miguel brieva publica 'lo que me está pasando'

Del 15 M a los 'emperdedores'

Miguel Brieva publica 'Lo que me está pasando', una novela gráfica sobre el paro, la depresión y la revolución, en la que la imaginación aparece como la única salvación a esta crisis

Miguel Brieva tiene un quitamanchas edición especial, con el que limpia las palabras pervertidas y las deja del revés. Ha rociado “emprendedor”, ha pasado el trapo y le ha salido “emperdedor”. “La idea de emprendedor es tan falaz y tan irreal, que el emperdedor es su mejor retrato”, explica a este periódico. “Una sociedad no se puede fundamentar en ese anhelo. Es el mito con el que se llenan la boca los políticos. El señuelo: tú sigue comiendo yogures, que algún día te toca”.

El juego de palabras es marca de la casa y en este caso, además, un revés en la línea de flotación de ese cuento chino que empieza en un garaje y acaba en una tienda en el edificio del Tío Pepe, en la Puerta del Sol. Acaba de publicar un “diario de un joven emperdedor”. Lo ha titulado Lo que me está pasando (Reservoir Books), pero podría haberlo llamado Lo que está pasando. Ya saben: paro, paro, paro y mucha depresión.

Paseamos por la calle con Brieva porque se ha metido en su primera novela gráfica y es un relato callejero, de plaza y parque. De personas que se buscan la vida en medio del hundimiento. Nadie está libre de caer, pero nadie está incapacitado para levantarse. Éste es un retrato optimista de la miseria de estos días, que ha traído un nuevo ciclo político y social dispuesto a decir “no”.

Cuenta que Víctor, el protagonista, prueba todos los trabajos que se le ponen a tiro. Todos, basura. Prueba a vivir en otra realidad para salir de esta, escapar para evitar el dolor y la incomprensión de un mundo cada vez más extraño y desabrido. Y alucina, en colores. Seres que se le aparecen, formas que ocupan la ciudad, fantasías para resquebrajar la realidad.

Brieva acude a una cita del músico Frank Zappa: “La realidad no es más que una alucinación colectiva”. Y otra de G.K. Chesterton: “Loco es aquel que lo ha perdido todo, salvo la razón”. Una de Hunter S. Thompson: “Si vas a volverte loco tienes que conseguir que te paguen,  o si no acabarán encerrándote”. “La imaginación es libre. El hombre, no”, de Luis Buñuel. Con cada nueva entrada del diario de Víctor, el autor introduce una de estas citas y unos minerales peculiares y propios de esta espesura: “pirita traumansis”, “barita ansiosoide”, “dolomita somnoliense” o “frustracita común”.

“Podría haber contado lo que es una persona y cómo se deprime, porque está en el paro. Me interesaba sacarle punta a otras aristas”, avanza al hablar de un libro que es mucho más agrio que el resto de sus trabajos. La ironía aparece en destellos muy contados. Si han leído a Brieva en Dinero, Bienvenido al mundo, El otro mundo, Memorias de la tierra, etc. encontrarán otra cosa, “pero es que el contexto no es gracioso, es un tema que no podía abordarlo desde el humor”.

Lo que me está pasando está contado desde ahí, desde la primera persona, con recursos gráficos mínimos, limpios y contundentes. Blanco y negro sobre un papel que simula pergamino y toques de color justos para subrayar. Sobre todo, cuando el personaje sufre los desvaríos. Las alucinaciones coloreadas, para indicar que está en su mundo.  

“Es que sus desvaríos son su única válvula de escape para escapar de su frustración. Es una sociedad esquizofrénica. Ciertos comportamientos locos tan vez sean la postura más cabal. ¿Cuántos han estado fuera de esa cordura y han sido capaces de hacer algo por este mundo?”, pregunta sin esperar respuesta. Y dispara un titular: “En este momento sólo la imaginación puede salvarnos. La tecnología no va a ser”.  

Por eso no es un libro de realismo social, por eso es un libro político aunque no politizado. Por eso ha imbricado realidad con escapismo fantástico, para mostrar que “la depresión y todas estas patologías que se achacan a un fracaso individual no se puede vivir de modo personal, porque su fundamento es un gran fracaso social”. “Sólo mediante la acción política podemos solucionarlo. No tomando antidepresivos ni encerrándonos en nosotros mismos, sí uniéndonos a los demás”, añade.

En nuestro paseo hablado hemos llegado hasta el Parque de la Cornisa, junto a la Iglesia de san Francisco el Grande, en Madrid. Brieva ha elegido este lugar para montar una batalla campal de vecinos contra autoridades, que defienden la decisión política de acabar con el parque. Aunque en el cómic no aparezca, esta escena se inspira en la construcción del Mini Vaticano que se ha logrado parar gracias a la lucha vecinal. La gente del barrio defendiendo lo suyo. Un buen final para cualquier historia.

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