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Al monte del Azkena se va a por setas: 35.000 toman Vitoria en el Festival

El festival de música celebra su 18 aniversario en una edición impecable con el memorable show de los Stray Cats del viernes y las redondas actuaciones de Wilco y The Cult el sábado

Foto: Jeff Tweedy durante su concierto en el Azkena el sábado. (EFE)
Jeff Tweedy durante su concierto en el Azkena el sábado. (EFE)

Uno parecía estar fuera de lugar nada más adentrarse en Mendizabala. Es lo que tiene tener cuatro pelos mal puestos y estar a las puertas de un concierto de Stray Cats. Entre tanto tupé, y tan perfectos, desafina el hecho de que el cartón te asome ya por la azotea. Es como una especie de sacrilegio. Quizás por esto de no ofender hubo quien se pasó horas y horas en el taller antes de acudir al Azkena Rock Festival. Chocaba ver a jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando Brian Setzer, Slim Jin Phantom y Lee Rocker empezaron en esto de la música con la esencia rockabilly de la cabeza a los pies. Antes de que salieran al escenario los gatos, los protagonistas eran ellos. Todas las fotos apuntaban hacia su dirección, selfies incluidos. Larga vida al rockabilly.

Había tupés impecables pero también los había impostados. Setzer no estaba entre los últimos. Ahí estaba con su flequillo característico de toda la vida, aguantando estoicamente las embestidas sin que nada se caiga por mucho que salgan canas por el paso del tiempo. Es fácil imitar a Setzer. Basta con tener buen material en la azotea y horas de chapa y pintura. Ahora bien, más difícil es imitar a Jeff Tweedy, el otro gran nombre de la edición de este año del festival de Vitoria. Está la opción sencilla de la barba desaliñada y el característico sombrero blanco. La alternativa complicada, la de copiar su figura 'redondita', esa ya no surge de la noche a la mañana. “Mi tiempo y mi dinero me ha costado”, presume un orgulloso imitador –en el apartado físico, claro está– del líder de Wilco.

Mucho ha cambiado en la imagen Jeff Tweedy desde que actuó en el Azkena hace ahora 14 años –como la de la gran mayoría de los fieles del festival (incluso, sorprendentemente para bien en el caso de algunos)– en una edición liderada sobre el papel por Deep Purple. Y hasta ahí llegan los cambios. Porque el líder de los de Chicago mantiene inalterable su calidad, su voz, su dominio del escenario. Hasta su carácter introvertido lo conserva. Tampoco ha cambiado mucho el festival en todos estos años por mucho que haya alcanzado la mayoría de edad más allá de un cambio de fechas y de reducir un día su duración hace ya tiempo. Podrá presumir en su DNI de tener 18 años, pero el Azkena sigue siendo el mismo festival en esencia. No es un festival con los nombres de antaño pero conserva su solidez con propuestas musicales muy interesantes y de contrastada calidad.

Este año, por eso de que el festival ya puede conducir solo, el Azkena ha viajado al pasado con los más de 35.000 espectadores que se han reunido viernes y sábado en Mendizabala como copilotos de una máquina del tiempo que se trasladó a los años 80 con algunos de los sonidos más emblemáticos del rock. Ahí estaban los Stray Cats, The Cult, Tesla, The B-52s… en conciertos exclusivos en España.

“Rock and roll”, gritaba con su camiseta el batería de The Living End. Así de sencillo. No hacen falta artificios, aunque los hubo. La banda australiana de rockabilly calentó el ambiente sobremanera la tarde del viernes hasta que salieron Setzer y compañía. ¡Y eso que llevaban tiempo sin juntarse sobre el escenario!. De hecho, hasta el País Vasco llegaron los ensayos para dar cuerpo a la gira mundial con la que celebran el 40 aniversario de la fundación de la banda y que tuvo en Vitoria su arranque. ‘Cat fight’, tema que se incluye en el disco con el que la formación ha puesto fin a más de 20 años de silencio, abrió un demoledor show que puso al festival a sus pies. Fue una descarga felina en toda regla que evidenció que estos gatos tienen más de siete vidas. De paso, Setzer se reconcilió con el público ocho años después de conmemorar la décima edición del certamen con un concierto muy irregular dentro de la gira ‘Rockabilly Riot’ junto a Phantom.

