estreno de 'la piedra oscura'

El último amor de Lorca revive en el teatro

Alberto Conejero en la dramaturgia y Pablo Messiez en la dirección recuperan a Rafael Rodríguez Rapún, un hombre que fue mucho más que la pareja del poeta

Foto: Rafael Rodríguez Rapún junto a Federico García Lorca en el Hotel Reina Cristina de Algeciras (Herederos de Rodríguez Rapún)
Rafael Rodríguez Rapún junto a Federico García Lorca en el Hotel Reina Cristina de Algeciras (Herederos de Rodríguez Rapún)

Apenas seis páginas. Eso es todo lo que ha llegado hasta nuestros días de Rafael Rodríguez Rapún. Poco más allá de la imagen del último gran amor de Federico García Lorca, a quien dedicó sus tormentosos Sonetos del amor oscuro (1935), y que fue secretario de La Barraca. Pero la historia de Rafael es mucho más que esas dos líneas y eso es lo que ha rescatado Alberto Conejero en la obra de teatro La piedra oscura, que dirige Pablo Messiez en el Teatro María Guerrero (desde hoy y hasta el 22 de febrero).

"Rafael no es uno más. Fue el compañero de vida de Federico en sus últimos tres años de vida. Fue su gran amor y, de repente, apareció cierto tabú por el que no hablamos de él y se le coloca en oscuro. Y quizás ocurrió por ser más humilde y estar entre grandes nombres", explica Conejero. El dramaturgo sabía de la existencia de Rafael por las biografías de Lorca pero poco más a parte de esa relación dolorosa con Lorca y que había sido el destinatario de sus sonetos. 

"Me intrigaba por qué se sabía tan poco de Rafael si había sido tan importante en la vida de Federico García Lorca, por qué apenas ocupaba unas páginas y su figura estaba silenciada o siempre iluminada desde un punto de vista más amarillista", cuenta a El Confidencial. 

Me intrigaba por qué se sabía tan poco de Rafael si había sido tan importante en la vida de Lorca, por qué apenas ocupaba unas páginas y su figura estaba silenciada o siempre iluminada desde un punto de vista más amarillista

El historiador Ian Gibson, autor de múltiples biografías y obras sobre Lorca (la última Lorca y el mundo gay, de 2012), fue el que le puso en la pista de cómo podía bucear en la figura de Rafael. "Me dijo que su hermano Tomás, que murió el año pasado, estaba vivo y que le buscara", relata. Así fue como dio con su teléfono y le llamó. "Me preguntó que qué quería contar sobre Rafael. Balbuceé por teléfono que quería rescatar su imagen más allá del papel de compañero de... y me dijo: "Coja un taxi y venga".

De ahí surgieron varios encuentros en los que la familia de Rodríguez Rapún le abrió de par en par los archivos de Rafael. Todo tipo de documentación que recorren la vida de este hombre, hijo de un frutero y de una criada que estudió Ingeniería de Minas y Derecho, que se topó con Lorca con apenas 20 años cuando éste ya era un poeta y escritor reconocido y que acabó viviendo una de las experiencias teatrales más importantes del país como secretario de La Barraca. "La figura de Rafael merece atención por sí misma tanto como las de Eduardo Ugarte o Jacinto Higueras [animador y coordinador y miembro de La Barraca, respectivamente]".

En el archivo de la familia aparecieron desde libros de cuentas de La Barraca, donde se recoge que hay que comprar calcetines para Fuenteovejuna o los kilómetros que habían hecho en una gira, hasta fotos de las funciones, fotos personales de Rafael y Federico o primeras ediciones de libros de Lorca dedicados a Rafael, "un entrañable y leal camarada". Un tesoro que recupera a ese hombre "que se quedó fuera de la historia como un figurante" pero que fue muchísimo más que al último gran amor de Lorca.

Dedicatoria de Lorca a Rapún (Herederos Rodríguez Rapún)
Dedicatoria de Lorca a Rapún (Herederos Rodríguez Rapún)

No sólo tuvo un papel determinante en La Barraca sino que se relacionaba con Vicente Alexandre o Pablo Neruda, escribió obras y en la compañía era "una de esas figuras invisibles pero imprescindibles del teatro. Fue secretario, conductor en muchas de las giras, llegó a actuar de urgencia, escribió sobre La Barraca en 1934, llevaba las cuentas y era regidor en gira", señala. 

Creo que fue una relación llena de alegría. Rafael supuso para Federico la posibilidad real de estar acompañado y tener un compañero de vida

Pero por encima de todo, agrega Conejero, "he descubierto su amor profundo por los ideales educativos de la II República, la confianza en el teatro como arma poética de transormación social y su capacidad de encuentro, su rigor y afán, y el esfuerzo que hizo por no abandonar sus estudios ni abandonar el teatro. Y a una persona llena de vida e inmensamente alegre más allá del relato oficial que siempre habla de un amor torturado", asegura.

