entrevista a anna Caballé

"Después de Dios, a Concepción Arenal se la veneraba en todas las cárceles de España"

La prestigiosa biógrafa publica 'Concepción Arenal. La caminante y su sombra', una aproximación a la vida de la gran pensadora española del siglo XIX, hoy ignorada

Foto: Concepción Arenal
Concepción Arenal

Escritora, periodista y excepcional biógrafa, Anna Caballé (Hospitalet de Llobregat, Barcelona, 1954) solventa en su último libro una de las grandes lagunas de nuestra historia literaria al recuperar portentosamente en un libro publicado por Taurus y la Fundación Juan March en su colección 'Españoles eminentes' la figura de Concepción Arenal, la imprescindible pensadora del siglo XIX que contribuyó, entre otras cosas, a la mejora de las cárceles españolas. Arenal se une a Carmen Laforet y Francisco Umbral como objeto de estudio, nunca exento de polémica, de la biógrafa barcelonesa, que también ha dedicado jugosos estudios a la misoginia en nuestras letras.

PREGUNTA: ¿Cómo surgió este proyecto, fuiste tú la que lo propuso o fue la Fundación March la que te encargó el libro para su nueva colección Españoles Eminentes; o se juntaron dos intereses?

RESPUESTA: Tu intuición es correcta, la Fundación March me ofreció la posibilidad de escribir sobre una “mujer eminente” y pensé que nadie lo era más que Arenal. Así que lo vi como una oportunidad para acercarme a su compleja personalidad y reivindicar su figura.

'Concepción Arenal'
'Concepción Arenal'

P: No sé si has tenido dificultades particularmente enervantes a la hora de recorrer la vida de una autora que vivió hace más de un siglo, de la que no quedan testimonios copiosos ni personas que la conocieran, como sí ocurría con Umbral o Laforet.

R: En efecto, pero las dificultades no han procedido tanto de no poder preguntar sobre un personaje que nació hace doscientos años como por la falta de conocimiento biográfico que hay en nuestro país y que ahora he podido constatar. Parece mentira que una mujer de su relevancia suscitara tan poca curiosidad biográfica, que no se conserve una casa de cualquiera en las que vivió, no sé, algo. Nuestro conocimiento del siglo XIX es político, económico, pero sabemos tan poco de las vidas que lo protagonizaron … De modo que dependía de los archivos y de la documentación porque apenas quedó escrita una semblanza de cómo se veía a Concepción Arenal, la crónica de una visita... Y es tan difícil levantar una vida… En ella todo queda en grandes palabras, elogios hiperbólicos, pero muy pocos detalles. Rescatar detalles ha sido lo más difícil.

P: Me llama la atención, si me permites la maldad, que estas mujeres únicas en su tiempo, pues no había muchas posibilidades de que las mujeres descollaran intelectualmente, sean siempre mujeres de familias acomodadas y hasta acomodadísimas, que cuentan con tres y cuatro criadas, y no ya una habitación para escribir, sino una y dos y tres residencias enteras. Quiero decir que me parece lógico reivindicar su figura, pero quizá sea un poco forzado catalogarlas de feministas o de víctimas, sobre todo cuando en algunos reportajes (uno sobre Laforet en la tele pública hace dos años) se oculta descaradamente su estatus económico.

R: Arenal contaba con una sirvienta modesta que le hacía lo más farragoso de la casa. Era una mujer austera. Pero es evidente que en el XIX todas las literatas o intelectuales (como Arenal) son mujeres de buena posición que pueden leer a George Sand o a Mme. de Staël y se dan cuenta de lo que las mujeres hacen en otros países. Es que las que no lo eran en su mayoría no sabían leer ni escribir y por tanto no disponían de la ambición para hacerse un espacio en el mundo de las letras. El analfabetismo rozaba el 80 % de la población. Entonces, es lógica la estrecha relación que hay entre clase social y acceso a la cultura. Habrá que esperar al anarquismo, a las obreras combativas, a figuras como Federica Montseny para romper con la idea de que solo la élite podía ser culta. En el documental de Laforet al que te refieres no se mencionaba su relativa buena posición, como no se mencionan tantas cosas, porque ni siquiera debió de plantearse.

Anna Caballé. (EFE)
Anna Caballé. (EFE)

P: Tu biografía dejaba bastante claro que de feminista Laforet tenía más bien poco.

