HISTORIA

Cine Doré: más de un siglo sobreviviendo a guerras, derribos y chinches

Aunque su historia como sala de proyección data de 1912, la sala madrileña celebra sus 30 años como una de las sedes de la Filmoteca

Foto: Una imagen de archivo del Cine Doré en los años 30.
Una imagen de archivo del Cine Doré en los años 30.

En la pantalla, la tipografía cirílica anuncia el título de la película: Солярис. 'Solaris', traducen los subtítulos. Verano. Domingo por la noche. Madrid jadea caluroso y semidesértico, pero en la sala hay apenas un par de butacas libres para ver a Tarkovski. Una obra de arte de 1972, árida y compleja, puede presumir de un lleno al estilo del último 'blockbuster' estival. ¿Dónde si no en el Cine Doré? El espesor de agosto se hace más llevadero gracias al ciclo sobre ciencia ficción europea o la selección de clásicos del slasher que anuncia el programa de mano. De Tarko a Juan Piquer Simón y sus 'Mil gritos tiene la noche'. Y las proyecciones junior, para cinéfilos en edad de crecer. Cientos de ciclos —amor, cine dentro del cine, toros en el cine, cultura en democracia— anunciados en la vitrina de la fachada frontal y consultados como el panel de notas de la universidad desde que el 28 de febrero de 1989 el Cine Doré se estrenó como sede de la Filmoteca Española con la proyección de 'La venenosa', el 'thriller' de 1928 de Roger Lion.

Treinta años en los que el Doré se ha convertido en lugar de culto de quienes buscan en el cine algo más que actualidad y digestión rápida. Tres euros la entrada. Dentro, ni se mastica ni se sorbe. Se aplaude, se ríe y, a veces, se patea, eso sí. Reminiscencia del cine de barrio —y antes, de la barraca— que fue. Porque el epicentro del cine de arte y ensayo en Madrid pudo no haber sido —incendios, abandono, amenazas de demolición— y su historia, que ahora recoge el libro 'El Doré. El cine de los buenos programas', se extiende mucho más allá de aquella tarde en la que Berlanga y Miguel Marías botaron el buque insignia de la Filmoteca Española. En concreto, 107 años de cine la convierten en la sala en activo más antigua de España.

Portada de 'El Doré. El cine de los buenos programas'
Portada de 'El Doré. El cine de los buenos programas'

"Arte. Belleza. Grandiosidad". Así se presentaba el Salón Doré en un panfleto de 1918, como recuerda Josefina Martínez Álvarez, profesora de la UNED y autora de 'Los primeros 25 años de cine en Madrid'. Seis años antes el proyector del Doré se había encendido por primera vez. Desde comienzos de la década, la capital del reino y Alfonso XIII en particular querían quitarse la caspa de ciudad provinciana y entregarse al modernismo que ya coleaba en el resto de Europa. El monarca encabezó un proyecto urbanístico a la altura de las grandes metrópolis europeas que consistió en la demolición de 300 edificios y la desaparición de quince calles para dar lugar a una avenida ancha y grandiosa que atravesase la ciudad de este a oeste: la Gran Vía. Madrid tenía entonces apenas 600.000 habitantes, pero con mucha gana de fiesta.

Madrid quiso demostrar su cosmopolitismo con la aparición de cafés, hipódromos, circos y, desde luego, cines. El primer cinematógrafo, instalado en los bajos del desaparecido Hotel de Rusia, en la Carrera de San Jerónimo, había llegado en 1896 por un concesionario de los Lumière. Y en el terreno entre la antigua calle del Tinte —ahora Fernán Núñez—, Atocha, Santa Isabel y la plaza de Antón Martín, quedaban las ruinas del Hospital San Juan de Dios, donado en 1552 por Hernando de Sotomonte, contador de Felipe II, terreno ahora ideal para ferias y negocios ambulantes, como explica en el libro la arquitecta María José Rodríguez Pérez.

