'Los días salvajes'

La desaparecida que llamó a sus padres seis años después... y nunca más se supo

Marcelo Larraquy publica un libro con historias olvidadas de los convulsos años setenta argentinos

Foto: Cecilia Viñas y su marido, Hugo Penino
Cecilia Viñas y su marido, Hugo Penino
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La primera llamada de Cecilia Viñas a su familia se produjo en diciembre de 1983, días después de la llegada de la democracia a Argentina. Llevaban más de seis años sin saber de ella. La última llamada se produjo tres meses después. Y luego... nunca más se supo.

"Veo a mi viejo y me dice: 'Llamó tu hermana'... Lo miré para ver si no estaba chapa [loco]... Mi viejo, con total convencimiento, decía que era ella, 'que era la gorda'", recuerda su hermano Carlos, que no tiene ninguna duda de que era Cecilia: 'Estaba totalmente angustiada. Pero era ella. Seguridad total. Podrían haber puesto a una actriz con la voz angustiada, pero había códigos que conocíamos ella y yo... Cecilia habla con mi papá, pero con la voz 'soplada', tratando de que nadie escuche... Desde la primera llamada decía: 'En cualquier momento me largan'... Y también dice 'nos trasladan', como si fuera un grupo de rehenes al que mantenían secuestrado".

Cecilia Viñas fue la única desaparecida de la que se tuvo información durante la democracia... Fue un caso único de la dictadura militar

Nadie sabía nada de Cecilia desde el 13 de julio de 1977, cuando fue secuestrada junto a su marido, Hugo Penino, en el contexto de la ola siniestra de la Junta Militar argentina. Cecilia Viñas estaba embarazada de siete meses. Años más tarde se desvelaron varias cosas: Hugo Penino quizá fue asesinado el mismo día de su secuestro. Cecilia no. Cecilia daría a luz dos meses después en una habitación cutre del centro clandestino de detención de la ESMA (Escuela Mecánica de la Armada).

Otra muestra del salvajismo político de esos días: el padre de Hugo, marido de Cecilia, era primo de un general. Tras la desaparición, fueron a verle para preguntarle por el paradero de Hugo y Cecilia. La reunión no salió bien (por decir algo). Lo recuerda el hermano de Cecilia: "Mi viejo llamó al padre de Hugo, que era primo hermano del general [Osvaldo René] Azpitarte, a cargo del V Cuerpo de Ejército. Fueron a verlo, y el tipo de forma muy cruda les dijo que cada fuerza hacía lo que quería con sus secuestrados. 'Si los tuviera yo, y ellos habrían estado en la joda, no los ven más', les dijo… Y Azpitarte era pariente de Hugo... Salieron devastados de la reunión". En efecto, con familiares así, quién necesita enemigos. Era la guerra total y absoluta contra la subversión, su entorno y todo aquello que se moviera.

Lo cuenta el periodista e historiador Marcelo Larraquy en su nuevo libro, 'Los días salvajes', historias olvidadas de una década crucial (1971-1982). Larraquy, autor de clásicos como 'López Rega, el peronismo y la Triple A' o 'Galimberti: de Perón a Susana, de Montoneros a la CIA', vuelve a su tema favorito: la narración de una época convulsa que trasciende el caso argentino: sus libros sirven como espejo de qué ocurre cuando la política se polariza a lo bestia, la revolución choca con la represión y los artefactos políticos más extraños se suceden. O la Argentina de los setenta como laboratorio político del crudo siglo XX.

Busquen a mi hijo

De entre todas las historias de 'Los días salvajes', quizá la más dura sea la de Cecilia Viñas. Una de las llamadas a su familia desde su confinamiento quedó grabada. Es estremecedora. Cecilia sospecha (con razón o sin ella) que la novia de su padre (hija de un comandante) pudo irse de la lengua sobre su antigua militancia sindical y precipitar su secuestro. Aquí la llamada:

Una vida normal truncada salvajemente por lo peor de la política. "Después del golpe militar [Hugo y Cecilia] decidieron mudarse a Buenos Aires y abandonar la militancia hasta que la situación se aclarara. Hugo Penino consiguió empleo en Ford Copello y Cecilia en Nexo Publicidad. Había hecho un curso sobre tarjetas perforadas, una de las primeras herramientas informáticas para guardar datos. Los dos tenían buenos sueldos. Una vez, su madre le avisó que el Ejército había ido a su casa de Mar del Plata a preguntar por ella, pero Cecilia continuó en su trabajo. Quería hacer una vida normal. Ya estaba casada y esperaba un hijo", cuenta Larraquy.

Su hermano Carlos recuerda así en el libro los meses previos al secuestro: "Cecilia pensaba que no tenía nada que esconder. Ninguno de los dos era clandestino. Yo estuve con ellos un mes antes del secuestro. No tenían ningún temor. Ella, con la pancita; los dos muy felices; todo bien. Lo que tenía Cecilia es que largaba todo lo que se le venía a la cabeza. Yo le decía: 'Bajá los decibelios porque los tipos están muy pesados'. Y hablamos de la pareja de mi viejo, una mina bastante reaccionaria, hija de un comandante de Gendarmería, con un cuñado en la Marina, y mi hermana discutía bastante sobre la situación del país. Yo le decía que se hiciera la boluda".