R: Ha costado mucho que el feminismo se abriera paso en nuestro país. Su descrédito era muy grande y … ¿qué mujer deseaba pasar por histérica y marimacho? La mayor parte de las escritoras se apresuraron a decir que no eran feministas simplemente, como decía Víctor Català, para no ser el hazmerreír de la gente. O bien porque aspiraban a competir el gran slalom y no en una liga de poetisas … Eso le ocurre a Rosa Chacel, Carmen Martín Gaite, Ana María Matute … Laforet es un caso aparte. Ella bastante hacía con cargar su propia mochila.

P: Me refiero a afirmaciones como ésta de Laforet, que recogías en tu libro sobre ella: “Mi idea es ésta: toda mujer por el hecho de serlo tendría desde que nace una renta asegurada para vivir, renta que le entregaría el Estado sacándosela a todos los hombres(...). A las mujeres se les exigiría que se cuidasen, y las que fueran más bonitas tendrían más dinero.”

R: Digamos que este extraño comentario que hace en una carta es una broma privada dirigida a una amiga, un exabrupto si quieres, una folie. Pero si analizamos lo que dice con mayor profundidad pues expresa una cierta hostilidad hacia los hombres, que ya se observa en Nada, y es que Laforet era una mujer que nunca pudo vivir acorde con la pulsión homosexual que sentía y eso la perdió como escritora. Al huir de su homosexualidad acabará huyendo de sí misma.

Carmen Laforet
Carmen Laforet

P: Por acabar con Laforet, me llama la atención la imagen que puede conformarse de ella, como mujer abandonada a su suerte, cuando, según tu libro, para escribir La isla y los demonios volvió a Palma “con todos los gastos pagados y un chófer a su disposición” a cuenta del Cabildo; 'La mujer nueva', 1955, recibió el premio ciudad de Menorca, 200.000 pesetas: el mejor dotado entonces en España. Amén de que cobraba muchos adelantos de Destino: 50.000 pesetas para acabar 'Al volver la esquina', etc...

R: Es que el problema de Laforet no era un problema de dinero. Aunque al separarse y tener a tantos hijos que dependían de ella acabaría necesitándolo. Pero su problema era otro y verla como víctima de una separación es no entender nada. Al contrario, la separación de Cerezales acaba de desarbolarla, pues queda a la deriva de sí misma. Lo que sí podemos decir es que fue víctima de su tiempo, cuando la represión sexual y la falta de libertad en la mujer hizo desgraciadas a muchas personas, hombres y mujeres. Un escritor que no dispone de libertad interior no puede salir adelante.

P: Volviendo a Arenal. Su labor con los pobres y los presos, que centró su vida y su obra, haría pensar en un principio en la típica “dama de la caridad”, pero tu libro nos enseña que el interés de Arenal por los marginados iba mucho más allá.

R: Claro. Ella tiene un acercamiento filosófico a la caridad, es la clave de bóveda de su pensamiento. Entiende la caridad como un deber social, político y moral. Hasta entonces su gestión estaba en manos exclusivas de la Iglesia. Ella es una liberal que quiere romper con esto y por ello quiere reformar las estructuras del Estado y forzarlo a que se preocupe por los que más lo necesitan.

Arenal es una liberal que quiere reformar las estructuras del Estado y forzarlo a que se preocupe por los que más lo necesitan

P: Choca bastante imaginar a toda una señora como Arenal siendo “inspectora de prisiones”.

R: ¿Si? Bueno, en todo caso los empleados la temían e hicieron lo posible para que su cargo fuera fugaz, porque ella luchaba para que desaparecieran los poderosos cabos de vara que actuaban con total impunidad en las cárceles. Ella quería que estuvieran al cargo funcionarios bien preparados y capaces de tratar al preso como un ser humano. De ahí la maravillosa carta que escribe un preso al alcalde de Vigo al conocer su muerte, enviando 25 céntimos para su mausoleo: “Después de Dios, en todas las cárceles de España se venera a Dña. Concepción Arenal”. Es precioso.

P: ¿Dirías que Arenal tuvo un reconocimiento en vida mucho mayor que el que ha acompañado su nombre desde su muerte? ¿Cómo puede ser que una mujer sea más valorada en el siglo XIX que en el siglo XXI?

