entrevista a andrés duque

Oleg Karavaichuk, el niño prodigio y 'compositor loco' que se enfrentó a Stalin

Andrés Duque estrena este viernes 'Oleg y las raras artes', un documental sobre la vida del controvertido y excéntrico compositor ruso, niño prodigio del régimen de Stalin

Foto: Oleg Karavaichuk, protagonista de 'Oleg y las raras artes', de Andrés Duque
Oleg Karavaichuk, protagonista de 'Oleg y las raras artes', de Andrés Duque

Oleg Karavaichuck ni siquiera fue a su entierro. "Te lo juro, no lo pudieron sacar de la morgue. Los titulares de los periódicos eran: 'Oleg Karavaichuck, el hombre que cancelaba los conciertos, cancela su propio funeral'. Este señor, desde donde sea que esté ahora, sigue ahí, tocando los huevos", bromea Andrés Duque, el director de 'Oleg y las raras artes', un documental protagonizado por el controvertido pianista ruso que llegará este viernes en la cartelera española. 

Oleg Karavaichuk, el niño prodigio y 'compositor loco' que se enfrentó a Stalin
  

En un pasillo flanqueado por columnas decoradas con pan de oro y motivos musicales, un hombre ambiguo, minúsculo, enjuto y encorvado, con una melena -¿peluca, quién sabe?- y una boina francesa ladeada, se acerca lentamente a la cámara. Comienza a hablar, con su voz aguda y sus ademanes de general amanerado. Y es hipnótico. "Parecía una persona muy frágil, con esa voz que tenía. Y luego lo ves al piano... Las manos, las manos eran gigantes, una cosa tremenda. Eran callosas. Y, aunque lo disimulaba, sus dedos ya sufrían de artrosis".

Así es Oleg. Así era Oleg. "En Rusia está considerado como uno de los pianistas más importantes que ha habido. En San Petersburgo, en su ciudad, es realmente conocido. Es un icono, el artista loco de la ciudad", explica Duque. El director venezolano estaba escuchando la música de la película 'Dolgie provody' (1971), de la directora rusa Kira Muratova cuando se percató de que, en la banda sonora, no sólo se escuchaba un piano "oxidado, metálico, que sonaba como metido dentro de una lata", sino también las toses, los aspavientos y la respiración del intérprete que era, exactamente, nada menos que Oleg Karavaichuk.

Oleg Karavaichuk, el niño prodigio y 'compositor loco' que se enfrentó a Stalin

"Cuando tenía 7 años participó en el concurso más importante de intérpretes de piano de la Unión Soviética. Y Stalin le dio el primer premio y le regaló un piano blanco. Meses más tarde lo invitaron a una casa para artistas que tenía Stalin, que se ve que tenía buen oído. Por las mañanas hacían una especie de concurso en el que llenaban una copa de agua, la tocaban con un lápiz y tenían que adivinar la nota. Le tocó el turno a Stalin, que dijo: 'Esto es un do'. Después corrigió: 'No, no. Esto es un do sostenido'. Oleg, de siete años, se levantó y le dijo: 'Camarada Stalin, usted tenía razón, es un do. Usted se equivocó en otra cosa.' Se hizo entonces un silencio. Y Oleg siguió: 'Usted se equivocó enviando a mi padre a trabajos forzados'". Con este gesto de rebeldía, el pequeño Oleg hizo una demostración de un genio y una irreverencia que se convertirían en su sello personal durante el resto de su vida.  Además, "el padre apareció a los tres meses. Oleg le había salvado la vida", relata Duque.  

Oleg Karavaichuk toca el piano del Hermitage
Oleg Karavaichuk toca el piano del Hermitage

o era fácil ser en época estalinista hijo de disidentes estalinistas. Y aunque contaba con la admiración del dictador, sus composiciones nunca lograron sobrevivir a la censura. "Esa es también la razón por la cual lo censuran. Si eres hijo de alguien que está en contra de la revolución, en contra del régimen, allí dicen que tienen que pasar tres generaciones para que la siguiente generación sea revolucionaria; es una forma de adoctrinamiento. Él sólo por ser hijo de disidentes ya estaba marcado", expone el director. Un niño prodigio, considerado un genio pero condenado al ostracismo artístico de por vida. "Entonces tuvo que vivir haciendo música para cine" y lejos de los focos mediáticos.