Los vocalistas de The B52s' (i-d) Kate Pierson, Fred Schneider y Cindy Wilson, durante su actuación en el Azkena. (EFE)
Los vocalistas de The B52s' (i-d) Kate Pierson, Fred Schneider y Cindy Wilson, durante su actuación en el Azkena. (EFE)

Lo de The B-52,s…. ¿Qué decir de ellos? Reproducir la lista de improperios que se escucharon esa noche en Mendizabala y al día siguiente en el concierto gratuito matinal en la céntrica plaza de la Virgen Blanca sería una tarea más ardua que dejarse tupé con los pelos que gasta uno. Lo vamos a dejar en “desconcertante”. Hubo una desbandada general a los pocos minutos de que irrumpieran en el escenario Fred Scheneider en plan Leonardo Dantes y su baile del pañuelo pero sin pañuelo, y sus desconcertantes chicas en todos los sentidos (incluso en su atuendo). Se quedaron en los 80 y están retenidos ahí, sin darse cuenta de que, en estos tiempos que corren, lo que antes era locura, diversión y fantasía ahora es poco menos que hacer el payaso sin gracia. “Les ha pasado un B-52 por encima”, se oía por el recinto. Lo bueno es que es su gira de despedida después de 40 años a sus espaldas. Lo malo es que aún algún otro festival los tendrá que sufrir.

Decíamos en la previa del Azkena que hay quienes afirman que el cartel es lo de menos del festival de Vitoria o al menos no lo más importante. Algo tiene que tener este certamen para que, en pleno festival, con la música rugiendo por los diferentes escenarios, haya largas colas en el recinto para hacerse con uno de los bonos del próximo año a un precio de 75 euros (en taquilla serán 130) tras las dos primeras confirmaciones de Social Distortion y Fu Manchú. Llámese religión, llámese locura, llámese tontería o llámese lo que sea, pero algo tiene para que el Azkena enganche como una droga. Ser 'azkenero', visto lo visto, es una religión con su propio catecismo. Este año, más de 4.000 personas más que en la pasada edición.

La jornada del sábado, con mayor afluencia que la precedente, fue completa, redonda, con unas actuaciones impecables ya desde las primeras apariciones por el escenario. Para alguien que ha crecido escuchado a Bonfire, Steelheart, Tigertailz, Pretty Boy Floyd la presencia de Tesla prometía. Y la icónica banda de hard rock liderada por el carimático Jeff Keith en el que ha sido el regreso a España tras más de una década de ausencia no defraudó a los incondicionales. El paso del tiempo es el paso del tiempo, pero la clase, a falta de voz por momentos, es la clase y las carencias se pueden compensar sobre el escenario con otro tipo de artimañas. Y la experiencia es la experiencia.

El cantante de The Cult, Ian Astbury, en Vitoria. (EFE)
El cantante de The Cult, Ian Astbury, en Vitoria. (EFE)

Hablar de Wilco no es hablar solo de la banda preferida de Barack Obama. Es hablar de una banda con mayúsculas. Son 25 años ya de shows redondos y el de Vitoria no fue una excepción. Fueron cayendo temas como ‘Californa Stars’ o ‘Impossible Germany’ entre un público entregado con los primeros acordes. Tweedy no es la alegría de la huerta sobre el escenario, ni mucho menos, pero… ¡estamos a setas o a rolex! No va de farol e incluso le gusta esta fama que se ha labrado. Y él va a lo que va. Y debajo del escenario, más de lo mismo. Un simple ‘eskerrik asko’, la que fue la mayor expresividad del líder de Wilco, estuvo a punto de generar la ola…. Pero al monte, al menos el que junta estas palabras, va a por setas.

The Cult cogió el testigo en el escenario principal. Había expectación por comprobar si se iba a ver al Ian Astbury de hace unos años que dio pena sobre el escenario o al que enamoró hace dos años. Por suerte, la moneda salió cara. La banda se salió con su excelsa obra ‘Sonic Temple’ bajo el brazo ahora que se cumplen 30 años de la publicación del que es uno de los discos más emblemáticos del rock de finales de los 80. 'Fire Woman', 'Spiritwalker' o 'Edie (Ciao Baby)' sonaron muy actuales, como si la edad no fuera con ellos. La gente tenía tantas ganas de marcha que durante el concierto de Philip H. Anselmo % The Illegals con un repertorio íntegro de temas de Pantera a altas horas de la madrugada Mendizabala parecía el metro de Madrid en hora punta. En total, más de 40 conciertos repartidos en cinco escenarios que se quedaron cortos a tenor de lo visto. El Azkena cumple 18 años y lo ha celebrado a lo grande, mirando al pasado (en lo musical) y al futuro (en su continuidad). Larga vida al Azkena. Con tupé o sin tupé. Con pelo o sin pelo.

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