cuatro conciertos a su paso por españa

Red Hot Chili Peppers, del calcetín en el pene a reventar estadios

El grupo californiano agota las entradas de sus dos fechas en el Palacio de los Deportes (Madrid) y otras dos en el Sant Jordi (Barcelona)

Foto: Red Hot Chili Peppers actúan en el Roskilde Festival de Dinamarca el pasado junio
Red Hot Chili Peppers actúan en el Roskilde Festival de Dinamarca el pasado junio

Rebobinemos hasta principios de los años noventa, en plena explosión del llamado rock alternativo. Kurt Cobain (Nirvana) está en todo lo alto y decenas de grupos que salieron del 'underground' estadounidense han tomado al asalto las listas de éxitos. Nirvana, por ejemplo, desalojaron 'Dangerous' de Michael Jackson del primer puesto de ventas con su su legendario 'Nevermind'. En esta nueva época, mandan la suciedad guitarrera del grunge, la sutileza indie de grupos como R.E.M y el batallón de adictos a la distorsión guitarrera. Se han hundido en la miseria los grupos de heavy-metal clásico con melenas cuidadas y look entre glam y macarra. Gus N’ Roses son superestrellas, pero no durarán mucho.

Cartel de los Red Hot Chili Peppers
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Cartel de los Red Hot Chili Peppers

En ese contexto, pegan el pelotazo Red Hot Chili Peppers, una banda de California que se ha hecho famosa por un póster donde sus miembros posan desnudos, con un calcetín tapando sus miembros viriles. Su álbum clásico, el doble 'Blood Sugar Sex Magik' (1991), coloniza la MTV con un pegadizo pelotazo funk ('Give It Away') y un baladón melancólico ('Under The Bridge'). Treinta años después, con la mayoría de sus compañeros de generación en el desguace o reuniéndose a regañadientes, ellos siguen llenando estadios por todo el mundo. ¿Cómo se las han arreglado?

Red Hot Chili Peppers, del calcetín en el pene a reventar estadios

Azúcar Moreno

Vamos directos a los motivos de su éxito. Para empezar, eran de los poquitos "alternativos" que conocían algo de música negra. Su disco 'Freaky Style' (1985), había sido producido por George Clinton, uno de los tótems mayores del funk, el estilo más rotundo y sudoroso de la música negra. Durante las sesiones de grabación, Clinton les soltó una frase cordial, pero que condensa todo el racismo de la industria discográfica occidental: "Chicos, vosotros conseguiréis un Grammy antes de que yo lo haga". Por supuesto, la profecía se cumplió, a pesar de que Clinton compusiera e interpretara decenas de himnos clásicos, que sirvieron de base para innumerables bases de hip-hop.

El caso es que los Peppers tenían más cultura musical negra que sus competidores blancos, que en su mayoría solo habían escuchado en profundidad a Jimi Hendrix. Con sus ritmos negroides, que apestaban a sexo y desmadre, el grupo se convirtió en banda sonora de las fiestas de fraternidad de muchas universidades estadounidenses. Fue la etapa dorada del mestizaje entre rock, rap y funk, con bandas como FishboneLiving ColourPrimusBeastie Boys y Faith No More, casi siempre mejores que los Peppers.

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Los Eagles con tatuajes

También les ayudó a triunfar su potente imagen y el carisma de su vocalista Anthony Kiedis, su desquiciado bajista Flea y el añorado y excéntrico guitarra John Frusciante. Hablamos del tiempo en que se llevaba el pelo sucio y/o teñido de colores, combinado con camisas pasadas de talla o pecho descubierto, luciendo tatuajes. Los jóvenes estaban cansados de dinosaurios sementeros, tipo Led Zeppelin o The Eagles, que sus padres le habían machacado en los viajes en coche, pero Red Hot Chili Peppers les daban una versión diferente de las mismos recursos y emociones. Seguramente la balada 'Californication' es el 'Hotel California' de la generación alternativa.

Precisamente, 'Californication' (1999), fue el último disco relevante de su carrera. Se trata de una colección de rock clásico que ni mata, ni engorda, pero encaja como un guante en las radiofórmulas y cadenas de videoclips de todo el mundo. Desde entonces, cada disco suena más como una parodia de sí mismos, incluyendo el último, 'The Getaway', publicado este verano, del que apenas tocan unas cuantas canciones en la actual gira, aunque caigan 'Dark Necessities', 'Go Robot' y 'Sick Love'. Ojo a las declaraciones que dieron al diario 'El Mundo', el pasado mes de julio: "somos gilipollas dispuestos a admitirlo. Seguimos juntos por las ridículas cantidades de dinero que nos pagan". Se agradece la honestidad.