R: Su reconocimiento en vida fue mínimo y después Arenal no tendría quien defendiera su legado, después del exilio de Clara Campoamor y Victoria Kent, sus más directas herederas. Para los católicos siempre fue sospechosa, claramente heterodoxa, y el pensamiento marxista arrasó con el sentimiento de la compasión que ella defendía como sostén de la paz social. Por otra parte, llegar a conocer su pensamiento exige un esfuerzo, está muy disperso en sus libros …

Francisco Umbral

P: Tu biografía 'Francisco Umbral. El frío de una vida' ha sido uno de esos pocos libros que yo me he leído del tirón, absolutamente entregado. Y eran como 300 páginas. ¿Cómo surgió esta biografía? En cierto sentido, es como si trataras de conocer al enemigo. Digamos, a un autor eminentemente masculino -no sé si machista, incluso. Bueno, sí, bastante machista.

R: Gracias, Alberto. Nunca me planteé a Umbral como machista, que lo era. Nunca lo vi como un enemigo. Quiero decir que esas no fueron mis motivaciones, en absoluto. Mi acercamiento fue, como siempre en cualquier libro mío, porque quería saber más, porque no me cuadraba lo que leía. Yo hice mi tesis sobre la autobiografía durante el franquismo. Umbral escribe sus mejores libros en la década de los 70, ergo … debían formar parte de mi corpus. Pero ¿eran autobiográficos? ¿si? ¿no? En aquel momento no había nacido el concepto de autoficción aunque obviamente lo necesitábamos. En Memorias de un niño de derechas y otros habla de sus recuerdos de la guerra, de los moros entrando en Valladolid, de que le roban unos pollos a su abuela, etc. Son recuerdos vívidos pero si había nacido en el 37, como llegó a decir, eso era imposible.

'Umbral. El fío de una vida'. (Espasa)
'Umbral. El fío de una vida'. (Espasa)

P: Un gran misterio rodeaba su nacimiento...

R: Mi primera pregunta a Umbral fue: ¿cuándo naciste? Nunca la contestó, se burló de la pregunta sugiriéndome que no me preocupara, que el libro que escribiera sobre él luego él le daría un toque de estilo, lo compraría Planeta y sería un éxito. Estoy resumiendo la situación. Entonces el pulso, mi pulso, fue entre un escritor reconocido que se cree blindado y alguien tan modesto e insignificante como yo que le quiere demostrar que puede hacer su trabajo. Es decir que aunque él no deseara franquear a nadie el conocimiento de su vida, tema permanente de su obra por otra parte, yo podía averiguar cosas muy elementales que figuran en los registros, como cuándo nació, porque ese es mi trabajo, deslindar la vida de la literatura. Intentar acercarme a la verdad histórica para fundar una crítica de la obra lo más sólida posible. La literatura es cosa de los escritores, yo no lo soy y por ello los admiro extraordinariamente.

P: ¿Y su machismo?

R: Él es fruto de su tiempo y de unos estereotipos que no tuvo ningún interés en analizar porque le funcionaban muy bien en sus columnas. Pero escribía cosas muy feas, cosas que no deberían decirse, mucho menos presumir de ellas. Y de ahí salió el capítulo que me resultó más difícil de todo el libro.

P: Creo que de esa tensión entre la biógrafa y el autor, entre sus visiones contrapuestas de la realidad, surgía esa fuerza o conflicto que recorre todo el libro y que resulta tan adictivo.

R: Es posible. Yo lo escribí teniéndolo presente en cada línea, en cada página, en cada hipótesis. Me dolió que menospreciara mi forma de ver las cosas, que creyera que basta con decir: “Esta no hará nada porque yo no quiero”. ¿Cómo podía yo entrar en un aula y hablar de la obra de Umbral si yo misma no la entendía lo suficiente? Pero fue un proceso doloroso por ambas partes.

P: Las reacciones, según recuerdo, a este ensayo no fueron muy positivas desde algunos medios.

R: Entonces comprendí que no estábamos acostumbrados a un libro como el mío, escrito a tumba abierta. Se leyó como si yo quisiera destruir a Umbral cuando lo escribí desde la profunda admiración por su obra. Lo que deseaba era entenderla. Nadie dedica cientos de horas a algo que no considera relevante …

P: Sobre la preeminencia de varones en el mundo editorial, literario y hasta académico, me gustaría saber si según tu opinión ha cambiado algo en, digamos, los últimos veinte años.

R: Creo que han cambiado muchísimo las cosas, y para bien. ¿Por qué? Porque las mujeres están muy presentes en todo el proceso editorial y son mayoría en el mundo académico. Pero también porque muchos hombres se han implicado. Ha dejado de verse una reivindicación que era cosa de mujeres para verse como algo que interroga a la sociedad en su conjunto. Hace 20 años se trataba a las mujeres -editoras, escritoras, etc.- con un paternalismo que ahora resulta inconcebible. Creo que hemos avanzado mucho. Pero claro queda mucho por hacer

La competitividad masculina conoce pocos límites y se impone por la fuerza de su deseo

P: Laura Freixas dice en sus diarios últimos -o sea, dejó dicho hace veinte años; y me parece muy acertado- que la cuestión no es que se discrimine a las mujeres en los premios y demás, sino que son sobre todo los hombres los que se lanzan a esa tarea engorrosa y sucia y depredadora de hacer lo que haya que hacer (cabildeos, mafias, capillas, peloteos) para que les premien. Me parece una idea muy interesante.

R: Por supuesto, la competitividad masculina conoce pocos límites y se impone por la fuerza de su deseo. Las mujeres, en general, vemos la vida de una forma más caleidoscópica, nuestra ambición puede estar más abierta a otros intereses no profesionales o tal vez nos dé más miedo fracasar. Yo misma, me presenté a unas oposiciones a cátedra hace diez años, cuando creí que por lo que había trabajado podía merecerla. Fue una de las experiencias más humillantes e inesperadas de mi vida. Nunca vi tanta incompetencia y nunca he vuelto a intentarlo. Mis colegas varones en la oposición se presentaron al año siguiente: todos son catedráticos. Y me parece estupendo. Yo no puedo.

P: Me acuerdo ahora de ese momento en el libro en el que narras el enfado de Arenal por perder un premio. Después publicó su trabajo no premiado con el rencoroso título “Apelación al público de un fallo de la RAE”. ¿Muy quisquillosa y mala perdedora, no?

R: Arenal fue consciente muy pronto de su inteligencia y eso le inspiró un sentimiento de superioridad que a veces le jugó malas pasadas. Era muy orgullosa. Pero pensemos en su combate por penetrar en un medio (masculino) al que ella veía como un igual. Y la disputa no era sobre unas quintillas, sino sobre la reforma del código penal o sobre la condición humana. Entonces podemos disculpar su reacción. Cuando hay que trabajar de forma tan aislada y solitaria la susceptibilidad aumenta.

Arenal fue consciente muy pronto de su inteligencia y eso le inspiró un sentimiento de superioridad que le jugó malas pasadas

P: De hecho, Arenal se presentaba a muchos premios. No sabía yo que había ya tantos en el siglo XIX. Es gracioso que al primero que ganó se presentara con el nombre de su hijo, que tenía 10 años.

R: Sí, sorprendió a todo el mundo. Para ella era un escudo protector. Si pierdo, al menos que no se sepa … Piensa que lo escribe en Potes cuando la gente la veía como una loca, “esa cosa que anda por ahí”, vestida de una forma tan extraña. Era una mujer tan distinta de la mayoría, tan poseída de su afán de saber…

P: ¿Cómo has vivido el auge feminista de este año 2018, desde el #Metoo al caso de la Manada, pasando por otras polémicas más rocambolescas?

R: Lo he vivido con gran expectación. Lo que ha ocurrido con el #Metoo o el caso de la Manada es que ha servido para reflexionar seriamente sobre la calidad de las relaciones hombre-mujer, poniéndonos como ante un espejo actitudes y situaciones que deberíamos desterrar. El resto, la iconografía feminista a veces puede ser discutible, pero lo es si centramos en ella una reivindicación feminista que plantea una nueva manera de entenderse, más humana.

P: ¿No crees que esa frase capital en la obra de Arenal (“odia el delito, compadece al delincuente”) no puede ser asumida por la sociedad de hoy, por ejemplo, aplicándola a los miembros de la Manada o a Iñaki Urdangarín?

R: Muy al contrario, creo que nunca estuvo tan vigente. Arenal no aprobaría el linchamiento de nadie y eso es lo que estamos viendo en las redes sociales y medios de comunicación con una frecuencia preocupante. Es algo que sale gratis y encima cuenta con una sonrisa de aprobación. Una cosa es que una persona que delinque, que tiene una conducta gravemente equivocada sea sancionada por la sociedad, sea juzgada y castigada si así lo merece y otra muy distinta es hundir a esa persona con toda clase de burlas, insultos y hostigamientos. Casualmente has citado a la Manada y Urdangarín: ambos casos sirven para ilustrar situaciones –la corrupción, el acoso sexual, la violación- con las que hubo una permisividad escandalosa en el pasado. Entre todos permitimos que las cosas llegaran tan lejos y tenemos que reflexionar sobre ello: creo que ese sería su punto de vista. Desde luego es el mío. He aprendido mucho leyéndola.

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