Miss España era gitana, hija de guardia civil y aspirante a policía municipal: no había redes sociales pero había ese tipo de periódicos, me lo guardé porque sabía que era una reliquia".

Remedios Cervantes ha sido portada en casi todos los medios desde su triunfo en Miss España 1986.
Remedios Cervantes ha sido portada en casi todos los medios desde su triunfo en Miss España 1986.

Por la propia naturaleza del concurso, con rondas previas regionales, era habitual que jóvenes como Remedios, que por entonces trabajaba en una boutique, se presentaran y lograran llegar a lo más alto. Ni agencias, ni intermediarios. "En mi caso fue casual, cuando era muy joven siempre buscaba trabajo y cosas mejores", dice Cervantes, "Un día mirando la prensa vi en un anuncio que estaban buscando candidatas para Miss Andalucía Oriental".

Así que fue a presentarse a la entrevista, la cogieron y dijeron que tenía que concentrarse durante una semana en el castillo de Santa Clara, en Torremolinos. "En mi trabajo no me daban vacaciones así que lo dejé, me fui al certamen y ahí empezó todo". A partir de ahí ganó Miss España y Miss Modelo de Europa, además de competir en Miss Mundo y Miss Universo.

Que por muy miss que una sea es importante no dejar de estudiar es algo que Cervantes aprendió de la peor manera. En 2011 acudió como invitada al programa 'Atrapa un millón'. Ante la pregunta 'diluido en agua, ¿cuál es mejor conductor, la sal o el azúcar?' Cervantes tuvo una corazonada y en el último segundo cambió la respuesta de sal a azúcar, haciendo perder al concursante 5.000 euros. Esto se convirtió en una debacle reputacional inmediata gracias a las redes sociales. "Sufrí la crisis de 'social media' más importante hace siete años, a partir de ahí hubo un antes y un después", dice la hoy empresaria.

Se puso a estudiar, se sacó el curso de acceso a la universidad y posteriormente un máster en márketing digital y Big Data en la Universidad Europea, donde hoy imparte uno de los cursos. Fundó la agencia R Medios Marketing, que hoy dirige y desde donde tiende puentes entre empresas e 'influencers'. En definitiva, vivió la cara más dulce de ser Miss —las sesiones de fotos, lisonjas y portadas dedicadas a su belleza— y también la más amarga: la sorna punzante de un público que se ceba pensando que la ganadora de un concurso de belleza es apenas un florero sin cerebro. "Las redes son canales de comunicación propios, y a veces son tan crueles que una masa crítica hace desaparecer toda tu trayectoria profesional y se quedan con ese error, con esa metedura de pata, esa palabra mal interpretada…"

¿Me presentaría hoy a un concurso de belleza? No, porque estamos en otro momento, hoy como plataforma tienes el teléfono

Todo esto viene a colación de que hoy las modelos tiendan a ser personajes con personalidades muy homologables, currículums excelsos y discursos medidos al milímetro ante el temor de meter la pata. "Es cierto que antes había más espontaneidad, ahora todo está muy medido y todo esto nos lleva a… ¿dónde está la libertad de expresión?", se pregunta Cervantes. "¿Vamos a puntuar la belleza o qué vamos a puntuar? Obviamente se exige un mínimo de preparación, pero entre 18 y 22 años lo mismo estás estudiando, igual no, ¡o lo mismo no te has definido aún!"

Comienza el 'show'

En la Kapital, el famoseo presente ya ha pasado por el 'photocall'. Ellas posan ante las cámaras y ellos chocan los cinco a los seguratas de acento eslavo, al parecer viejos conocidos. Entre los invitados destacan el televisivo Kiko Matamoros y su novia, Marta López, de profesión 'instagrammer'.

Kiko Matamoros y su pareja, Marta López, durante la gala.
Kiko Matamoros y su pareja, Marta López, durante la gala.

Entre bambalinas, las candidatas a Miss Universo España reciben los últimos retoques de maquillaje y peluquería. Primero saldrán todas en un vestido ajustado rojo de lentejuelas, luego en bañador o bikini y finalmente en vestido de gala. Una vez hayan desfilado todas, el jurado escogerá a nueve de ellas y finalmente a tres. De aquí saldrá la mujer más bella de la noche y la que nos representará en Miss Universo.

"Antes para una miss yo creo que se tenía más en cuenta la belleza y no tanto las labores sociales como hacen ahora", comenta Desirée Brampton minutos antes de enfundarse en el vestido de lentejuelas. "Buscan una mujer preparada, que sepa representar bien al país y que tenga ganas de hacer algo para cambiarlo, dejar su huella... antiguamente era otro rollo".

Entre ellas, el debate del sexismo en el certamen o el papel de los propios concursos de belleza hoy en día está también bastante presente.

Últimos retoques de peluquería antes de la función principal.
Últimos retoques de peluquería antes de la función principal.

