Israel, 1947

Navidad sangrienta en Tierra Santa, el día que Stalin salvó al sionismo con armas nazis

La histórica resolución 181 de la ONU, con la partición de Palestina, desató el júbilo entre los israelíes y la ira entre los árabes. El conflicto bélico estallaría poco después

Foto: Un camión con las caras de los líderes soviéticos Lenin y Stalin en el desfile del día del trabajo celebrado en Tel Aviv el 1 de mayo de 1949
Un camión con las caras de los líderes soviéticos Lenin y Stalin en el desfile del día del trabajo celebrado en Tel Aviv el 1 de mayo de 1949

"Oded nos llamó la atención sobre una de esas montañas, que había sido la escena de una antigua batalla de los macabeos. Gateando sobre el resbaladizo terreno, conteniendo la respiración por temor a perder el equilibrio y trepando hasta la otra ladera comencé a apreciar el heroísmo de aquellos guerreros bíblicos. Les imaginé corriendo a pie o cabalgando en ese peligroso terreno, tirando piedras o arrojando lanzas mientras avanzaban". Henchida del fervor patriótico sionista, la joven Zippora Porath escribía desde Jerusalén a sus padres en Estados Unidos durante un viaje de estudios a la tierra de sus antepasados en el otoño de 1947 -'Letters from Jeruslaem 1947-1948' (2005).

Había llegado en septiembre y el 28 de diciembre -hace ahora 70 años- luchaba ya contra los árabes liderados por el Gran Mufti, Jamal Al Husseini, durante el asedio que se cernió sobre Jerusalén. Mientras el mundo occidental acababa de celebrar la Navidad, hace ahora exactamente 70 años, la guerra había estallado en Tierra Santa. En apenas tres meses, 'Zippy', la estudiante estadounidense formaba parte de la 'Haganah' —defensa en hebreo—, el brazo armado de la 'Yishuv' —el asentamiento— que ejercía de facto como un organizado gobierno judío oficioso en el Mandato británico de Palestina.

Diez días antes, el 15 de diciembre, David Ben Gurion, líder de la Agencia Judía de Palestina y jefe de la 'Yishuv', enviaba un telegrama a su jefe de finanzas, Eliezer Kaplan, en el que le expresaba que la “situación se agravaba” y que la adquisición de armas era ya “una cuestión de vida o muerte”. Las instrucciones para Kaplan eran claras: debía proporcionar “los fondos que hicieran falta” a Ehud Avriel, el agente comercial sionista en Checoslovaquia, ya en la esfera soviética, para comprar armamento, —Benny Morris, '1948: A History Of the First Arab-Israeli war' (2008)—. La inminente violencia no era una sorpresa, pero ni árabes ni judíos habían anticipado un desenlace bélico tan repentino. El plan de las Naciones Unidas y su histórica resolución 181, con la partición de Palestina, aprobada el 29 de noviembre en la Asamblea General, había desatado el júbilo entre los sionistas y la ira entre los árabes.

De la euforia a la guerra

“En el centro de la ciudad una marea de gente feliz se abrazaban unos a otros bailando 'horas' y 'jigs' que se formaban espontáneamente, dirigidas por una especie de fuerza magnética. Entramos en el patio de la fortaleza de Sochnut —sede de la Agencia Judía— que durante años albergó las esperanzas de un Estado judío en Palestina. Golda Meir salió al balcón. No había palabras que pudieran describir el momento. Demudada de emoción acertó a decir ¡Mazel Tov!” —'Letters from Jeruslaem''.

Celebración judía en Jerusalén,1947.
Celebración judía en Jerusalén,1947.

A la fiesta le siguió la cautela. La resolución de las Naciones Unidas había plantado otra semilla de discordia. Las ciudades de Jerusalén y Belén -el lugar donde según los cristianos nació Jesucristo- quedaron como “corpus separatum” de la partición. No podría ser la capital de ninguno de los dos supuestos estados y quedarían bajo control de las Naciones Unidas. Los judíos interpretaron una motivación fundada en el interés de los cristianos de occidente de preservar el control de los santos lugares —Netanel Loch, 'The Edge of the Sword: Israel’s War of Idependence', (1968)—. Aunque no renunciarían a nada, decidieron esperar a que expirase el plazo del Mandato británico.

