música y política

Barcelona, 1971: la "meada" del franquismo y el concierto clandestino de Pete Seeger

La Policía Armada utilizó sus tanquetas de agua por primera vez para prohibir un concierto del ídolo del folk estadounidense. Al día siguiente, celebró un recital improvisado en un bar

Foto: El cantante estadounidense Pete Seeger, durante un concierto. (Joseph A. Anthony)
El cantante estadounidense Pete Seeger, durante un concierto. (Joseph A. Anthony)

“Los cuatro generales, mamita mía, que se han alzado. Franco, Sanjurjo, Mola, mamita mía, y Queipo de Llano”. Las brigadas republicanas que combatieron en el Madrid de 1936 cambiaron así la letra de una canción popular para convertirla en un himno de su lucha: ‘Los cuatro generales’.

Cinco años antes, Federico García Lorca había grabado con Encarnación López “La Argentinita” la versión original de la canción, que en realidad se llamaba ‘Los cuatro muleros’ y tenía un significado muy alejado de la Guerra Civil: “Los cuatro muleros, mamita mía, que van al río. El de la mula torda, mamita mía, es mi marido”.

Dos milicianos en dirección al frente. Madrid, 1936. (Anónimo)
Dos milicianos en dirección al frente. Madrid, 1936. (Anónimo)

Las letra alternada de ‘Los cuatro muleros/generales’ se convirtió en un himno de la defensa republicana de Madrid y músicos como Rodolfo Halffter, Ana Belén o Estrella Morente recogieron su eco. Pero la voz que dio la vuelta al mundo con ‘Los cuatro generales’ fue la del estadounidense Pete Seeger.

“El cantante las aprendió de voluntarios de la Brigada Lincoln, que, encuadrada en las Brigdas Internacionales, luchó en el bando republicano”, explica Antoni Batista, periodista de ‘La Vanguardia’ y autor de ‘La sinfonía de la libertad’ (Debate, 2018). El libro es un ensayo sobre el eterno encuentro entre la música y la política. Desde los ecos de la Revolución Francesa en la obra de Beethoven hasta la ironía escondida en una sinfonía de Shostakóvich, Batista repasa los ejemplos más destacados de las melodías militantes. Entre ellas, las de Pete Seeger.

Cuando el franquismo “meó” Barcelona

En su historia de las implicaciones de la política en la música, Antoni Batista recoge un episodio curioso: uno de los primeros conciertos que Pete Seeger dio en Barcelona. En los años 70, Raimon y el cantante estadounidense se conocieron en Nueva York. Los dos paradigmas, uno del folk y el otro de la 'Nova Cançó', hicieron migas y el valenciano intentó convencer a Seeger de que diera algunos conciertos en España.

"Como muchos de los artistas progresistas que entonces entendían que estando Franco no debían venir, él dijo que prefería no hacerlo; le convenció finalmente el argumento de que, si ellos no venían, la gente que vivía aquí pensaría que lo que había por esos mundos era el universo cultural 'carca' que nos llegaba en ese momento", recordaba Raimon en 'El País'.

El cantautor valenciano Raimon, durante un concierto en 1968.
El cantautor valenciano Raimon, durante un concierto en 1968.

Pete Seeger cedió e hizo una pequeña gira de conciertos. Pasó primero por Terrassa, Sevilla y San Sebastián. El 13 de febrero de 1971, acompañado por Raimon y cientos de asistentes, la estrella del folk llegó a la Escuela de Ingenieros de la Diagonal barcelonesa. Las autoridades suspendieron el recital y un escuadrón de la Policía Armada, a caballo, llegó al patio de la Escuela para cargar contra los universitarios.

Según Batista, era la primera vez que el franquismo sacó a la calle las tanquetas de agua, el "camión-botijo", como método antidisturbios: "Llevaban el coche cisterna, pero el chorro falló y el agua caía como un grifo a muy poca potencia. Fue un cachondeo. La gente a la que pretendían dispersar se estaba riendo, pero luego lo consiguieron porque llevaron otros métodos antidisturbios".

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"El resultado no superó a un pis en la esquina, para regodeo de la concurrencia. Tuvieron que movilizar la caballería y regresar a la Edad Media", cuenta en el libro. En 'La Vanguardia' de la época, la Jefatura Superior de Policía emitió una nota: "Algunos grupos procedentes de la Zona Universitaria se dirigieron hacia el centro de la ciudad donde lanzaron piedras contra algunos comercios y entIdades bancarias, ocasionando daños consistentes en la rotura de cristales". La manifestación se saldó con 14 detenciones.