"Aquí estamos porque queremos, nadie nos obliga, somos mujeres con unas cualidades no solo físicas sino también intelectuales", dice Alicia Martínez, candidata madrileña a la corona. "No solamente nos miran por fuera con un desfile de baño sino que también nos hacen una entrevista para conocernos personalmente, y además, ¡entre mujeres nos tenemos que apoyar!"

La parte del concurso que más respeto les da es la pregunta, ese cajón de arenas movedizas justo al final del recorrido. Cuántas candidatas han pasado a la historia por meteduras de pata memorables en este tipo de cuestiones. Miss Panamá 2009, por ejemplo, cuando dijo que Confucio inventó la confusión, o Miss Italia 2015 al revelar que la época donde más le hubiera gustado vivir era la Segunda Guerra Mundial. O peor, cuántas misses no han llegado ni siquiera a pasar a la historia por culpa de la dichosa pregunta.

Al otro lado del telón hay un reloj sobreimpreso que marca la cuenta atrás. Entre el público se vislumbran moños apretados, gente que se saluda con dos besos poniendo las mejillas en paralelo, tacones de aguja, mucho 'bling-bling', un asiático con gafas de pasta más jersey cuello de cisne negro y, haciendo de argamasa entre todos estos elementos, muchos hombres de mediana edad con americanas ceñidas, barbas recortadas y aspecto de haber quebrado una empresa de internet.

La primera fase del concurso de Miss Universo España 2019.
La primera fase del concurso de Miss Universo España 2019.

Por fin, el contador llega a 00:00 y el espectáculo comienza. En los altavoces suena a todo volumen una versión acelerada de 'Riders on the storm' y las misses comienzan a surgir, radiantes y amenazantes, de tres en tres entre las tinieblas del 'backstage', como si tras esa oscuridad hubiese una cadena de montaje ensamblando sin parar piernas satinadas con melenas lustrosas y dientes inmaculados.

Frente a ellas, en la fila cero, los miembros del jurado se ajustan las pupilas. Los tiempos pueden haber cambiado, pero lo esencial de este concurso permanece inalterable.

El negocio tras Miss España

En España lleva habiendo un concurso para puntuar a sus especímenes femeninos desde 1929, cuando se denominaba Señorita España. Desde entonces hasta ahora, solo se ha interrumpido en dos ocasiones, primero en 1936 por la Guerra Civil y el posterior franquismo, y luego en 2011 con el colapso de la empresa organizadora, que entró en concurso de acreedores tras haber sido adquirido un año antes por Torrecasa Torrevieja, un grupo inmobiliario alicantino. La explosión del ladrillo se llevó a Miss España por delante poco después de cumplir 50 años consecutivos de certámenes, desde que fuera restaurado en 1960.

Uno de los empleados despedidos de la empresa, Guillermo Escobar, fundó en marzo de 2012 Be Beautiful Spain para tratar de reemplazar al concurso original y años más tarde (según refleja el BORME) entraría en el organigrama el venezolano Ramiro Finol, ligado al concurso Miss Universo que en Latinoamérica es todavía un evento de culto y un gran generador de ingresos.

Así, el concurso actual es una especie de franquicia del certamen global. Paralelamente, la Miss España 1984 Juncal Rivero se hizo el año pasado con la licencia del concurso original, que pretende reflotar y está programado para el 7 de diciembre de este año. Contactada por este periódico, Rivero ha preferido no hacer declaraciones para este reportaje, aunque sí ha querido señalar que el único certamen oficial de Miss España es el suyo.

A este respecto, Díez afirma que "con todos mis respetos, el certamen más fuerte es el nuestro porque tiene la marca Miss Universo; antes, cuando existía Miss España, ésta englobaba dos licencias y por eso la ganadora iba a Miss Universo", aclara el director del certamen. "Respeto a todos los certámenes, pero Miss Universo es el que más relevancia tiene en el planeta".

Es decir, que es como tener dos ligas de fútbol donde una es la oficial pero la otra es la que da acceso a la Champions League.

Al menos durante su última Edad de Oro, en los años noventa y dos mil, Miss España distaba mucho de ser un simple escaparate de ninfas. En la reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que impone una multa a Eva González, Miss España 2003, por defraudar dinero facturando a través de una sociedad unipersonal y no del IRPF, una de las partes más interesantes es donde explican cómo funcionaba la organización: básicamente, cobraban un 20% de cualquier trabajo realizado por Miss España durante los tres años siguientes a su coronación. Y eso, en aquellos años, podía ser mucho dinero.

De ahí la importancia de elegir una buena miss entre docenas de mujeres atractivas. Ese extra de carisma, de actitud y de personalidad siempre se acaba reflejando.

Amor verdadero

Un momento verdaderamente extraordinario ocurrió justo antes de la designación de la reina de la noche. Un chico moreno y flaco acude a la barra y pide un Red Bull. Es el hermano de Ángela Ponce, la ganadora del certamen en 2018 y que en breves momentos cederá su corona. El hermano, junto a su otra hermana, su padre y su madre han acudido desde Pilas, un pueblo de 14.000 habitantes en el Aljarafe sevillano, para ver el cambio de guardia de las misses.

