Gabriele Amorth contra el diablo: así es un exorcismo 'real' y sin censura
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Gabriele Amorth contra el diablo: así es un exorcismo 'real' y sin censura

Más de cuatro décadas después de adaptar 'El exorcista' al cine, William Friedkin ha filmado por primera vez un exorcismo dirigido por el exorcista jefe de la diócesis de Roma

placeholder Foto: El padre Amorth en medio del exorcismo a Cristina. (Netflix)
El padre Amorth en medio del exorcismo a Cristina. (Netflix)

"Cristina está poseída por el diablo", avisan quienes la conocen de cerca y quienes la acompañan en su noveno exorcismo a manos del padre Grabriele Amorth, el jefe de exorcistas de la diócesis de Roma. Cristina tiene 46 años, es arquitecta, tiene un novio llamado Davide. Cristina sería una mujer normal y corriente, como cualquier mujer normal y corriente con la que usted se cruza cada día en el rellano, si no fuese porque, a veces, sobre todo en fechas relacionadas con Jesucristo, su cuerpo se transforma en algo que no es humano, experimenta ataques incontrolables de rabia espasmócica y con una voz gutural y multifónica grita "soy Satanás".

Cristina es, además, una de las protagonistas de 'The Devil and Father Amorth', un documental en el que William Friedkin —sí, el William Friedkin de 'El exorcista' (1973)— graba el primer exorcismo 'oficial' ejecutado por el padre Amorth y que ha estrenado este lunes Netflix España. "En la época en la que hice 'El exorcista' jamás había visto un exorcismo", reconoce Friedkin en esta película irregular aunque peculiar, en la que el director plantea cuestiones controvertidas como la existencia del diablo, la imposibilidad de la medicina de explicar ni la sintomatología ni las causas de casos como el de Cristina y los beneficios paliativos —aunque sean placebo— del ritual en los exorcizados y sus familias. ¿Son los exorcismos una prueba de la existencia de Dios?

Tráiler de 'The Devil and Father Amorth'

Aunque, definitivamente, el principal morbo para el espectador radica en ser testigo, refugiado tras la seguridad de la pantalla, de un exorcismo prácticamente íntegro y sin apenas edición. Es el 1 de mayo de 2016. El padre Gabriele Amorth cumple 91 años y va a practicarle a Cristina —por novena vez— el ritual para expulsarle el demonio o los demonios que supuestamente tiene dentro: "¡somos legión!", responde la mujer en plena enajenación cuando Amorth le pregunta cuántos son. Friedkin y su pequeña cámara semiprofesional son los únicos 'invitados' que no forman parte del entorno de la diócesis romana ni de la familia de Cristina. En la pared, una fotografía del Papa Francisco, sonriente. En las manos de Amorth, un crucifijo y agua bendita; sobre sus hombros y los de la mujer, una estola morada. En una esquina de la habitación espartana, los padres de la exorcizada, con rostro preocupado.

placeholder El padre Gabriele Amorth en un fotograma del documental. (Netflix)
El padre Gabriele Amorth en un fotograma del documental. (Netflix)

Cuenta 'The Devil and Father Amorth' que "alrededor de 500.000 italianos acuden cada año a un exorcista". Italia tiene una población total de 60 millones. Y en 2006, según una encuesta del 'Corriere de la Sera', el 88% se declaraba católica creyente. Practicante, practicante, sólo un 36,8%, que es algo muy Mediterráneo. Friedkin propone que en una cultura tan influida por la religión como la italiana es más fácil que se admita la existencia de lo sobrenatural, de los "problemas de espíritu" y, en consecuencia, de los exorcismos. Y él mismo se acerca a la cuestión reafirmando su propia fe.

Italia tiene una población total de 60 millones y alrededor de 500.000 italianos acuden cada año a un exorcista

Antes de meterse en harina, el director entrevista a Nadia, otra mujer italiana a la que años atrás trató Amorth, y a su hermano Paolo, quien acabó siendo asistente del cura. "Me dijeron que reptaba por el suelo y decía palabras incomplensibles", asegura Nadia. "Su cuerpo empezó a transformarse en algo que no era humano", añade Paolo. "Había que sujetarla entre cuatro". Y así, Friedkin acrecenta la expectación de un público que anticipa lo que va a ver.

placeholder La sala donde se lleva a cabo el rito en 'The Devil and Father Amorth'. (Netflix)
La sala donde se lleva a cabo el rito en 'The Devil and Father Amorth'. (Netflix)

Es difícil para el espectador no creyente despojarse del escepticismo, pero también no sobrecogerse con las imágenes: aunque uno piense en los trucos de la edición de sonido, el vello salta de punta como un resorte. Cada exorcismo comienza con el padre Amorth haciéndole la burla al demonio y rezando el Padre Nuestro y el Ave María. Cuando Cristina entra en trance, Amorth recita en latín el Rituale Romanum instaurado por el Papa Paulo V en 1614, que la Pontificia Comisión Ecclesia Dei autoriza a utilizar desde 2011 sin pedir permiso al Obispado. El sacerdote interpela a los supuestos demonios de Cristina. Ella contesta, con varias voces anormales saliendo de su garganta: "es nuestra, nos pertenece". "Exorcizo Deu Immundissimus Spiritus" ("Exorcizo, oh Dios, a este espíritu inmundo"), exige Amorth. Escalofríos.

Ella contesta, con varias voces anormales saliendo de su garganta: "es nuestra, nos pertenece"

Sin embargo, Friedkin se empeña en envolver este momento —quizá por falta de material para estrenarlo como largo— de metraje accesorio que menoscaba la fuerza de las imágenes del exorcismo. Y recurre a montajes burdos, hilos narrativos inconexos, música de 'thriller' policial y entrevistas sin demasiada sustancia para esconder las carencias. Incluso en un momento, y acompañado de una banda sonora frenética y enardecida, afirma haber recibido amenazas de muerte para que no hiciese públicas las imágenes del ritual.

placeholder William Friedkin en 'The Devil and Father Amorth'. (Netflix)
William Friedkin en 'The Devil and Father Amorth'. (Netflix)

El director entrevista por un lado al catedrático y antiguo profesor de Harvard Jeffrey Burton Russell, que advierte que "la gente debería alejarse del tema lo máximo posible". "Cuanto más te predispones a pensar en eso y cuanto más piensas en sentirlo más oportunidades de entrar le estás dando al poder sobrenatural del mal". También a psiquiatras y neurocirujanos a los que pide que analicen el metraje grabado y que propongan posibles causas de los síntomas. Friedkin propone incluso que el ritual del exorcismo no está tan lejos de una sesión de terapia de grupo. También al obispo auxiliar de la Archidiócesis de Los Ángeles, que parece aterrado ante la posibilidad de enfrentarse al diablo, "porque hay que ser muy santo" para evitar que el demonio entre en ti.

'The Devil and Father Amorth' es, además, una película inconclusa. La muerte del sacerdote dio al traste con la idea de Friedkin de seguir acompañándolo en otros rituales y de registrar la evolución de Cristina en sesiones posteriores. Da la sensación de que el documental es una mezcla mal ligada de elementos muy atractivos en potencia, deslucidos en acto. Un proyecto en el que apenas se entrevé al genio que llevó a la gran pantalla 'The French Connection' y, sobre todo, 'El exorcista', obra cumbre del cine de terror. Friedkin termina el documental con una reflexión: "Sabemos que existe el mal. Pero también que existe el bien". Y 'The Devil and Father Amorth' pertenece, lo siento, a la primera categoría.

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