Indies, 'hipsters' y gafapastas al paredón
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víctor lenore analiza a la nueva casta cultural

Indies, 'hipsters' y gafapastas al paredón

Un ensayo sobre el fenómeno del 'hipsterismo' critica el esnobismo consumista y la abulia política de la tribu dominante de la modernidad

placeholder Foto: Russian Red, icono hipster. (Efe)
Russian Red, icono hipster. (Efe)

Pss, pss, amigo. ¿Se siente usted el más moderno de su clase/oficina/familia? ¿Cree usted que Wilco, Arcade Fire y Radiohead son lo mejor que le ha pasado a la música en las últimas cuatro décadas? ¿Se tomalas recomendaciones musicales de Rockdelux y Pitchfork como un dogma de fe? ¿Tienefobia a la cultura politizada? ¿Se ríe usted a mandíbula batiente de los gustos musicales de chonis, perroflautas y bakaladeros? ¿Se cree usted, en definitiva, único y especial? Pues no se preocupe: tenemos la solución a su problema,la lectura del ensayo Indies, hipsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural (Capitán Swing, 2014),del periodista Víctor Lenore, que más que escribir un libro ha inventado la primera máquinade deshipsterizar personas. El ensayo se publica la semana que viene.

De lo hipster hay que huir como de la peste, viene a decir Lenore, y sabe de lo que habla: él ha sido el primero en deshipsterizarse, al pasar de periodista musical deslumbrado por el indie en los noventa a crítico cultural embarcado en una misión en el siglo XXI: desvelar la impostura indie/hipster y, al mismo tiempo, acercar al gran público estilos y grupos en la periferia del gusto dominante.

Lenore, periodista cultural de referencia y colaborador de este periódico, responde así a los que airean su contradictoria biografía personal y laboral para desarmar sus argumentaciones.“Damos demasiada importancia a la coherencia personal y muy poca a los debates colectivos”, espeta.

Y procede a explicar su caso para meterse en harina. O cómo Víctor Lenore escapó del infierno hipster y vivió para contarlo (y soltar unos cuantos mamporros a los indies): “En 1995 yo tenía 23 años y a esa edad la gente no suele ser muy fiable. Mi vestuario de entonces consistía en seis camisetas de Morrissey, seis de Sonic Youth y seis de Manic Street Preachers. Básicamente yo era una versión alienada y esnob de unabelieberactual, con la desventaja de la carga de esnobismo que conlleva creerte ‘alternativo’ y superior a los demás. No sé si tengo razón en lo que escribo ahora, pero estoy seguro de que no la tenía entonces. Me conformo con que el lector se convenza de eso. En realidad, mi hipsterismo duró hasta pasados los treinta. Mitad por inclinación personal, mitad por imperativo laboral, me pasaba el día escribiendo alabanzas sobre Wilco, The Strokes, Animal Collective, Leonard Cohen, Los Planetas y otra serie de nombres ‘elegantes’, ‘exquisitos’ y ‘especiales’. Gran parte de mi vida era una burbuja estética ajena a la realidad, incluso a mis problemas vitales más inmediatos”, cuenta a El Confidencial.

Todo esto suena un poco a la furia del converso, en efecto, como si Lenore hubiera decidido purgar sus pecados de juventud acabando a bombazos con el indie. Que el cantante Nacho Vegas prologue el libro, en un texto reflexivo y con mucho filo político, podría reforzar esa idea. Pero no. Lo que hace que Indies, hipsters y gafapastas sea muchísimo más que el desahogo de un crítico en dramática lucha freudiana contra sí mismo es la capacidad de Lenore para argumentar su tesis.

Estamos ante un ensayo con chicha -en la línea del traje que le hizo Thomas Frank a la mercantilización de la contracultura estadounidense en La cultura de lo cool- sobre un tema relevante, ya que refleja dinámicas sociales profundas; por ejemplo, la relación entre nuestros gustos culturales y el modo en que nos organizamos como sociedad. Por si todo esto no fuera suficiente, Indies, hipsters y gafapastases también un libro beligeranteque va a levantar ampollas: Lenore reparte mandobles a diestro y a siniestro (la lista de grupos, escritores, directores y medios de tendencias vapuleados en el ensayoes demasiado extensa como para comentarla con detalle). Toda unarara avis, por tanto, en el contexto del periodismo cultural cañí, más amigo de la reseña promocional yla obsesión con las tendenciasque de los enfoques conflictivos.

