Católicos y trabajadores se quejan

La crisis de las ‘cerillas quema iglesias’ acorrala al director del Museo Reina Sofía

Hoy a las diez y media de la mañana, Manuel Borja-Villel, director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía desde enero de 2008, recibirá a

Foto: El director del Museo de Reina Sofía, Manuel Borja-Villel (EFE)
El director del Museo de Reina Sofía, Manuel Borja-Villel (EFE)

La crisis de las cerillas en el Museo Reina Sofía crece cada día tanto que se podría parafrasear la polémica frase de Durruti, que ha incendiado la ira católica: el único museo que ilumina es el que arde. Hoy a las diez y media de la mañana, Manuel Borja-Villel, director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía desde enero de 2008, recibirá a cuatro representantes de la Asociación Española de Abogados Cristianos, que le exigirán la retirada de cinco piezas del colectivo argentino Mujeres Públicas, incluidas en la muestra Un saber realmente útil.

Por su parte, el director, tal y como comentó en rueda de prensa durante la firma de la entrega del fondo Soledad Lorenzo, quiere hacerles ver que la entidad “no ha censurado ni puede censurar la obra de un artista, pues atentaría de lleno contra la libertad de expresión, que viene amparada por nuestra Constitución”. Sin embargo, los abogados –tal y como ha asegurado Polonia Castellanos, presidenta de la asociación, a este periódico– plantarán sobre la mesa una querella contra el propio Manuel Borja-Villel, Código Penal mediante, que tramitarán en los juzgados esta misma mañana en caso de que el director no cumpla con sus exigencias.  

Manuel Borja-Villel se reúne hoy con la Asociación de Abogados Cristianos que amenazan con una querella contra él, mientras los trabajadores redactan un comunicado airado contra la política de su dirección

“Sólo pedimos que se retiren cinco obras porque rozan lo delictivo. Llevamos preparada la querella contra el director del museo. Si llegamos a un acuerdo la romperemos, porque los abogados siempre lo intentamos primero por la vía amistosa. Pediremos medidas cautelares, porque es una incitación y una provocación clara”, explica Castellanos. “Ninguna confesión religiosa puede ser vejada. No cabe otro tipo de medida más que la retirada inmediata de las obras que incitan al odio”. Para la abogada lo grave del lema que aparece en la cajita de fósforos es ese “¡Contribuya!”, que acompaña al lema anarquista: “La única iglesia que ilumina es la que arde”.

Anuncia más batalla en Presidencia del Gobierno, con quien ya han mantenido conversaciones por esta polémica. “Tenemos una estrategia de medidas de presión lícitas que pondremos en marcha”, anuncian. La Asociación se queja, además, de que la institución reciba 33 millones de euros del Estado y “se tolere que se juegue con las creencias de los católicos”. Sin embargo, el ministro de Educación, Cultura y Deporte ya se quitó de en medio del problema en rueda de prensa, al asegurar que el museo y su director tienen plena autonomía. “El propio director ha tomado una serie de iniciativas encaminadas a que se evite en la medida de lo posible la herida de la sensibilidad”, añadió José Ignacio Wert.

Los trabajadores, también en contra

Los problemas para Manuel Borja-Villel no acaban ahí. Hoy, treinta patronos vinculados al Museo Reina Sofía, así como el propio Wert (no así José María Lassalle ni Borja-Villel), recibirán una carta devastadora de los propios trabajadores de la institución contra las decisiones de la dirección sobre esta muestra. Este periódico ha tenido acceso al escrito, que los empleados han preferido no firmar por miedo a las represalias que “en el pasado se han producido contra quienes no han comulgado con el pensamiento único que se ha impuesto en los últimos años por parte de la dirección”. Los trabajadores se quejan de censura por parte del museo que defiende la libertad de expresión. 

El comunicado de los trabajadores aclara que no desean que se les relacione con 'este tipo de muestras, que al margen de su escasa calidad artística o precisamente por ello, ocultan mensajes de discordia'

El comunicado dirigido a los patronos de la institución es tajante y acusa de ideologización del espacio público: “Como empleados públicos firmantes –la mayoría agnósticos– queremos dejar patente nuestro rechazo a lo que Manuel Borja-Villel llama “espacio de diálogo y reflexión”, en el que sólo tienen cabida sus posturas ideológicas y políticas y que camuflan en realidad “espacios de adoctrinamiento” y de revolución de cuarto de estar”. Las quejas señalan la obra como “apología de un delito” y ello “implica formar parte de un discurso que defiende, alaba, elogia o justifica la acción, inacción o pensamiento de cuestiones que no comulgan con la ley”. 

“Como trabajadores del Museo Reina Sofía, no deseamos que se nos relacione con este tipo de muestras, que al margen de su escasa calidad artística, o precisamente por ello, ocultan mensajes de discordia”. La petición de los empleados es que se eleven las quejas al Pleno del Patronato. El grupo anónimo lamenta ese “¡Contribuya!” de la cajita y se pregunta: “¿Qué ocurriría si cualquier otra obra expuesta en el Museo Reina Sofía incitase a la quema de homosexuales, sinagogas, mezquitas, razas distintas a la muestra o colectivos feministas? Nosotros nos levantaríamos de igual forma”. 

Declarar la guerra

Por último, este periódico ha tenido acceso a una carta que el responsable del Centro de Estudios y comisario de exposiciones en el museo, Jesús Carrillo, ha enviado, firmada con su cargo en la institución, instando a “compartir en redes sociales” la demostración de apoyo al museo mediante “la recogida de firmas puesta en marcha por CIMAM (Confederación Internacional de Museos de Arte Moderno) y el manifiesto redactado por la red L’Internationale”.

Jesús Carrillo, responsable del Centro de Estudios, pide por escrito defensa en redes sociales contra el 'ataque que está recibiendo el museo' por parte de 'ciertos círculos intransigentes'

“Querid@s, tal vez os hayan llegado noticias del ataque que está recibiendo el museo por parte de ciertos círculos intransigentes que pretenden que se censure la obra del colectivo argentino Mujeres públicas, perteneciente a la exposición Un saber realmente útil”, escribe Carrillo en el inicio de su misiva. Además, desvela cuál es la estrategia de comunicación que seguirá el museo en los próximos días, por lo que pide más colaboración para defender a la institución: “Aunque el museo no va a enfrentarse dialécticamente a estos ataques, es importante demostrar tanto a la sociedad como al ministerio que no estamos dispuestos a dar un paso atrás en libertad de expresión y, menos, en la capacidad del museo de ser una plataforma libre de presiones ideológicas de ningún tipo”.

El Centro de Estudios, amparado por el patrocinio de la Fundación Santander, es una de las piezas claves de la línea editorial de Manuel Borja-Villel, y Carrillo uno de sus hombres de confianza. Sin embargo, en este caso, fuentes de la dirección aclaran que se desvinculan por completo de esta carta, que consideran desafortunada, porque supone declarar la guerra a los críticos en plena crisis. El escrito da muestras de una institución que ha perdido el control.  

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