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Ocho rechazos

Hablamos claro: el grupo cuenta con millones de seguidores leales, pero escaso prestigio entre sus compañeros de profesión. Por ejemplo, cuando murió David Bowie, tuvieron la valentía de compartir la anécdota de que estuvieron años insistiendo al británico en que les produjera un disco, pero que les rechazó hasta en ocho ocasiones. Sencillamente: no le estimulaba trabajar con el grupo. Y eso que 'El duque' había apoyado de distintas maneras a artistas menos lucrativos como Placebo, Suede y Arcade Fire. Después de treinta años haciendo entrevistas a músicos muy diferentes, nunca nadie me ha citado a los Red Hot Chili Peppers como una influencia.

Recientemente, la cadena Fox News les llamó "el peor grupo del planeta" y "sucedáneo de Faith No More". En el fondo, seamos honestos, Red Hot Chili Peppers son dinosaurios del funk-rock. Hacen funk para quienes no les gusta el funk, de la misma forma en que Lenny Kravitz hace rock para gente a la que no le gusta el rock. Básicamente, podemos definirles como un grupo de fans: si te encantan, te lo pasas pipa en sus conciertos, si no eres un devoto te aburres a los veinte minutos. En España, su huella ha sido entre testimonial y lamentable, pensemos en bandas tan insulsas como Psilicon Flesh o en la estética y envoltorio de 'Psychofunkster Au Lait',  fallido álbum de La Unión.

Red Hot Chili Peppers, del calcetín en el pene a reventar estadios

Compromiso político

A pesar de lo que pueda parecer, Red Hot Chili Peppers no son estrellas decadentes desconectadas de la realidad. Entre otras causas, apoyaron con entusiasmo la candidatura presidencial de Bernie Sanders, ejerciendo de cabezas de cartel del mayor concierto para recaudar fondos de su campaña, el pasado cinco de febrero en Los Ángeles. No contentos con dedicarle una versión de Bowie, el batería Chad Smith decoró su instrumento con un retrato de Sanders con un rayo cruzándole la cara, al más puro estilo del camaleón pop.

En septiembre de 2015, el bajista Flea publicó un comunicado donde declaraba que “Bernie Sanders es el único candidato remotamente razonable para la presidencia de Estados Unidos”. Luego explicó ampliamente su postura en Rolling Stone, destacando que admiraba al senador de Vermont por su rechazo a aceptar dinero de grandes corporaciones y por su defensa de una educación y sistema sanitario gratuitos.  “Le ofrecimos pagar los 30.000 dólares que costaba alquilar la sala donde se daba el concierto para recaudar fondos, pero nos dijo que no podía aceptar tanto dinero”, recuerda. 

Vida salvaje

Posiblemente, el último producto interesante relacionado con el grupo sea 'Scar Tissue' (2004), las memorias de Anthony Kiedis, que este año publica Capitán Swing. Más que una biografía, se trata de un fresco del lado salvaje de Los Ángeles, donde Kiedis se engancha a las drogas y al alcohol a los trece años, de la mano de un padre, camello de las estrellas. También explica que perdió la virginidad con la novia de su progenitor. De adolescente, paseaba por fiestas de Cher y se iba de juerga con Keith Moon, el batería kamikaze de The Who. Luego llegaba a clase sin dormir y se hacía amigo de los compañeros más raros.

Por supuesto, se habla del continuo abuso de drogas en la banda y de la muerte por sobredosis de heroína de su primer guitarrista, Hillel Slovak. El bajista y amigo del alma, Flea, se enteró por el libro de que Kiedis se había acostado con su hermana y dejó de leer (también por desacuerdos con los enfoques de Kiedis). En 2008, se anunció que HBO iba a hacer una serie basada en las memorias, pero después de muchos retrasos y la reventa a FX, parece que el proyecto sigue atascado.

Red Hot Chili Peppers, del calcetín en el pene a reventar estadios

Red Hot Chili Peppers actúan hoy y mañana en el Palacio de los Deportes (Madrid) y el sábado y domingo en el Palau Sant Jordi (Barcelona). Todas las entradas están agotadas.

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