Una imagen del público del Salón Doré en el Día de Reyes de 1916. (Filmoteca)
Una imagen del público del Salón Doré en el Día de Reyes de 1916. (Filmoteca)

Cuando la Diputación quiso dar salida al solar de tierra y escombros, Mariano Tejero Ruiz, un empresario impaciente, gana el concurso y decide montar un centro de ocio a base de estructuras desmontables. ¿El problema? Que no tenía licencia. Para salir del paso, en mayo de ese mismo año, tuvo que subarrendar el terreno a dos empresarios catalanes, Arturo Carballo Alemany y Pedro Llobet, crecidos en negocio dentro del espectáculo, quienes pusieron en marcha un proyecto de "cinematógrafo, variedades y otros espectáculos o industrias". Una estructura de hierro sujetaba los tabiques de ladrillo. Contaba con un amplio vestíbulo, un holgado patio de butacas, 14 palcos laterales y un anfiteatro bastante inclinado 'donde las señoras pueden permanecer con sombreros sin molestar a los espectadores'. Tenía además la capacidad para 1.250 espectadores y estaba compuesto de planta baja y dos pisos, jardín y salón fumador. Pero hasta 1922 no firmarían los planos del proyecto del primer edificio del Doré como tal.

Guerra y propaganda

"El Doré sobrevivió a una dictadura, a la marcha de un rey, a la proclamación de la República, a la llegada del sonoro", enumera 'El cine de los buenos programas'. Porque la sala no ha permanecido ajena a los cambios de aire políticos y tampoco a las guerras. Durante la Primera Guerra Mundial, la Gran Guerra entonces, "se prohibió la exhibición de cualquier película relacionada con la guerra o con los soberanos de los contendientes", aunque encontraron vericuetos para proyectar títulos abiertamente anglófilos y germanófilos. Pero esta guerra tocaba a España, que se había puesto de perfil, más bien de lejos.

Pero no así la Guerra del Rif, uno de sus mayores desastres militares. En 1921, las primeras obras de rediseño del Salón Doré coicidieron con la crisis de Annual, en la que murieron más de 11.000 españoles. Durante 25 semanas, el Doré proyectó un Suplemento de Marruecos, una especie de noticiero con imágenes grabadas por la casa Pathé en el frente. "Planos generales de Melilla, de Tizza, de la toma del Gurugú, panorámicas de blocaos, del Monte Arruit o del acorazado Alfonso XIII"; "ante las dolorosas imágenes, ‘los espectadores, puestos en pie, rendían una gran ovación’", describe un artículo de ‘Blanco y negro’ de noviembre de 1921.

Antigua fachada del Cine Doré. (Ministerio de Cultura)
Antigua fachada del Cine Doré. (Ministerio de Cultura)

Apenas 15 años más tarde, la programación del Doré se tuvo que volver a plegar a la autocracia de una guerra: la Civil. A pases como los de 'Judex' de Feuillade o 'Ultus' de George Pearson los sustituyeron de tanto en cuanto mítines y reuniones informativas, hasta que el 27 de octubre de 1936 las proyecciones cesaron. A partir del Año Nuevo de 1937 la gestión la tomó la Sección Cooperativa Obrera Cinamatográfica, que se centró en filmes de directores soviéticos como Aleksandrov, Eisenstein y Ekk. En octubre, la gestión pasó a manos de la Junta de Espectáculos. Como cuenta José Cabeza San Deogracias en 'El descanso del guerrero: cine en Madrid durante la Guerra Civil española', "si nos guiamos por la cartelera de 'Abc', a partir del 10 de noviembre de 1936 en Madrid sólo podía verse cine soviético y documentales. [...] El Sindicato Único de Espectáculos de la CNT fue el primero en utilizar los cines para hacer exhibición de poder. Progreso, Chamberí, Olimpia, Fígaro, Encomienda y Avenida se anunciaban como salas bajo dominio anarquista. [...] se inició un efecto dominó: ninguna sala de cine volvió a aparecer en cartelera sin un sindicato u organización política que la amparase sin ambages y, es más, muchas de las salas que permanecían cerradas abrieron sus puertas bajo las siglas de la UGT". Ya en abril de 1938, con la constitución del Departamento Nacional de Cinematografía a petición de Manuel J. Goyanes, los aires cambiaron en dirección contraria, sobre todo con la caída de Madrid en marzo de 1939.