Democracia pervertida

¿Cómo logró Cecilia hablar con sus padres desde su secuestro y por qué no volvió a saberse de ella? No se sabe con certeza. Quizá le dejaron hacer llamadas para minar a la familia y pedir un rescate. La democracia había llegado a Argentina, sí, pero el enloquecido tren de la represión no detuvo su marcha de un día para otro, sino que se fue ralentizando. Suena muy crudo, pero había mucha gente viviendo de eso tras años de represión contra la disidencia por parte de estratos oficiales y/o clandestinos del Estado. Uno de los lados sórdidos de la transición argentina es que el secuestro se había convertido en industria, y una industria no se desmonta en dos días, del secuestro político habíamos pasado a la extorsión criminal sin coartadas.

"Cecilia Viñas fue la única desaparecida de la que se tuvo información durante la democracia. Esto implicaba que, aun en el gobierno de Alfonsín, había una fuerza militar que todavía tenía secuestrados-desaparecidos en algún centro clandestino... Fue un caso único de la dictadura militar. Una secuestrada-desaparecida en 1977 que comenzó a llamar a su familia en diciembre de 1983, diez días después de que Alfonsín asumiera el gobierno. En las conversaciones hablaba de 'traslados', y 'guardias'... Una de las conversaciones fue grabada. La escuchó el ministro del Interior, Antonio Tróccoli, en su despacho el 30 de abril de 1984. El ministro transpiró: había una desaparecida que estaba viva", escribe Larraquy.

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"El 29 de abril de 1983, la dictadura militar había resuelto dar por muertos a los "desaparecidos": 'Debe quedar definitivamente claro que quienes figuran en nóminas de desaparecidos, y que no se encuentran exiliados o en la clandestinidad, a los efectos jurídicos y administrativos se consideran muertos, aun cuando no se pueda precisar hasta el momento la causa y la oportunidad del eventual deceso, ni la ubicación de sus sepulturas', aseveraba el 'Documento Final', para dar por cerrados los debates acerca de "la lucha contra la subversión", cuenta el libro. Pero Cecilia Viñas vivía, aunque nunca dieron con ella. El que sí apareció fue... su hijo.

En otra de las llamadas a su familia, el 14 de enero de 1984, Cecilia preguntó cómo estaba su hijo. En 1977, sus secuestradores le dijeron que lo habían entregado a su familia tras el parto. Pero no era cierto. Según su hermano, enterarse de eso "fue tremendo para Cecilia", que en la siguiente llamada rogó a su madre: "Busquen a mi hijo".

El hijo de Cecilia Viñas y Hugo Penino nació en la Sala de Embarazadas del centro clandestino de la ESMA el 7 de septiembre de 1977. El bebé se lo quedó el capitán de navío Jorge Vildoza, subdirector de la ESMA. Todo esto se supo llegada la democracia y tras la movilización de las familias de Cecilia y Hugo. Pero Vildoza burló la acción de la justicia argentina, se benefició de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, se dio a la fuga con su familia, pasó por varios países y su rastro se perdió.

"Una luz de justicia se abrió muchos años más tarde en los juicios por las embarazadas despojadas de sus hijos en centros clandestinos. Un programa de televisión de España, 'Quién sabe dónde', se interesó por la historia de Cecilia, en forma coincidente con el juez español Baltasar Garzón, que aceptó tomar juicios por bebés apropiados, que consideró imprescriptibles", recuerda el libro. El hermano de Cecilia lo recuerda así: "Creo que eso fue en el año 97. Me presenté con mi mamá a la justicia en España y en la televisión. Pudimos pagar solo un pasaje; del otro se hizo cargo el programa. Contamos la historia, presentamos fotos. Seguimos denunciando a Vildoza como apropiador del hijo de Cecilia y Hugo. El programa tuvo mucha repercusión".

Una luz de justicia se abrió muchos años más tarde en los juicios por las embarazadas despojadas de sus hijos en centros clandestinos

El hijo perdido de Cecilia se enteró entonces de su historia. "Javier se contactó con los tribunales federales argentinos. Es probable que se hubiera enterado del programa en España, o que hubiese leído en internet acerca de las denuncias contra el capitán Vildoza. Se dispuso a hacer los análisis de sangre. Estaba cansado de vivir con dos identidades. Su apropiador le había dicho que había sido adoptado".

El caso se reabrió. La mujer de Jorge Vildoza, Ana María Grimaldos, fue condenada a seis años de prisión en 2015 por apropiación de bebé. Jorge Luis Magnaco, médico responsable de los partos clandestinos en la ESMA, había sido condenado antes a 17 años. A día de hoy se desconoce el paradero de Jorge Vildoza

Escribe Larraquy en el prólogo del libro: "'Los días salvajes' no contiene todos los episodios centrales de la década de 1970, ni siquiera los más sobresalientes… Los episodios de este libro pueden parecer dispersos o dispares, pero hay fuerzas ciegas que los reúnen a todos. La fuerza de las expectativas colectivas no resueltas. La fuerza de las ideas y de las ilusiones, de los odios. La fuerza del miedo, de las tragedias, de lo que se quiso y no se pudo. De lo que se padeció. Quizás esas fuerzas ciegas, rescatadas desde el mar de los acontecimientos, leídas en conjunto, puedan ofrecer una versión integrada y consistente de una época más olvidada que reconocida, más traumática que asimilada".

Repetimos: La fuerza de las expectativas colectivas no resueltas. La fuerza del miedo, de las tragedias, de lo que se quiso y no se pudo. De lo que se padeció.

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