Evidentemente, prosigue el dramaturgo, su historia de amor con Lorca tuvo sus idas y venidas por la clandestinidad a la que estaba abocada, por la juventud y las dudas de Rafael -a quien describe Gibson como un heterosexual con mucho tirón entre las mujeres- y por los viajes del poeta, pero "creo que fue una relación llena de alegría. Rafael supuso para Federico la posibilidad real de estar acompañado y tener un compañero de vida", dice.

Teatro de la memoria

Todo ese material es el que ha dado forma a La piedra oscura y hoy, ya clasificado y ordenado, está sirviendo para que Alberto Conejero, tal y como prometió a la familia, escriba un ensayo sobre Rapún para el que todavía no tiene editorial. 

La obra, coproducida por el Centro Dramático Nacional y La Zona, parte de la historia real de Rapún y la traslada a la ficción. Rafael está en la habitación de un hospital militar cerca de Santander encarcelado y esperando su muerte. La noche antes de perder la vida comparte sus horas con Sebastián, un joven del bando sublevado que es su vigilante. Conejero mantiene la fecha y el lugar de la muerte de Rapún aunque en realidad, pese a que se suele decir que se dejó matar, murió por las heridas causadas por los bombardeos de un avión italiano ese 18 de enero de 1937, exactamente un año después de que Lorca fuera asesinado.

En esas horas terribles es cuando esos dos hombres se encuentran y descubren que tienen mucho más en común que lo que creen que les separa y en las que Rafael revelará su secreto, hablará de Federico y le pedirá a su carcelero ayuda con los últimos documentos y manuscritos del poeta. "La presencia de Lorca atraviesa toda la obra pero no he pretendido hablar de Lorca ni homenajearle, no osaría a ello. Habla de ausencias y la primera gran ausencia es la de Federico", asegura. 

Retrato de rafael rodríguez rapún (herederos de rodríguez rapún)
Retrato de rafael rodríguez rapún (herederos de rodríguez rapún)

Tampoco, añade, "es una obra sobre la Guerra Civil, aunque evidentemente trascurre durante la Guerra Civil y no hay que ocultarlo. Es uno de los grandes sucesos históricos de nuestro país, está en nuestro presente y estará en nuestro futuro pero no es una obra revanchista ni de ajustar cuentas. Ese es el sentido último de La piedra oscura. Precisamente lo que cuenta es el encuentro de dos víctimas de los dos bandos enfrentados y cómo la guerra todo lo destruye, también a los vencedores".

La bola negra, título de una obra que Lorca nunca llegó a escribir o se perdió pero de la que quedaron los personajes y unas primeras páginas, sirve para dar título a este montaje. "Cuando un chico quería entrar en un casino se votaba si podía o no y cuando votaban que no podía entrar por homosexual se hacía con una bola negra. Tomé el título porque ya habla de una ausencia, de la obra que ya no está. Y el simbolismo de la piedra como la eternidad, la lápida y el paredón y del oscuro de ese amor que cuesta ser y ser nombrado". Y una ausencia más, la del gran poeta español.

Es insoportable vivir en un país con desaparecidos

"Creo en la memoria colectiva. Me niego a pensar que la ciudadanía no pueda llegar a un mínimo de acuerdos sobre su pasado. El tener personas desparecidas en las cunetas es insoportable independientemente de quiénes sean. Sucede que son los que son, pero si fueran los otros diría lo mismo. Es insoportable vivir en un país con desaparecidos. Y esta obra nace de esa inquietud con mi presente y mi futuro", remacha Conejero.

Pablo Messiez, director de la función, asegura que el texto le conmovió y atrapó desde el principio por su "gran humanidad". "Habla de la importancia de la palabra y de la importancia del otro, de verlo y de poder estar en el otro. Y en este caso es más radical, porque el otro es el que está ideológicamente en la otra punta".

Daniel Grao da vida a Rafael, "el personaje más bonito que he hecho en mi vida", dijo. "Para ser nosotros y pasar página y avanzar, la única forma es la toma de conciencia para unirnos", subrayó. El joven actor Nacho Sánchez, seleccionado de un taller realizado durante tres días con 18 actores, da vida a Sebastián, ese jovencísimo e inocente soldado del bando nacional que toca en una banda de música de su pueblo y que esa noche vigila a Rafael. "Ha sido una gran oportunidad para mí y hay mucha gente que se está formando en las escuelas públicas que merece una oportunidad así y hacerse hueco en esta profesión", señaló.

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