La decadencia se hizo más evidente durante los años 40, cuando los gestores del Doré decidieron prescindir de programa y se limitaban a anunciar el horario de apertura, con lo que el público sólo podía ver "lo que echaran". Y esta dejadez fue la que casi mata a un salón que había sobrevivido a guerras, golpes de Estado y bombardeos. El "templo del arte y del buen gusto" que describió 'El Sol' en 1926 se acabó convirtiendo en el Palacio de las Pipas, un cine de barrio en un barrio de Lavapiés decadente y abandonado por la Administración, que emitió su último programa doble en 1963: 'Un mono en invierno', de Henry Verneuil, y 'Chica para todo', de Mariano Ozores.

El Doré permanecería muerto durante más de un cuarto de siglo.

Un diseño fuera de onda

En 1921, el encargado de diseñar el primer proyecto de edificio estable en Santa Isabel número 3 fue Críspulo Moro Cabeza, arquitecto, crítico teatral y 'hombre del Renacimiento'. Moro, que contaba entonces con 43 años, no era un arquitecto joven ni muy interesado por las vanguardias cuando le encomendaron el diseño del edificio, así que optó por un planteamiento modernista con un interior ecléctico con capiteles bien ornamentados y molduras sinuosas. Al pasar de barraca a sala de cine, el aforo se vio reducido, pero en otoño de 1923 contratan al arquitecto Manuel López Mora para redistribuir los palcos laterales y la última planta y aumentar el aforo a 1100 espectadores. El libro contiene los dibujos de las plantas y los segmentos horizontales del proyecto, además de bocetos de mobiliario y de accesorios y motivos modernistas que se utilizaron o se desecharon en las obras finales.

Después de su cierre en el 63, el edificio de Moro fue deteriorándose y perdiendo parte de su ornamentación. Escondido entre los puestos del Mercado de Antón Martín, entre una pescadería y un puesto de flores, el Doré languideció y estuvo a punto de ser expropiado y derruido en 1970. Pero los vecinos de Lavapiés, sobre todo a partir de 1977, se asociaron para salvar el edificio de "la vorágine constructiva". Uno de ellos escribía lo siguiente en la sección Mentideros de la Villa en 'Abc': "Si yo tuviera dinero, lo dedicaba a proyectar películas de cine mudo o primeras del sonoro, lo que además de proporcionar grandes alegrías a personas mayores, sería un buen negocio. ¡Somos muchos los madrileños que pedimos la continuidad del Doré!".

Interior del cine Doré. (Efe)
Interior del cine Doré. (Efe)

Pero no hubo ningún movimiento por parte de las administraciones hasta 1982, cuando el Ayuntamiento adquirió el inmueble para después cederle la explotación al Ministerio de Cultura. Cuando entraron por primera vez en el inmueble, "había un palmo de barro en el suelo". El encargado de la rehabilitación fue Javier Feduchi, hijo de Luis Martínez Feduchi y conocido por la restauración del oratorio del Caballero de Gracia en la Gran Vía madrileña. Feduchi quiso respetar el diseño de los años 20 y mantener el estilo modernista-ecléctico del exterior, por lo que desmontó la estructura entera —salvo la fachada— y la replicó con materiales más modernos y acordes con la normativa de la época. Sin embargo, mantuvo sin completar elementos como los remates superiores perdidos o las bolas florales.

Fachada del Cine Doré
Fachada del Cine Doré

Mientras, en el interior cambió los colores rojos, ocres y dorados originales por azules, blanco y negro, manteniendo el rojo de las butacas y los palcos. Pero además quiso subrayar el interés de lo exótico del Modernismo con un recibidor de azulejos en tonos añil y plata que evocan el jardín Majorelle de Marrakech y con los dibujos del puerto de Nueva York y la fantasía oriental con el nombre de Félix Gómez, obras de M. Mollá que flanquean el escenario de la sala 1. La Filmoteca celebra los 30 años del Doré, aunque en realidad su vida —sus vidas— han sido más y mucho más antiguas. Un monumento a la cinefilia que ha sobrevivido a dos guerras, al cierre y los amagos de derribo y, desde luego, a las chinches. ¡Las malditas chinches!

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios