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Samantha Hudson, la 'terrorista queer' adolescente que se enfrentó a HazteOir

Hudson es la protagonista de un documental que repasa su corta y polémica trayectoria estrenado en el Atlàntida Film Fest, clausurado este miércoles con una de sus performances

Foto: Fotograma de 'Samantha Hudson, una historia de fe, sexo y electroqueer'. (Filmin)
Fotograma de 'Samantha Hudson, una historia de fe, sexo y electroqueer'. (Filmin)

En 2016, Iván González, alias Samantha Hudson, todavía no había cumplido dieciséis años cuando se puso en el punto de mira del colectivo HazteOir y provocó que el Instituto de Política Familiar de Baleares interpusiese una denuncia contra su profesora de arte. El motivo: un vídeo grabado como trabajo final de curso que Samantha promocionó en sus redes, que se hizo viral y que acabó provocando el enfrentamiento entre colectivos cristianos y el Gobierno Balear. "Soy maricón y me encanta la iglesia, pero no me dejan entrar porque monto gresca", es lo más suave que canta Hudson en su vídeo 'Maricón', que pasó a convertirse en estandarte de la comunidad 'queer' y 'underground' de la noche a la mañana y en un 'casus belli' para la organización de Ignacio Arsuaga.

A partir de ahí, Samantha Hudson se desbocó, agarró los bártulos, las pelucas y los tacones del chino y se plantó en los escenarios de Barcelona, dispuesta a reventar la noche y a revivir a Divine en versión castizo-millennial, crucifijo en mano y vestido estampado de Shin-chan como traje de luces. Pero como una Victoria Page del siglo XXI, Samantha bailó y cantó demasiado y se obsesionó con los 'followers' y con la fama y con su público y acabó tirándose por un balcón sólo para seguir epatando con un acto subversivo que no subvertía nada, como cuenta el documental 'Samantha Hudson, una historia de fe, sexo y electroqueer', dirigido por Joan Porcell y que sigue el auge y caída de la "estrella estrellada", como se autodefine Samantha.

Cartel de 'Samantha Hudson'
Cartel de 'Samantha Hudson'

A ella le pone moverse entre el petardeo y el activismo político: "soy anticapitalista y marxista en el plano político" pero también "la reina de los bajos fondos", a la vez "'trash', cutre, mísera, rara y feísta" e "irreverente, subversiva y contracultural". Sus referentes: la musa drag-queen de John Waters y el Fabio McNamara de los ochenta, "porque ahora se ha vuelto facha y no entiendo por qué". Poco más de dos años después de su presentación en sociedad, Samantha hace balance.

"Yo siempre lo digo: para mí Samantha es una extensión de mí mismo, es como me empecé a llamar cuando di un cambio crucial en mi vida: a los once años pasé por una etapa muy cristiana, que no vino potenciada ni por mi familia ni por nada. Simplemente me vino de repente que la religión católica era la mejor del mundo y me reprimí mucho respecto a la sexualidad", explica. "Luego, al salir del armario, ya acuñé el nombre de Samantha Hudson. Pero el episodio clave fue el vídeo de 'Maricón', que si no hubiera salido hoy yo no sería quien soy. De hecho lo tengo tatuado en el pubis, así que no lo voy a perder nunca".

Samantha Hudson en un momento de su videoclip 'Súper preñada'.
Samantha Hudson en un momento de su videoclip 'Súper preñada'.

Para sus detractores es un fantoche de mal gusto. Para sus adeptos, una "terrorista 'queer'", una arma estética y estrambótica para llamar la atención sobre los prejuicios contra la comunidad LGBT. "Cuando hice el vídeo de 'Maricón' sí que seguía defendiendo la libertad de fe, de que pudieses ser homosexual o formar parte del colectivo LGBT y practicar la fe cristiana, pero ahora estoy en una etapa un poco antirreligiosa, porque me parece que es contraproducente y que no lleva a nada bueno. Eso sí, sigo siendo muy fan de las vírgenes, de los santos, del Papa y de toda la iconografía cristiana, que también es cultura pop".

Sigo siendo muy fan de las vírgenes, de los santos, del Papa y de toda la iconografía cristiana

ara agitar conciencias, Samantha prefiere la transgresión performática a la movilización ciudadana. "El simple hecho de que yo salga vestido a la calle como voy vestido es un cambio, es rompedor de alguna forma, porque a la gente le choca ver a un hombre con minifalda, como si nunca hubieran visto una minifalda vaquera. Mi estética es rompedora, pero también soy elocuente, de alguna forma, como con el discurso de graduación". El documental de Porcell abre, precisamente, con ese discurso: "Decidí que uno de los primeros días de clase llevaría una corona. Entonces, al tercer día de clase vine con una corona de princesa [...]. A partir de ahí todo el mundo me empezó a conocer y, cómo no, todo el mundo empezó a hablar de mí. Sobre todo cosas malas: como siempre maricón, pero también notas. Lo que no os dais cuenta muchos es que cada vez que me pongo una corona supone un acto político y en el momento en que yo me pongo una mochila de princesas estoy luchando conta un sistema que me oprime".

Sin embargo, "a nivel combativo, de hacer manifestaciones y eso, la verdad es que no me involucro mucho y debería hacerlo más", reconoce ahora al otro lado del teléfono. "Pero mi forma de reivindicar está en las cosas que hago: en la música, en las redes sociales, en los Instastories. Tampoco me como la cabeza mucho, no te creas".

Un momento del documental. (Filmin)
Un momento del documental. (Filmin)

Y razón tiene, pues con sus espectáculos ha conseguido la reacción virulenta de aquellos a quienes pretendía incomodar. "Para mí lo de HazteOir quedó como algo ajeno. En esa época yo tenía quince o dieciséis años y pasó todo muy rápido: había muchas cosas que asimilar en tan poco tiempo. Casi ni me di cuenta", reconoce. "Las consecuencias las vivió más mi profesora [a la que acusaban de haberle puesto un nueve en el trabajo] porque al ser mayor de edad estaba más expuesta, se podía decir su nombre en la prensa y pudo haber tenido más problemas a nivel legal, porque podían haber tomado represalias más fuertes que conmigo. Yo era un menor y la Ley me amparaba. Al final no hubo ningún problema, pero echo la vista atrás y se armó la de Dios".

Después de que 'Maricón' se hiciese viral, Samantha buscó en la Ciudad Condal la puerta hacia el estrellato. "Me fui a Barcelona sin ningún plan de estudios, ni siquiera un plan artístico, porque tampoco tenía nada pensado; sólo quería hacer bolos". Colaboraciones con Papa Topo y su número de seguidores en Instagram disparado, pero la anorexia instalada en su cuenta bancaria; en el documental, mitad de cachondeo mitad en serio, Samantha y su entonces compañera de piso Selena Winters —otro seudónimo— pensaron en poner un gabinete de tarot y quiromancia, ofrecer su casa como lugar para guardar maletas y montar un Airbnb. Buscarse una vida fácil, sin demasiado esfuerzo. El miedo al olvido le pudo y pensó que la fama sólo le quedaba a un 'balconing' y una nariz rota de distancia. Cuando le ingresaron avisó antes a sus seguidores por las redes sociales que a sus padres.

Una imagen de Samantha Hudson en el hospital. (Filmin)
Una imagen de Samantha Hudson en el hospital. (Filmin)

"Aunque yo lo pasé muy mal, estoy agradecido, en parte", admite. "Pasó cuando era necesario, porque fue chocarme contra la realidad, además de chocarme contra el suelo de forma literal. Me dije 'ya no sabes qué hacer, estás haciendo las cosas a lo loco, tienes que relajarte'. Decidí volverme a Mallorca, porque en Barcelona tenía la carga económica del piso y comprar mi comida; además, me volvía con mis padres, y estaba contento y ya está". Ahora prepara desembarco en la capital: lleva un tiempo trabajando como camarero para ahorrar y trasladarse a Madrid, a probar suerte en el mundo del espectáculo. "Ahora estoy haciendo las cosas un poco mejor: estoy preparando videoclips, estoy preparando el disco, que planeo subirlo a Spotify… en definitiva, hacerlo todo más formal". Y sin dejar de meter dedos en llagas: "Acabo de hacer una campaña en change.org para que el cadáver de Franco fuera exhumado y trasladado a mi casa. Sería cultura del pop total, me encantaría. Yo me lo tomo un poco a broma. Lo tendría ahí, no haría nada. Aparte es que la familia se desentiende. Es que me lo tendrían que dar a mí".

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