Años después, Antoni Batista tuvo la oportunidad de conocer a Pete Seeger, y el cantante le trasladó su opinión sobre lo ocurrido en aquel febrero del 71: "Él recordaba el tremendo ridículo que hizo la policía. Un cantante americano, de fama mundial, que le prohíban cantar en una universidad... No entendía nada. Sabía que esto era una dictadura, por supuesto, pero no podía imaginarse este ridículo. Él era Pete Seeger, maestro de Bob Dylan...".

Concierto clandestino en el bar Llopart

Los que acogieron a Pete Seeger no se dieron por vencidos y decidieron trasladar el recital al bar Llopart, un negocio familiar en la calle Guadiana de Barcelona. "Mi hermano Jordi llevaba los asuntos de cultura en la Escuela de Ingenieros", recuerda Eusebi Llopart desde el mismo local en el que el "folk-singer" estadounidense improvisó un recital. "Él hablaba inglés porque había estudiado unos meses en Estados Unidos, una cosa rara para la época, y era el encargado de presentarlo. Una hora antes del recital, las autoridades decidieron que no se celebraría".

Eusebi y Jordi, hijos del entonces dueño del Llopart, se encontraban en el patio de la Escuela de Ingenieros antes del concierto:"Mandaron a los grises con caballos y todo, hubo carreras y el concierto se suspendió. Estuvo fuera de lugar, fue una cosa desproporcionada porque allí no había nada. Vinieron con toda la caballería y no recuerdo las tanquetas... Aquello fue un 'sálvese quien pueda', me eché a correr y me largué. Puede ser que vinieran con tanquetas, es probable".

Pete Seeger en una imagen de archivo. (Fred Palumbo, Biblioteca del Congreso de EE. UU.)
Pete Seeger en una imagen de archivo. (Fred Palumbo, Biblioteca del Congreso de EE. UU.)

Para pagar el viaje de vuelta a Pete Seeger, porque "se habían quedado cortos de presupuesto", se decidió grabar un recital en el bar Llopart al día siguiente y recaudar algo de dinero. "Mi hermano ofreció el local, ¡y se lo dijo a mi padre el mismo día por la mañana! 'Oye, que vienen a tocar estas personas y tal'. Mi padre dijo: 'Bueno, pues que cante'", ríe Eusebi.

El concierto fue un domingo a la hora punta del bar Llopart. Eusebi cuenta que había comensales jugando al dominó, las cartas o el parchís en las mesas. Cuando Pete Seeger comenzó a cantar en un rincón, "la gente fue parando paulatinamente". "'Vaya, este tío lo hace bien. No entendemos nada pero lo hace bien', debió pensar la gente. ¡En la grabación se oyen hasta los dados en el cubilete del parchís!".

Llopart recuerda el atuendo de Seeger: "Llevaba una camisa que usaba en algunos conciertos. Dijo que era la que solía llevar en los recitales para trabajadores de fábricas y cosas de este tipo. No era la misma que usaba en conciertos o en la televisión. Él era un símbolo del folk y muy coherente. Todos lo sabíamos".

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El bar Llopart se encuentra en el corazón de la Barcelona efervescente y díscola durante el franquismo. "¡Fue el último local de la ciudad en el que, antes de que llegara la televisión, se hacían 'varietés'! A veces no había suficientes sillas y la gente se las traía de casa. Para pagar a los artistas se rifaban dos botellas de champán y se sacaban hasta 100 pesetas, que no era ninguna tontería. Por aquí pasaron muchos. En la calle de detrás se fundó Esquerra Republicana".

Pete Seeger comenzó el recital del Llopart bromeando: "Como sabéis ayer no pude cantar, aunque toqué sin problema en Terrassa y San Sebastián. Parece que el clima era malo en Barcelona. Algún día, espero volver a esta preciosa ciudad y cantar todas las canciones que quiera." Ocho años después, sus deseos se cumplieron.

El regreso de Pete Seeger

En 1979, Seeger regresó a Barcelona, esta vez sin dictadura. Cantó en la fiesta de los comunistas catalanes del PSUC, que emulaba la Fête de l'Humanité. Antoni Batista fue el encargado de la programación musical y tuvo "el honor de haber contribuirdo a traerlo".

Batista pidió a Seeger expresamente que cantara las canciones que aprendió de la Guerra Civil española. "Sonaron en Montjuïc, junto a la fortaleza militar que fuera escenario de ejecuciones sumarias en la posguerra, entre ellas, la más simbólica: la de Lluís Companys, presidente de la última Generalitat republicana".

Allí, a las faldas del Montjuïc, es probable que Pete Seeger cantara, por fin, 'Los cuatro generales': “Que se han alzado. Franco, Sanjurjo, Mola, mamita mía, y Queipo de Llano”.

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