Goya se rebela contra el 'blockbuster'
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londres expone su inédito 'album d'

Goya se rebela contra el 'blockbuster'

La Courtauld Gallery de Londres exhibe juntos por primera vez y en su secuencia original los 23 dibujos del llamado Album D del pintor español

Foto: 'Mujer mala', de Francisco de Goya,  c1819- 23 (Courtauld Gallery, Londres)
'Mujer mala', de Francisco de Goya, c1819- 23 (Courtauld Gallery, Londres)

En el mundo de las exposiciones hay ‘blockbusters’ concebidos para hacer caja y mucho ruido mediático y luego hay muestras pequeñas, cuidadas, importantes pero silenciosas, como la que se inaugura el jueves en la Courtauld Gallery de Londres, titulada Goya: el álbum de las brujas y las viejas. Ocupa sólo dos salas pero cualquiera que admire al pintor español y quiera conocer uno de sus trabajos más crudos, francos y directos debería hacer parada en esta muestra única, que no viajará y que estará abierta hasta el próximo 25 de mayo.

En ella se exhiben juntos por primera vez y en su secuencia original los 23 dibujos del llamado Album D de Goya, fechado (sin absoluta certeza) entre 1819 y 1823. Además otra veintena de apuntes, aguafuertes y litografías del artista contribuyen a darnos el contexto en el que se concibió este cuaderno, uno de los ocho álbumes privados en los que trabajó entre 1796 y 1828, año de su muerte.

Hay viejas que bailan, vuelan y se tiran de los pelos entre ellas, apenas sugeridas en unos pocos trazos. Hay un hombre mayor con el trasero al aire al que azotan entre varias brujas. En otro dibujo – todos en tinta negra- una de ellas carga con varios bebés que cuelgan de un palo, en un gesto que no insinúa nada bueno, pese al título, Buena Echicera. Sobre el rótulo Mujer mala otra bruja siniestra se dispone a devorar a un recién nacido en uno de los dibujos más inquietantes del cuaderno. Hay mujeres curvadas sobre sí mismas que llevan sobre su espalda el peso de la vida y Goya lo proclama en el título del dibujo, No puede ya con los 98 años. Y otras cadavéricas durmiendo espatarradas y que podrían sean hombres y sobre las que el artista ironiza en dibujos como “Yo oigo los ronquidos”.

placeholder 'No puede ya con los 98 años', Francisco de Goya, (Courtauld Gallery de Londres)

Todos los dibujos, en hojas de unos 23x14 cm, formaban parte de un cuaderno que nunca estuvo destinado a ser público, como tampoco los otros siete álbumes, a los que se ha dado los títulos de letras, de la A a la H. Tras la enfermedad que cerca de los cincuenta años le dejó sordo y depauperado de por vida, Goya comenzó a dibujar para él, sin intención de mostrar las obras más que a su círculo de amigos más íntimos. Tras su muerte en 1828 las páginas de esos cuadernos se arrancaron y los dibujos se desperdigaron por el mundo. Hoy viven en colecciones públicas y privadas. Dieciséis museos han contribuido con sus obras a esta muestra en la que por primera vez se intenta reconstruir la secuencia original de los dibujos del Álbum D, tras un exhaustivo trabajo de investigación que se recoge en el excelente catálogo.

Adiós a los falsos Goya

“Muchas de las figuras no se sabe si son hombres o mujeres. Yo creo que estaba simplemente fascinado por los viejos, como lo estaba por muchas otras cosas. Se ha querido ver en este álbum una obsesión personal con la vejez pero creo que lo que Goya hace es simplemente trabajar alrededor de la sátira y al mismo tiempo celebrar la fuerza de la vida incluso entre gente mayor”. Juliet Wilson-Bareau, principal comisaria de la muestra, junto a Stephanie Buck, de la Courtald Gallery, se lo explica a El Confidencial durante un encuentro en su casa londinense, sumergida entre libros de Goya. Y es que además de esta exposición también está colaborando con la National Gallery en la preparación de la muestra (¿un blockbuster?) que se inaugurará en octubre dedicada a los cincuenta mejores retratos del artista y con el Museo del Prado y la Fundación Botín en la elaboración del primer catálogo razonado de los dibujos de Goya. La conversación se trasladará más tarde a la exposición.

El nombre de Wilson-Bareau le resultará familiar a quien haya seguido los diferentes terremotos en los que se ha visto envuelto Goya en años recientes. Esta mujer menuda, afable y cargada de entusiasmo fue, junto a Manuela Mena, conservadora de pintura del siglo XVIII y Goya del Museo del Prado, una de las primeras que expresó sus dudas entorno a la autenticidad de El Coloso, que en 2008 le fue finalmente desatribuído al pintor español, con el consiguiente escándalo nacional.