Jerusalén y Belén quedaron como “corpus separatum” de la partición. No podría ser la capital de ninguno de los dos estados

Durante la Conferencia de El Cairo de diciembre, la Liga Árabe evaluó su respuesta después de rechazar la partición. Según los informes obtenidos por la inteligencia británica decidieron a su vez que la campaña “no debe empezar prematuramente, puesto que los árabes no están preparados, ni tampoco organizados ni armados. El primer movimiento debe hacerse en mayo, para entonces el Mandato británico habrá finalizado” —Benny Morris, '1948: A history of the First Arab-Israeli War', (2008)

La máxima autoridad árabe en Palestina el Gran Mufti, Jamal El Husseini, líder del Alto Comisionado escogió por su parte una campaña de provocación hacia los judíos especialmente numerosos en Jerusalén, unos 100.000, con el fin de una reacción violenta que justificara posibles represalias: en los primeros días diciembre dispararon sobre los barrios judíos de Haiffa. El 15 de diciembre, mataron a 15 judíos en una emboscada a un convoy.

Gran Mufti, Jamal al Husseini
Gran Mufti, Jamal al Husseini

La 'Haganah' seguía una estrategia inicialmente sólo defensiva, pero se vieron arrastrados a su vez por los revisionistas de 'Irgún' y 'Lehi', grupos extremistas del sionismo que comenzaron su propia campaña de atentados contra la población árabe. Prendieron fuego al cine Rex de Jerusalén, lanzaron una bomba en la Puerta de Damasco el 15 de diciembre que mató a 20 árabes y, otra vez, el 29, matando a otros 12 y a dos británicos. En los meses siguientes se integrarían directamente en la ‘Haganah’. El 31 de diciembre, después de otra represalia sionista, como respuesta a otro ataque árabe, murieron más judíos. Ese mismo día, Ben Gurion declaró que era “Imposible discriminar los ataques. Estamos en guerra”, —Ben Morris, '1948; A History of the first Arab War'.

El laboratorio diplomático

El baño de sangre se derramaba sobre un tablero internacional delirante. El escritor de origen húngaro Arthur Koestler, que viajó a Palestina en 1948 durante el conflicto lo plasmó en su obra 'Promise and Fulfilment- Palestine 1917-1949', (1949): “La idea de la creación de un estado que haya nacido de forma pacífica por un acuerdo internacional resultaba ingenua en cuanto probablemente en toda la historia ninguno haya nacido así, sin algún tipo u otro de violencia. Era un laboratorio diplomático”.

La URSS, que en todos los cálculos se presuponía hostil al plan y pro árabe se desmarcó con un apoyo total a la causa del Estado de Israel

El planteamiento era en parte delirante porque Gran Bretaña, que debía salvaguardar el orden en Palestina hasta la partición, se había abstenido en la votación -la única gran potencia en hacerlo- y estaba, en realidad, en abierto desacuerdo. La URSS, que en todos los cálculos previos se presuponía hostil al plan y pro árabe se desmarcó con un apoyo total a la causa del Estado de Israel con el histórico discurso de su embajador Andrey Gromyko en las Naciones Unidas, descolocando por completo a los funcionarios de Washington. EE.UU, cuyas poderosas organizaciones judías y la predisposición de su presidente Harry Truman eran claramente simpatizantes con la causa sionista, votó a favor de la partición, pero actúo inmediatamente con tibieza —Charles Zorgbibe, 'Historia de las Realciones Internacionales. Tomo II', (2005).

Stalin
Stalin

Para rematar la tensión, los británicos, cuyo mandato estaba previsto hasta junio del año siguiente impusieron, por consejo del Foreign Office, un embargo de armas en Palestina al que se adhirió el Departamento de Estado estadounidense. Mientras los países árabes colindantes, que se preparaban para la guerra, seguían obteniendo armas de contratos previos con Londres y otros países, la ‘Yishuv’ carecía de armamento. Entonces, cuando se cernía la mayor amenaza, en la peor hora de la epopeya del anhelado Estado de Israel quien acudió a su rescate fue Stalin, no EE.UU.

