De 80 a 100 euros por un par de horas de música

Música popular a precios de un país sin paro

Hay artistas que parecen insensibles a la situación económica de su público. La afición a subir precios para la música en vivo cada vez es más frecuente

Foto: Joaquín Sabina en concierto en Buenos Aires, en septiembre. (Argentina). (Efe)
Joaquín Sabina en concierto en Buenos Aires, en septiembre. (Argentina). (Efe)

Hay artistas que parecen insensibles a la situación económica de su público. Joaquín Sabina dejó helada a la parroquia cuando anunció los precios para escucharle el próximo diciembre: lo más barato, 31 euros por el asiento de la sexta planta del Palacio de los Deportes de Madrid. Están al fondo, muy al fondo, tanto que cuando el rapero 50 Cent actuó en el recinto, en 2007, se rió de quienes habían pagado por esas localidades: "Tíos, para verme así mejor os ponéis el DVD de la gira en casa". ¿Las entradas más caras? 192 euros por un asiento cercano al escenario, que incluye cóctel de snacks, acreditación conmemorativa y otras chucherías. El precio general de pista es de 67,50 euros. Las 14.000 entradas se agotaron en dos horas y el músico tuvo que añadir una segunda fecha.

No se trata solo de los grandes nombres, sino también de los artistas de culto underground como Nick Cave, que también provocó un sonoro cabreo entre muchos de sus fans al anunciar que la entrada más barata de sus conciertos de mayo costaba 74 euros (más siete en concepto de gastos de gestión). Si quieres escuchar su directo a distancia razonable hay que pagar entre 80 y 99 euros. A pesar del pésimo momento económico, los artistas de renombre no aflojan en la valoración de su arte.

Decisiones que retratan a quien las toma. Así lo resume Nando Cruz, periodista musical con veinte años de experiencia: "El precio de las entradas explica la relación que el artista decide establecer con su público. Cuanto más cobra, más por encima de éste se sitúa. Cuando un artista pide 72 euros en un país con un 26% de paro está explicitando que espera actuar ante un público que no tiene problemas económicos. Decide entrar en la dimensión del 'ya no aspiro a mucho público, sino a un público dispuesto a pagar mucho'. Es una liga Gran Lujo a la que unos artistas pueden acceder y otros no. Hablamos de una tendencia en alza en la música en vivo. Lo podemos ver en esas entradas vip seis veces más caras, en esos conciertos disfrazados de acontecimientos únicos para poder cobrarlos a precio de oro", explica.

De Mark Knopfler a Violetta

La afición a subir precios cada vez es más frecuente. A principios de noviembre, el cantante soul John Legend ofrece dos conciertos en España, desde los 39 euros (asientos alejados) hasta un máximo de 92 euros (gastos de gestión incluidos). Tres meses después, el 16 de febrero, la estrella pop Katy Perry actúa en el Palau Sant Jordi, con unas demandas sin moderación: 61,50 euros la entrada más barata y 106,5 euros por las localidades de pista más cercanas al escenario. 

Mark Knopfler, en el Festival de Cap Roig. (Efe)
Mark Knopfler, en el Festival de Cap Roig. (Efe)

Los pases vip, con acceso a cócteles y otras fruslerías, llegan hasta los 207,5 euros. Para las entradas "baratas" en el Sant Jordi -recinto inmenso- hay servicio de alquiler de prismáticos. El público del veterano Mark Knopfler tendrá que pagar 66,50 euros para escuchar su guitarra el próximo 31 de julio, en Barcelona. Los oyentes más pequeños tampoco se libran de esta triste tendencia, ya que la gira de Violetta, estrella Disney, es otro atraco a la cartera familiar. Verla el próximo enero en Madrid, Barcelona, Zaragoza, Málaga y Sevilla puede consumir todo el presupuesto de Reyes. Los precios van desde 42,6 a 212 euros. Una entrada con visibilidad lateral cuesta 64 euros. Aquí hay que tener en cuenta que por cada fan de Violetta se suelen vender dos entradas: la suya y la del adulto que le acompaña. 

Los ricos abusan más

La creciente concentración del negocio musical es una de las principales causas del abuso en los precios de las entradas. La promotora Live Nation ejerce un dominio cada vez más evidente, en especial desde que se fusionó con el gigante de distribución de entradas Ticketmaster. El mercado estadounidense también está distorsionado por la posición de predominio del gigante Clear Channel, que acapara emisoras de radio y recintos para música en vivo. Los resortes para "vender" un artista al público están concentrados en muy pocas manos. 

Segundo problema: el victimismo de muchos artistas, que justifican los precios exagerados con el argumento de que ya no ganan dinero con la venta de discos y tienen que maximizar sus ganancias en directo. Es cierto que los ingresos de muchos se han desplomado, pero los artistas que más abusan con los precios son precisamente los que tienen la dignidad garantizada para el resto de sus días. En la última visita a España de los Rolling Stones, las entradas oscilaban entre 85 y 225 euros. Por supuesto, había que añadir los gastos de gestión, un timo habitual que ya analizamos extensamente en este reportaje. La exitosa gira de reunión de los Eagles en 1994, tras 14 años de ausencia, fue la primera en rebasar el límite de los 100 dólares por entrada en Estados Unidos. Desde entonces, los precios de los conciertos se han disparado. Ya nadie se sorprende de que un buen asiento para ver a Leonard Cohen o Tom Waits ronde esa cantidad. 

Concierto de Bon Jovi en el estadio Vicente Calderón. (Efe)
Concierto de Bon Jovi en el estadio Vicente Calderón. (Efe)

También hay artistas empáticos con la economía de sus seguidores. El ejemplo clásico es el grupo hardcore Fugazi, que pone límites estrictos al precio de sus conciertos. En los años noventa hizo una gira por España, por 500 pesetas. Ska-P ha llegado a celebrar conciertos gratuitos para parados, mientras el festival reggae Rototom ofrece una jornada con entradas al precio de cinco euros para los desempleados de la provincia de Castellón.

En 2012 el grupo puertorriqueño Calle 13 ofrecía descuentos de un 20% para parados en su actuación de Cádiz. El gesto más sonado de acercamiento a los fans fue el macroconcierto de Bon Jovi, en junio de 2013, en el estadio Vicente Calderón. El cantante estadounidense decidió no cobrar nada por la actuación para que sus seguidores españoles con dificultades económicas pudieran pasar un buen rato. El acceso al estadio se cobró de los 18 hasta los 39 euros, una auténtica ganga para un recital de rock de estadio. 

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