“Yo soy una apasionada de Goya, a mí lo que me gusta es entenderlo. No voy por ahí firmando autentificaciones. Ése no es mi trabajo. Pero cuanto más sabes sobre un pintor más recursos tienes para ver su obra y yo con el tiempo he ido cambiando de idea respecto a cuadros y dibujos. Se te cae el velo de los ojos y descubres falsificaciones y pastiches, como El Coloso. Goya era un artista de preparación clásica y en El coloso eso no se ve, en realidad está pintado de forma torpe. Mi intención, simplemente, es ser fiel a la verdad, ser fiel a Goya y su imagen ha sufrido un flaco favor con muchas atribuciones tempranas que ahora estamos empezando a descubrir que no le pertenecen” dice.

placeholder 'Pesadilla', Francisco de Goya, c. 1816-20 (Courtauld Gallery)

“Cada vez que se le desatribuye una obra, Goya crece porque realmente era un artista extraordinario incapaz de ‘tener un mal día’, que es la excusa que se solía dar para las obras que despertaban dudas. En su trabajo todo tiene una lógica, una unidad, un sentido. Él era incapaz de hacer un mal cuadro y por eso los cuadernos privados son muy importantes porque no se realizaron para ser publicados y se ve su trabajo en crudo. Tienen características físicas muy fuertes, todos los dibujos son buenos y sabes que indiscutiblemente son suyos”, explica esta experta que lleva más de cuarenta años dedicada a estudiar al pintor aragonés y cuya preparación tiene su base en el estudio pormenorizado de las estampas de Goya (“la mejor escuela para entenderle”) ya que trabajó durante años junto a Tomás Harris, uno de los grandes expertos en grabados del artista. Además ha firmado junto a Pierre Gassier la que se conoce desde 1971 como la biblia de Goya, el libro Goya, vida y obra.

Sátira y vejez

Las imágenes que desgrana esta exposición son grotescas, siniestras, satíricas y en ellas Goya “trabaja mucho la caricatura” afirma la comisaria. Además se intuye no sólo la crítica hacia la iglesia o las altas clases sociales sino también una voluntad por explorar “la parte más vulnerable del ser humano, nuestros temores, nuestras pesadillas, nuestra mortalidad. No obstante, era un escéptico y queda claro en los títulos de algunos de los dibujos” continúa Wilson-Bareau. No son ni bocetos ni detalles preparatorios para grabados o lienzos. Son, simplemente, “sus pensamientos y observaciones del ser humano”, y en el caso del Álbum D, se centran en brujas y ancianos. Goya reflexiona sobre los problemas de la vejez, como en ese dibujo en el que se ve a una vieja de nariz prominente hablando solitaria con su gato o esa otra enfurruñada que se dice a sí misma ‘¡Qué disparate, pensar aún en matrimonio!’.

“El Álbum D es el más pequeño y menos conocido de todos. Sus hojas están repartidas por todo el mundo y se han mostrado poco porque hay otros aparentemente más espectaculares, como el del borde negro (Álbum E), que cubre más temas y son dibujos más acabados, pero lo cierto es que en estas viejas y estas brujas que después él desarrolla en otras obras se ve perfectamente la genialidad de este artista que era capaz, en unos pocos trazos, de retratar todas las facetas de la naturaleza humana. Lo que hace es mágico, es como los calígrafos chinos de hace siglos, nos permite que completemos la imagen que él apenas sugiere y que sin embargo, está ahí de forma muy precisa” explica la historiadora frente a las obras en la Courtauld Gallery.

Conoce los detalles y los pormenores de cada uno de los dibujos y se entusiasma al mostrar también las obras que ha seleccionado para poner en contexto este cuaderno. Entre ellas están dos de las primeras litografías realizadas por Goya, Expresivo Doble Fuerza y La violación, cuya fecha tampoco es exacta pero se sospecha que se realizaron entre 1819 y 1822, los mismos años a los que podría pertenecer el Álbum D. En ellas se muestra a dos parejas luchando. El enfrentamiento entre los cuerpos de estas dos litografías se repite en otras obras de Goya pero sin duda hay una conexión con algunos de los dibujos del Álbum D, que se abre con una viejas peleando agarradas entre ellas.

Además hay nueve láminas procedentes de Los Caprichos, entre ellas El sueño de la razón produce monstruos, una imagen ya universal a la que se le ha tratado de dar docenas de interpretaciones –el enfrentamiento entre las luces y las sombras durante la ilustración, el conflicto entre razón e imaginación, etc- y que sin duda es una piedra angular en la producción de este artista aragonés al que si estuviera vivo, la primera pregunta que Juliet Wilson-Bareau le haría sería cuáles son las obras que realmente pintó. Para ella y la comisaria Stephanie Buck, no existe ninguna duda respecto a las que se exhiben en esta muestra: “Es el Goya más esencial y verdadero”.

Londres Francisco de Goya
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