La URSS al rescate

Ehud Avriel, el agente de política exterior de David Ben Gurion consiguió un contrato de armas con Checoslovaquia, con el visto bueno de Moscú. En el gobierno checo quedaban algunos miembros independientes, como el propio ministro de Exteriores, Jan Masaryk, y necesitaba urgentemente divisas, pero la operación no fue sólo comercial. Se realizó no ya con la aprobación, sino con la intervención de Stalin, que al año siguiente, cuando Checoslovaquia se convirtió definitivamente en otro satélite de la URSS, intensificaría su colaboración.

David Ben Gurion
David Ben Gurion

Bajo un contrato falso firmado con el 'Gobierno de Ethiopia', la industria checoslovaca cerró una lista para la 'Yishuv’' 10.000 rifles, 4.500 ametralladoras pesadas, y tres millones de municiones. Incluso les ofrecieron aviones Messerschmitt BF109 fabricados por Skoda —Howard M. Sachar, ’Israel and Europe: An Appraisal in History’, (2000)—. Irónicamente, la mayor parte del armamento había sido fabricado durante la II Guerra Mundial para la Wehrmacht antes de la caída del III Reich. Los judíos iban a defender 'Eretz' con las armas de los nazis.

La ayuda, como reconocería en sus memorias David Ben Gurion sería crucial. El sorprendente giro soviético, que había aborrecido el sionismo desde los tiempos de Lenin, solo podía interpretarse como una jugada de Stalin para echar a Gran Bretaña de Oriente Medio y sembrar la discordia entre británicos y estadounidenses, tal y como sostiene el historiador británico Paul Johnson. A corto plazo, lo lograrían. Las tensiones crecían entre Londres y Washington, que sufría presiones de las organizaciones judías por el embargo. La embajada británica se explicaba así ante los americanos el 5 de enero: “Aunque el gobierno británico no obstruirá de ninguna manera la ejecución de las decisiones tomadas por las Naciones Unidas, tiene la intención de hacer lo necesario para preservar su posición e influencia en la zona”. —'Foreign Relations US'—. Al final, adelantarían su salida de agosto a mayo, cediendo en el camino su prestigio tanto entre árabes como judíos.

Aunque en Londres la política era de estricta neutralidad, en el terreno favorecían con su actitud al Mufti y a las milicias árabes

Con la llegada de año nuevo, la situación en Palestina y en particular, de Jerusalén, empeoró. Tanto judíos como árabes acusaban a los británicos de favorecer al otro bando. Aunque desde Londres la política era de estricta neutralidad para mantener el orden, en el terreno favorecían con su actitud al Mufti y a las milicias árabes, aunque éstas no siempre actuaran bajo las órdenes de Al Husseini. La aplicación del embargo incluía la confiscación de cualquier arma en manos de la 'Haganah', al tiempo que no siempre impedían los ataques a los convoyes con los que los que judíos trataban de abastecer Jerusalén.

La pro árabe Gran Bretaña

El propio cónsul de Estados Unidos en Jerusalén, Robert Macatee, lo citaba en su informe del 31 de diciembre de 1947: “Hay fundadas razones por parte de los judíos para quejarse de que los británicos están favoreciendo a los árabes. Hay pocas dudas de que la policía palestina, especialmente los rangos medios y bajos se inclinan del lado árabe y se mantiene al margen cuando hay una agresión contra los judíos (…) Las peticiones de autorización por parte de los judíos para organizar su propia protección de los árabes son rechazadas. Los arrestos y las redadas entre los asentamientos y población judía están a la orden del día”.

La 'Haganah' mantenía en la nueva Jerusalén sus posiciones a duras penas y peor aún en el barrio judío de la Ciudad Vieja

El balón de oxígeno de Praga-Moscú, sólo impidió el desmoronamiento judío. Durante los primeros meses de 1948, pudieron resistir a la milicias de Al Husseini, a pesar de que la Liga Árabe no había intervenido aún. La 'Haganah' mantenía en la nueva Jerusalén sus posiciones a duras penas y peor aún en el barrio judío de la Ciudad Vieja.

