la feria del arte vuelve a ser decorativa

Colombia calienta Arco

La decoración es, por quinto año, el plato fuerte de la feria de arte contemporáneo. Algunas galerías escapan de lo convencional y el país invitado devuelve la vida a los pasillos de Ifema

El artista agita el bote de spray y rocía el lienzo. No esperen rojos sangrientos. Es un bote de blanco, sobre la tela blanca. Tampoco verán óleo. Faltan unas horas para abrir Arco al público y Jorge Perianes (Ourense, 1974) ultima una de esas obras que se han convertido en impropias en los últimos cinco años en el recinto de Ifema. Ahora, a fuerza de marcar la línea editorial desde la dirección del evento, la decoración es el plato fuerte en las casi 190 galerías. La propuesta de Perianes es una de las excepciones, no encaja en las listas de compra de los grupos de decoradores, que avanzan por los pasillos añadiendo al carrito de la compra kilos y kilos de pintura abstracta.

La suya es de las “invendibles”. No por el precio, 18.000 euros. Ha montado un lienzo que mira hacia la pared, en contra del público y a favor de todos los focos. Qué importa la imagen, lo importante (en Arco) es la vanidad cegadora. Es el tipo de obra, lamentablemente, a la que se refiere el último informe de Artprice, donde se asegura que “aunque la caída de los precios favorece la compra de obras, la situación resulta especialmente difícil para los artistas jóvenes y para las galerías del mercado primario”. El estudio describe una situación “catastrófica”, en la que más del 70% de las obras de artistas españoles contemporáneos no encuentra comprador, cuando en el resto del mundo esta tasa no supera el 40%.

El artista gallego está incluido en la selección de la galería Max Estrella, dirigida por Alberto de Juan, que –tal y como cuenta a este periódico mientras ultima el montaje del stand, para tenerlo listo hoy– ha decidido bajar los precios. Explica que han hecho “como si los museos estuvieran activos”, como si tuvieran presupuesto para cubrir compras significativas de arte contemporáneo español. A pesar del buen ánimo que siempre mantiene uno de los referentes del mercado, el patrimonio artístico actual cae en el vacío o en los almacenes de las galerías donde espera el rescate. Artprice habla de “una tasa de obras de arte contemporáneo no vendidas realmente inquietante”.

El artista Jorge Perianes ultimando su obra expuesta en Max Estrella. (EC)
El artista Jorge Perianes ultimando su obra expuesta en Max Estrella. (EC)

“EL FUTURO NO ES DE NADIE TODAVÍA”, se lee en la obra que está rematando Eugenio Ampudia (Madrid, 1958), cerca de Perianes. Puede ser “la pieza de Arco”. Eso es lo que más le gustaría a su galerista. Han imantado la pared para lograr que las tiras métricas amarillas queden adheridas a ella. Cuando los metros están extendidos, puede leerse la proclama. Pero está pensada para intervenirla, que el público se acerque y los mueva hasta desmigar el futuro o la posesión. 8.000 euros más IVA.

Como Max Estrella, Casa sin Fin es otra de las galerías que no se convierten en tiendas durante estos cinco días y mantiene una propuesta curatorial rigurosa con sus artistas. Daniel Andújar (Alicante, 1966) es uno de ellos, es más, es uno de los artistas en la cresta ola gracias a la magnífica exposición que estos días puede verse en el Museo Reina Sofía, comisariada por Manuel Borja-Villel. En Arco ha clavado en la pared 323 fotografías de drogas que se pueden comprar en la “internet oculta”.

El mosaico es tan impactante como que todo eso –además de dinero falso, matones y pederastia- circule libremente en un internet paralelo, que no se encuentra en los navegadores tradicionales como Google. Es un Atlas de las drogas, titulado El capital. La mercancía

Colombia está que arde

“Yo no sé por qué me invitaron”, suelta irónico el colombiano Pablo Gómez, uno de los artistas incluidos en la selección de los representantes de las diez galerías que acuden a Arco desde Colombia, país invitado. Se lo pregunta porque dice que no tiene nada que ver con las ferias, que él es un artista conceptual y la pintura no le interesa. “A mí no me comprará nadie”. De hecho, no sabe por cuánto puede comprarse la pieza que remata, en la que se pregunta por el progreso y el precio tan alto que el ser humano está pagando por él. La obra es una empresa dedicada a la demolición de edificios.

Al otro lado del pasillo exponen María Alejandra Garzón y Edgar Jiménez. Éste último, de 19 años, reivindica la presencia de su raza, la negra. Reutiliza fotogramas de películas de Serie B de los setenta y ochenta y los trasporta a lienzos que pinta. Por su parte, Garzón muestra bordados sobre la utilización y el control de la representación de la mujer en los medios de comunicación de masas. Desde lo más erótico a las noticias protagonizadas por ellas. Su galerista asegura que estas propuestas aportarán a Arco “algo fresco y diferente”.

Jorge Magyaroff está tirado en el suelo, pintando la pared en la que cuelga su lienzo rojo, desnudo de bastidores, clavado directamente sobre el muro y chorreando rojo. Está apurando la que es una de las propuestas pictóricas más potentes de la feria. O sangre, porque para el artista colombiano este color invoca a la vida y a la muerte. Lo más interesante es que Magyaroff pretendía llegar a la escultura desde la pintura. También la pintura como accidente y el arte como casualidad invitada a participar, en segundo plano, de los negocios del mundo comercial. Que empiece Arco.

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