"En 2012, conocí a la comisaria del Museo de Arte Contemporáneo de Moscú. Empezamos a hablar de música y acabamos comentando la banda sonora que yo tenía de él. 'Ah, sí, Oleg Karavaichuk', me dijo la comisaria. 'Es un tema complejo para nosotros, pero conociendo tus películas, a ti te va a interesar mucho'. Y ella empezó a meterme el veneno". Y el veneno fue rápidamente inoculado y Duque empezó a, "sin entender nada de ruso, pasar horas viendo vídeos de Oleg, mirándole, atrapado por la gestualidad". "Empecé a notar que en el discurso, más allá de la soberbia, de que pueda ser un personaje que pueda caer mal, hay una nobleza y una ingenuidad que me parecen muy bellas".

“Había gente enfadada con lo que decía Karavaichuk sobre Stalin y Lenin y decían que estaba equivocado", prosigue el respondable de 'Color perro que huye' (2011) o 'Ensayo final para la utopía' (2012). "Pero la peli no va de eso". Karavaichuk no tiene problema en loar a los zares, loar a Stalin -quien no olvidemos, mandó a su padre a un campo de trabajo y a la vez que le regalaba un piano censuraba toda su obra- y loar a la Iglesia, todo seguido y sin pestañear. "A él le gustaba llamarse abuelita. Una abuelita que va teniendo ideas y las dice sin filtro. Para entenderle, como espectador, hay que romper con la coherencia. Esto es como un juego en el que te dejas llevar por él. Es divino. Es una experiencia estética. Va asociando todo el rato unas ideas muy locas que a mí me encantan".

Por algo en San Petersburgo le conocían como 'el músico loco'. Porque de la mano de su genio musical vino un universo propio e inigualable. "Este señor tenía una visión del arte -más allá de convincente o no- que para él era algo vital. Hacía una total defensa de la libertad, de lo incómodo, lo provocador, de lo que no encaja en la sociedad. Yo siempre he trabajado de forma muy intuitiva. He hecho varios retratos, siempre de personas que están al margen de la sociedad, pero que tienen una visión de las cosas genuina e inspiradora. Me pasó con Zulueta. Me pasó con una mujer que conocí en la calle y con la que hice 'Paralelo 10' y con Oleg me volvió a ocurrir".

Sin embargo, una vez que se pusieron en contacto y decidieron sacar a delante el documental, la cosas no fueron fáciles. Con Karavaichuk nada podía ser fácil. "Era como un actor en una obra de Beckett. Con él sólo se podía rodar introduciéndole a un mundo de juego, como un niño. No podía hacerlo si no hay sensibilidad, sentimiento o fantasía", admite Duque. "Me dejó grabarlo muy poco tiempo, unas dos semanas, en total ocho días. Y eso sumado a una serie de complicaciones que tuve", lamenta Duque. "Oleg sólo se dejaba grabar por un cámara, que es el que le ha grabado toda la vida. Él no puede estar con nadie más. Y Boris Alekseev es la única persona que ha podido ponerle un micrófono. Una de las cosas que más agradezco haber conseguido es a Alexey Smychenko, mi traductor, que sin saber nada de cine ni ser intérprete -era filólogo- para él era un reto traducir a Oleg. Y se implicó tanto que al final podía prever las cosas. Se acabó comportando como un productor o un asistente de dirección. Es un genio".

Es innegable que 'Oleg y las raras artes' era un proyecto frágil, un embarazo de riesgo. A pesar de que el rodaje fue corto, Duque estuvo detrás del proyecto durante más de dos años. "Yo tenía fe", confiesa. "Para mí el cine no se corresponde a una dinámica de trabajo de equipo con un guión preconcebido. Yo, sencillamente, conozco a alguien que me interesa o paso por un momento de mi vida y decido reflejarlo y, entonces, mis películas parten de algo más espontáneo. Yo siempre había trabajado con mis medios. Pero esta vez tenía una productora, había más gente implicada y, por eso, me llegué a pelear muchísimo con Oleg al principio. Es una apuesta por otro tipo de cine".

Karavaichuk, que había decidido ocultarse del bullicio mediático, por fin sucumbía ante una cámara y dejaba que le grabaran tocando el piano de los zares del Hermitage-es el único que tiene permiso-, e incluso en su pueblo natal, algo inaudito. "Oleg tenía la muerte muy presente y quizás fue por eso por lo que aceptó hacer la película. Siempre nos recordaba que se iba a morir y yo le decía: 'Antes me muero yo atragantado con un cacahuete que tú'", recuerda el venezolano. "Fue estrenar la película, invitarlo al festival Punto de Vista, sentir él que había conseguido atraer de nuevo más atención, crear Fundación Oleg Karavaichuk y en junio, de un día para otro, una neumonía fulminante se lo llevó".

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