La tensión psicológica del sitio invertía la jerarquía natural de las necesidades básicas: “Se morían por comer, su estómagos rugían por cigarrillos, pero estaban hambrientos de noticias” escribiría Arthur Kosetler cuando atravesó la sitiada Jerusalén a mediados de mayo. Había llegado después de cruzar lo que llamaron la 'Carretera de Birmania'. Jerusalén tenía ya un cordón umbilical.

Fanatismo e intransigencia

Al principio del conflicto los árabes eran superiores en número y su determinación, alentada por el sus aliados, era férrea: cuando el secretario de la Liga Árabe, Azzam Pachá, acudió a la ONU en octubre de 1947 para explorar un acuerdo con emisarios sionistas, su propio hijo le amenazó con la muerte si volvía con un tratado de Paz bajo el brazo —Charles Zorgbibe 'Historia de las relaciones internacionales' Volumen II. (2005), Alianza Editorial—. Los judíos estaban envueltos a su vez en una misión histórica forjada entre los textos bíblicos y el romanticismo del 'Estado Judío' (1896), formulado por Theodor Herzl. Cuando se alcanzó la Declaración Balfour (1918) según la cual el gobierno británico, “prometió” un “hogar nacional” para los judíos en Palestina, se mostró impracticable. Los primeros colonos en llegar, además, eran en su mayoría judíos ortodoxos originarios de Rusia que ni siquiera simpatizaban con el sionismo. Les habían comprado las tierras a los campesinos árabes cuya noción nacionalista era a su vez prácticamente inexistente según Arthur Koestler. Pero como para Zipporah Porhat, la fuerza inquebrantable del sionismo apoyada en décadas de asentamientos y colonización desde los años 20 había construido entre una segunda generación un derecho irrenunciable.

Ataque a un convoy israelí a comienzos de 1948
Ataque a un convoy israelí a comienzos de 1948

“Los actos violentos del ayer, se convierten en los hechos consumados del hoy, y el satus quo legal del mañana, así que la definición de justicia histórica depende del momento que se elija como la hora cero” ¿Cuál es la hora cero de Palestina? ¿La conquista por la fuerza de las tribus hebreas Canaanitas, Jebuseas, y Filisteas? ¿La expulsión de los judíos después de la Bar-Kochba en siglo II? ¿La conquista de los nómadas árabes en el VII o por los otomanos en el XVI? ¿La entrada de las tropas de Edmund Allenby en 1917 con la Declaración Balfour en un bolsillo y los 14 puntos de Wilson en el otro? ¿El Libro Blanco de los británicos en 1939 o el reconocimiento británico del Estado de Israel en 1949?” reflexionaría Arthur Koestler —'Promise and Fulfilment- Palestine 1917-1949'.

'Hasbará': justificar la existencia

Durante años, Israel ha tenido que dedicar un esfuerzo continuo en lo que denominan la 'Hasbará', la ‘explicación’, literalmente, del hebreo —John Quincey, 'The International Diplomacy of Israle Founders' (Cambridge University Press, 2016)—. La traducción más correcta sería propaganda: la justificación ante el mundo de su propia existencia como Estado. Es un ministerio en sí mismo, indivisible de su política exterior.

Estados Unidos tardó 16 minutos en reconocer 'de facto' al nuevo Estado tras su proclamación el 14 de mayo de 1948, el mismo día en que salieron las últimas tropas británicas y en el que la Legión Árabe cruzaría el Jordán recrudeciendo el conflicto. Tomarían la Ciudad Vieja y, con ella, los lugares sagrados del judaísmo, islam y cristianismo. La URSS tardó solo tres días en reconocer a Israel, aunque fue ‘de jure’, a diferencia de EE.UU. El idilio duraría poco. En 1952, todos los miembros del gobierno checoslovaco que participaron en la ayuda al sionismo en el inicio de la guerra fueron juzgados y condenados a muerte. Para entonces, Israel estaba en la esfera de Washington.

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