DESDE EL SIGLO XIX

De zombi a langosta sexi: la sorprendente historia del disfraz de Halloween

Fue al llegar a los 70, la década mágica que se alzó tras la revolución sexual, cuando la fiesta de Halloween comenzó a empaparse de esa sexualidad latente hasta el día de hoy

Foto: 'Chicas Malas' (2004)
'Chicas Malas' (2004)

Halloween es cuando una chica puede ir de puta sin que nadie le diga nada”, decía el personaje de Lindsay Lohan en la clásica cinta ‘Chicas Malas’ (2004). Se refería a esos disfraces que, de un tiempo a esta parte, arrasan en cualquier tienda especializada en estanterías coronadas con el apelativo “sexi”, desde profesiones clásicas como bombera o policía hasta el surrealismo más descacharrante, como una langosta provocativa o un Donald Trump sexi. Este año, una tienda estadounidense incluyó en su surtido un disfraz sexi de ‘El cuento de la criadaque decidió retirar después de recibir una montaña de críticas en redes sociales. ¿En qué punto de la historia este tipo de disfraz se volvió el más popular para salir a la calle la noche de brujas?

La tradición de vestirse en Halloween con disfraces que nada tenían que ver con temática religiosa comenzó a finales del siglo XIX en Estados Unidos. El poema de Robert Burns ‘Halloween’ ayudó en gran parte a que las gentes de entonces abrazaran la tradición. “Incluía notas que te decían cómo dar una fiesta de Halloween en la Escocia rural”, explica la autora Lesley Bannatyne a la revista Time. “Estaban obsesionados con los fantasmas”. No fue extraño que comenzaran a embutirse en disfraces aterradores como murciélagos o espectros, pero también en otros de gitanos o princesas egipcias. “Les gustaba lo exótico, casi de la misma forma en la que los jóvenes compran hoy disfraces sexis. Una parte de ellos piensa que es glamuroso: ‘una noche para hacer algo que no haría de normal y que la gente me mire’”.

Con la llegada del siglo XX, la tradición de coger manzanas con la boca dio paso a la de despertarse con dolor de cabeza vestido de monja despendolada. En los años veinte, muchos disfraces consistían en sombreros o delantales de papel crepé. Hasta la primera mitad del siglo, los niños eran el centro de la festividad, salían a la caza de caramelos y los disfraces mantenían su aura fantasmagórica. Fue al llegar a los 70, la década mágica que se alzó tras la revolución sexual, cuando la fiesta de Halloween comenzó a empaparse de esa sexualidad latente que ha mantenido hasta el día de hoy.

Disfraz de Nemo sexi.
Disfraz de Nemo sexi.

Los adultos habían empezado a celebrar Halloween. Para entonces ya habían vivido la liberación sexual, el lanzamiento de películas como ‘Rocky Horror Picture Show’ y la organización de desfiles gays de Halloween en Greenwich Village o Key West. “Combina la segunda ola del feminismo con una atmósfera general de libertad y tienes esta tormenta perfecta de disfraces escandalosos”, resume Bannatyne. “Halloween es un reflejo de la evolución de la cultura y del pensamiento”.

La sexualización de los disfraces de Halloween ha ido de la mano de la liberación sexual en la cultura pop. “Hubo un intento general de capitalizar lo que parecía transgresor y como es una noche de transgresión puedes hacer lo que quieres sin que se vea ofensivo”, explica a la misma publicación el historiador Nicholas Rogers. “Excepto para los cristianos, pero ellos piensan que todo es transgresor”.

Halloween es un reflejo de la evolución de la cultura y del pensamiento

Aun así, es a partir de la década del 2000 cuando la explosión de los disfraces sexis alcanza tal magnitud que ya suponen “del 90 al 95% de los disfraces de mujeres”, según profesionales del sector entrevistados por el New York Times en el año 2006 para el artículo ‘Good girls go bad, for a day’.

Disfraz de Trump sexy (yandy.com)
Disfraz de Trump sexy (yandy.com)

La cultura de internet, sus memes y su distintivo humor han influido en cierta manera en estos disfraces hasta el punto de cambiar la sexualización por la filosofía de no tomarse en serio a uno mismo: el meme de la rata de la pizza en el metro de Nueva York también tiene su propio disfraz “sexi”. "Muchas mujeres piensan que enseñar su cuerpo es una marca de independencia y seguridad", explicaba la profesora Pat Gill en esta misma publicación estadounidense: “Y el humor te da una sensación de poder y confianza que solo el ser sexi no te da”.

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