Estuvieron en Tarragona el año pasado para verla ganar y estuvieron en Bangkok para ver cómo competía por ser Miss Universo. "Este año a Ángela le han salido muchas cosas, como el anuncio de Pantene", explica mientras le sirven la bebida energética.

Los presentadores, y en general toda la organización, enfatizan continuamente su elección como un síntoma de lo que debe ser hoy un concurso de belleza, un lugar donde una modelo transgénero puede alzarse con la victoria. Antes la precedieron una modelo 'curvy', finalista en 2017, y otra que se declaraba abiertamente bisexual.

Ángela Ponce, ganadora en 2018, cediendo su tiara de Miss Universo España.
Ángela Ponce, ganadora en 2018, cediendo su tiara de Miss Universo España.

Puede haber parte de lavado de cara en todo esto, el caso es que allí sobre el escenario estaba Ángela Ponce, nacido Ángel Mario en 1991 y que con 16 años comenzó su tratamiento hormonal. Sus padres, que regentan un bar en Pilas, estaban sentados en la umbría de una esquina del recinto, fuera de los focos. Arreglados como se arregla una familia humilde, con formalidad y sin estridencias.

"Para mí lo importante no era ganar, era simplemente estar aquí", decía su hija Ángela mientras la madre lo grababa todo con el móvil. La sonrisa y los ojos del padre, sentado y sosteniendo dos muletas, contenían una mezcla de bondad y emoción, además de un millón de sentimientos que nadie más que él conoce. Qué cosas se le estarían pasando por la cabeza, qué recuerdos. La fuerza de ese hilo de mirada que lo conectaba con su hija, reina de la belleza durante el último año, habría sido suficiente para volar por los aires todo este edificio y sus siete plantas y aún así habría merecido la pena.

"Me siento orgullosa de ser española y de haber sido yo", dice Ponce con voz entrecortada. El público rompe a aplaudir, y cuando todos han dejado de aplaudir, el hermano aún lo sigue haciendo en silencio.

Llega la hora

Ya solo quedan nueve y las descartadas han dado un paso atrás pero no pueden desaparecer, permanecen sobre un escalón en el fondo del escenario. La distinción entre profesionales del modelaje y chicas guapas que se apuntaron a un cásting comienza a hacerse patente tras el primer corte. Algunas sonríen mecánicamente mientras otras, incapaces de digerir su decepción, adoptan la mirada de las mil yardas, todo ello sin abandonar la pose.

Los miembros del jurado siguen apunta que te apunta en sus respectivas libretas —este tipo de anotaciones siempre son enigmáticas dado que la belleza, como dijo Wilde, no requiere de explicación— cuando llega el momento de la pregunta, que en esta ocasión es "¿cómo puedes cambiar el mundo?"

La selección de las finalistas.
La selección de las finalistas.

Una responde con "positividad, energía y la magia que todos llevamos dentro". Otra, más mística, sale con un "inculcar la meditación en los colegios, hay muchos niños desfavorecidos por crecer en familias que no han elegido". Otra se pone de repente a dar las gracias en inglés y la última acaba su intervención con un "casi todas las noches me acuesto con un documental de física cuántica". Correlación no implica causalidad, pero ninguna de ellas pasó a la final.

Sólo quedan ya tres aspirantes: Athenea Pérez, una murciana con sangre ecuatoguineana, Nathalie Ortega, de padre español y madre noruega, y Claudia Coba, de ascendencia china, cubana y catalana. Coba es, además, técnico especialista en medicina nuclear, un título de FP que otorga habilidades para recoger muestras o hacer pruebas de radiodiagnóstico en hospitales. Al presentador, sin embargo, no le pareció suficiente.

"¡Claudia, eres además física nuclear!", dice él. "No, técnico en medicina nuclear", corrige ella dando paso a un breve silencio.

La parte masculina del jurado del certamen. ¿Qué andarán apuntando?
La parte masculina del jurado del certamen. ¿Qué andarán apuntando?

Finalmente, la decisión está tomada. Claudia queda como 2ª finalista y, en la final, la ganadora de la corona es Nathalie, que recibe la banda de su predecesora. Según su bio, es ya modelo profesional aunque quiere orientar su carrera a la docencia.

Debido a algún tipo de dinámica interna entre las chicas, todas salen a abrazar a las otras dos finalistas mientras la ganadora absoluta se queda sola en mitad del escenario, abrazada a un ramo de flores bajo una ducha de 'flashes'.

Nathalie Ortega, ganadora del Miss Universe Spain 2019.
Nathalie Ortega, ganadora del Miss Universe Spain 2019.

Miss Universe Spain termina, los camareros salen con bandejas de vino espumoso, volovanes de foie y trozos de salmón. Las candidatas se mezclan finalmente entre el selecto público, que se apresura a abalanzarse sobre ellas, felicitándolas y alabando su belleza.

Puede que exista un problema con los certámenes de belleza, pero es difícil decir dónde. Si sobre el escenario o a su alrededor.

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