Lenore ha tenido en los últimos años sonoros “desencuentros” con lo que él denomina “el ala dura del hipsterismo, la que “no soporta a Manu Chao por ser un artista que hace música popular latina”. Suexplicacióna estafobia hipsterno le ayudará precisamente a limar asperezas con sus enemigos modernos:

“Siempre me ha interesado América del sur: Víctor Jara, Rubén Blades, el reggaetón….Son artistas que la mayoría de hipsters españoles no soportan, seguramente por una mezcla de prejuicios racistas y clasistas", afirma.

Y procede a poner un par de ejemplos sangrantes:

Para entendernos: lo hipster sería la actual degeneración de lo indie, y a todos ellos les podríamos agrupar bajo la etiqueta clásica de “los modernos”. Término que en otra época se asociaba más alunderground, pero que actualmente, según Lenore, vendría a poner nombre a una élite cultural del buen gusto. La casta de la modernidad (ejem).

El libro de Lenore sería, por tanto,un intento por dinamitar la presunta neutralidad del gusto cultural. Apoyándose en los análisis del sociólogo francés Pierre Bourdieu, el ensayistatrata de demostrar que los gustos no vienen determinadospor la sensibilidad de cada cual, sino por factores tan poco bucólicoscomo la claseo el entorno social.El gusto cultural no esinocente.

El periodista, que abre muchos frentes argumentativos en el ensayo,analiza también por qué los medios de comunicación priman la cobertura de lo indie/hipster sobre el resto de movimientos culturales. Una de las explicacionestendría que ver con su condición de producto de consumo que encaja como un guante en el mainstream económico;lo que, según Lenore, convierte en entrañables las ínfulas alternativas de los hipsters.

Thomas Frank dice que ‘las élites adoran la revoluciones que se limitan a cambios estéticos’. Lohipsteres una estética deaire moderno que, al mismo tiempo, no crea conflictos políticos con los directivos, los anunciantes, ni los lectores de los grandes medios. Conceptos como ‘creatividad’, ‘innovación’, ‘genio’ y ‘emprendizaje' son los favoritos de la escenahipstery también de las grandes corporaciones. Por eso la mitad de las campañas publicitarias tienen banda sonora de estos gruposcool. Sonic Youth publican recopilatorio en Starbucks, los Pixies anuncian Apple y Russian Red se reparte entre Women's Secret y Trinaranjus. El lenguaje de loshipstersy el de los ejecutivos publicitarios es calcado: si compras este producto o escuchas este grupo dejarás de pertenecer a ‘la masa’ y te convertirás en ‘especial’. Es un truco simplón y transparente, pero también muy efectivo. A mí me tuvo engañado durante unos veinte años”, razona el periodista.

Resumiendo para acabar: Puede que los hipsters se consideren muy especiales por oír música experimental, en contraste con los merluzos que asisten alViña Rock, pero lo que les define en realidad es algo tan ordinario y mainstream como sus gustos como consumidores.De ahí que, donde unos ven sofisticación individual, Lenore vea más bien “paletismo” borrego.

La culturaindie,hipstery gafapasta se basa en comprar. Es verdad que los productos son distintos a los habituales: digamos comida orgánica, ediciones limitadas en vinilo y lámparas retro, pero al fin y al cabo lo que te define es el consumo. En realidad, lohipsteres una puesta al día de la mentalidad de los pijos de los ochenta. Por eso Alaska y Mario Vaquerizo hablan el mismo lenguaje que su amiga Carmen Lomana, aunque a unos les gusten los Ramones y a otra las rancheras. Lo que digo en el libro es que no eres superior a nadie por haber pasado un año en Berlín, leer a Foster Wallace y escucharantifolk. Es cierto que hemos ganado en variedad de estilos de vida, pero no de posturas vitales, ya que sigue mandando el individualismo y el consumismo. Ser una persona culta, consciente y sofisticada requiere mucho más esfuerzo que el de usar tu tarjeta de crédito. En gran parte, loshipstersson una versión 2.0 de losyuppies, con mucho menos dinero pero igual de narcisistas”, zanja Lenore

En dos palabras: haciendo amigos.

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