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Holocausto y contexto: el revisionismo de Fernando Paz, el fugaz historiador de Vox

Entre quienes ponen "en contexto" tanto el Holocausto como todo el episodio de la Segunda Guerra Mundial hay diferentes grados

Foto: Fernando Paz imparte una conferencia en la sede de Alianza Nacional
Fernando Paz imparte una conferencia en la sede de Alianza Nacional

No es necesario exagerar ni retorcer argumentos para criticar una visión sobre un episodio histórico. El divulgador Fernando Paz, fugaz candidato de Vox al Congreso por la provincia de Albacete, ni niega el Holocausto ni niega los conocidos crímenes de la Alemania nazi. El señor Paz sencillamente los pone “en contexto”. Así por ejemplo, cuando habla de los crímenes nazis inmediatamente nos recuerda los crímenes de los aliados. Estrategia argumentativa no muy lejana del niño que protesta porque a sus amigos les dejan hacer lo que a él le prohíben que haga.

Entre quienes ponen “en contexto” tanto el Holocausto como todo el episodio de la Segunda Guerra Mundial hay diferentes grados. Tenemos desde negacionistas como David Irving que plantean un programa consciente de fabricación de pruebas de los crímenes nazis hasta los revisionistas que sin negar los crímenes creen necesario ponerlos “en contexto” y “estudiar a fondo el tema” porque es un tema “delicado”.

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Yo no encuentro entre los historiadores sin apellidos a ninguno que tenga que hacer malabarismos retóricos y tampoco encuentro temas tabú. ¿Cuántos judíos murieron asesinados en el Holocausto? Tenemos la popular cantidad redonda de seis millones y esta cantidad sale de varios estudios realizados con métodos diferentes que plantean abanicos más o menos grandes de la cantidad de víctimas debidas a las órdenes del gobierno alemán y al esfuerzo de su industria, de su ejército y de su sistema de transportes. ¿Pero fueron seis millones, cinco o cuatro millones? Cuando hablamos de asesinados ¿cuál es la diferencia moral entre una cantidad y otra? La inmensa mayoría murieron en campos de exterminio, campos levantados para asesinar a gente a escala industrial, sin duda muchos otros murieron de extenuación, hambre, enfermedad y por fusilamientos. El fin era el mismo: la limpieza étnica. Y si este asunto nos parece antiguo o pasado de moda recordemos que a Radovan Karadzic, líder nacionalista serbobosnio, le fue aumentada la condena por genocidio esta misma semana. Vivimos en el mundo que ha contribuido a crear precisamente el juicio de Nuremberg, asunto sobre el que Fernando Paz publicó hace dos años un libro y sobre el que impartió una conferencia en la sede de La Falange.

Pues bien, según Fernando Paz, tal y como dice en la mencionada conferencia, con el Holocausto ocurren dos cosas: “por un lado está lejos de haberse fijado con precisión lo que verdaderamente sucedió y por otro es un tema permanentemente bajo sospecha e incluso que entra dentro del Código Penal” cosa que al señor Paz le parece “absolutamente inadmisible”. Es decir, podemos entender que existe un tabú. Es extraño cómo funciona lo de los tabúes: siempre son detectados por quienes sostienen opiniones estrafalarias.

Opiniones estrafalarias

¿Y qué opiniones estrafalarias son esas? Dejando a un lado la extraordinaria afirmación de que “está lejos de haberse fijado con precisión lo que realmente sucedió” en el Holocausto (creo que no hay episodio histórico más estudiado, con más pruebas documentales y revisado de arriba a abajo durante décadas no solo en términos de documentalismo e historiografía sino incluso en términos de investigación policial y criminal, con literalmente miles de testimonios documentados en diversas fuentes durante años… y todo ello pese al esfuerzo activo de las autoridades alemanas de la época por ocultar pruebas; el último juicio sobre crímenes de guerra alemanes —los de Majdanek— terminó en 1981) podemos adentrarnos en algunos puntos del discurso de Fernando Paz sobre la guerra mundial y el Holocausto.

La inventada relación entre comunismo y judaísmo la explotó la Alemania nazi para dotar de un barniz ideológico a su persecución de los judíos

“La relación entre judíos y comunismo es una simplificación que tiene una parte sustantiva de verdad”. Tengo claro que una frase fuera de contexto da rienda suelta a la malicia pero hay frases que dejan poco espacio a la imaginación. La inventada relación entre comunismo y judaísmo fue explotada por la Alemania nazi para dotar de un barniz ideológico aceptable a su persecución de los judíos. Y este es un punto raro del pensamiento nazi porque a su vez acusaban a los judíos de dominar las finanzas internacionales (en las noticias de nuestros días es lo que los nuevos nazis llaman “mundialismo”). Poco tiempo libre tendrían esos hipotéticos judíos dirigiendo al mismo tiempo el comunismo y el capitalismo.

En el contexto de las dudas que Fernando Paz plantea sobre el juicio de Nuremberg y con el argumento estrella de que los aliados también cometieron barbaridades, el ex-candidato del partido de Santiago Abascal nos comenta: “Los aliados podían haber sido acusados de llevar a cabo una guerra aérea que visualizó [sic] la liquidación de la población civil como objetivo prioritario y no como consecuencia colateral de la persecución de otros objetivos”. Traducido al español viene a decir que los aliados bombardearon adrede objetivos civiles. Manido asunto entre el revisionismo histórico que suele ceñirse al bombardeo aliado sobre Dresde en febrero de 1945.

Hornos crematorios de Auschwitz en 1943
Hornos crematorios de Auschwitz en 1943

Dresde, la mayor ciudad industrial alemana que menos había sido tocada por la guerra, y nudo de comunicaciones ferroviario esencial tanto para la logística del frente oriental —los soviéticos se acercaban— como para el traslado de judíos al matadero. La ciudad, tras el bombardeo dibujada por el ministerio de Goebbels como una “ciudad de cultura” sin objetivos militares, albergaba fábricas de piezas de artillería y de unidades antiaéreas así como almacenes de munición y era uno de los principales transbordos del movimiento de tropas hacia el frente oriental.

Ante la Alemania nazi y su herencia de gritos y sangre no hay posición alternativa posible

En fin, con el relato de la Historia sucede como cuando dibujamos un nueve en la arena, si nos cambiamos de posición el nueve pasa a ser un seis. La cuestión es que ante la Alemania nazi y su herencia de gritos y sangre no hay posición alternativa posible. Claro que se puede (y se debe) estudiar los crímenes soviéticos o los de los aliados pero los de los nazis juegan en una liga especial, marcan el mal absoluto. Incluso otros estados totalitarios pudieron haber causado más víctimas pero ni fueron los primeros ni existió algo parecido al Holocausto: el uso de todo un país para levantar una máquina homicida a escala industrial.

Hace poco alguien me comentaba que el Holocausto recibe un tratamiento especial. Claro, es que no tiene parangón, ni siquiera con otros genocidios: ni en la Revolución Cultural, ni en la Guerra Negra, ni en el Gulag, ni en el Salto Adelante, ni en Camboya, ni en Ruanda existieron programas de gobierno destinados a la eliminación física de ciertos sectores de la población y el esfuerzo de una moderna economía nacional a lograr el objetivo del exterminio.

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