'El Mundo' y 'ABC' utilizan el Santander como arma arrojadiza en plena fusión
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Rodrigo echenique, en el punto de mira

'El Mundo' y 'ABC' utilizan el Santander como arma arrojadiza en plena fusión

Vocento y Unidad Editorial negocian su integración, en plena debacle de las ventas. No obstante, también aprovechan para echarse cosas en cara.

placeholder Foto: Luis Enríquez (centro junto a Mariano Rajoy), en un acto del ABC. EFE
Luis Enríquez (centro junto a Mariano Rajoy), en un acto del ABC. EFE

Vocento y Unidad Editorial negocian la integración de sus grupos, en plena debacle de las ventas y con el negocio de prensa tradicional amenazando ruina. Unas conversaciones que no son óbice para que cada uno airee los trapos sucios del otro y, si puede, le golpee sin piedad. Ayer, Luis Enríquez, consejero delegado de la editora de ABC, aprovechó las páginas de opinión de su rotativo para sacar la cara por su empresa y defender la independencia de sus profesionales, después de que El Mundo afirmara dos cosas que, según el ejecutivo, son falsas. Véase, “que el Santander es sostén de nuestro grupo y que en el momento de la llegada de Rodrigo Echenique a la presidencia de Vocento atravesábamos una delicada situación económica”.

Claro que Enríquez, que aporta una pléyade de datos para refrendar su tesis, también convendrá en otros hechos. El primero, que Echenique no está en la presidencia de Vocento por amor al arte. Tiene intereses. Ejecutivo de primer nivel, su llegada al grupo se produce en plena guerra accionarial entre críticos y partidarios de la fusión con Unidad Editorial. La victoria de los segundos –con el apoyo postrero de las hermanas Luca de Tena- abre el proceso de conversaciones exploratorias que él mismo lidera para forjar con la editora de El Mundo un gran grupo mediático de centro derecha. Un oscuro objeto de deseo del ‘establishment’ nacional, que ya controla el Grupo Prisa.

Es en este contexto –y no en el numérico, el que más parece preocupar a Enriquez- en el que cobran relevancia las liaisons de Echenique. Y aquí hay pocas dudas. Exconsejero delegado del Santander entre 1988 y 1994, miembro del cónclave durante décadas, hombre de confianza del fallecido Emilio Botín, se perfila ahora como mano derecha de su hija en sus primeros tiempos de gestión. ¿Es ético que el hombre que preside un grupo de medios sea al mismo tiempo uno de los puntales del principal banco del país, a la sazón uno de sus financiadores? Juzguen ustedes, pero háganlo pensando en el lector. De momento, para él fue la tercera de ABC el día del fallecimiento del presidente del Santander.

En este sentido, Enríquez asegura que ni las estrecheces de la prensa ni las presiones de las empresas ni, se entiende, los accionistas de los medios, deben condicionar a los profesionales. Y alienta a sus periodistas a que, “en la encrucijada entre lector y poder fáctico, siempre se inclinen (…) por el lector”. Basta escuchar al consejero de Vocento en cualquier foro, o charlar con él en privado unos minutos, para saber que piensa realmente lo que dice. Lo piensa de corazón. No está demasiado claro, sin embargo, que ese mensaje esté interiorizado –o pueda calar de un día para otro- en organizaciones periodísticas en manos de grandes empresas y con periodistas acostumbrados a que una noticia no se publique si afecta a un anunciante o un personaje concreto. Y esta reflexión es general.

Exceso de 'fair play'

De hecho, las pérdidas de lectores que sufre la prensa no sólo tienen que ver con un cambio en el modelo de negocio. Sobre todo tienen que ver con la pérdida de un lector decepcionado, que no encuentra en los periódicos desde hace años respuesta a sus inquietudes y preocupaciones. Los editores se han alejado mientras cultivaban el fair play con sus anunciantes. Las palabras de Enríquez son reconfortantes, pero ¿acaso un personaje tan merecedor de elogios como Botín no abrigará alguna sombra, alguna leve mácula en un desempeño profesional que abarca más de medio siglo? Lean las seis páginas que ABC dedicaba ayer al banquero justo después del artículo de su consejero delegado. Recuperen los periódicos del día anterior, no importa la mancheta.

El análisis, centrado en Vocento porque es quien ha levantado la voz, es extensible a otros grupos y, por supuesto, a sus colegas de Unidad Editorial. Basta escuchar a su exdirector durante casi 25 años, que ahora reconoce sin ambages la tiranía de las grandes corporaciones, al punto de provocar cambios de director. Con una sinceridad que le honra, el director de El País, Antonio Caño, aseguraba recientemente que los bancos no se metían en su trabajo, pero también admitía que dormiría más tranquilo sin ellos en el accionariado. Es ese mero fantasma, esa presencia intangible –en el mejor de los casos- la que complica y hasta desprestigia el desempeño de la profesión.

Más allá de sus cuitas puntuales, Vocento y Unidad Editorial se fusionarán si en algo vale lo que quiere el poder político y empresarial. Lamentablemente, la unión no hará la fuerza. No resolverán ninguno de sus problemas. Primero, porque hoy en día no hay un ejecutivo de medios tradicionales en España –probablemente tampoco fuera- que tenga una idea definitiva sobre cómo monetizar y hacer rentable el inevitable trasvase al ámbito digital. Y segundo, y sobre todo, porque no podrán hacerlo de espaldas al lector. Y éste nunca podrá entender que Telefónica, Santander o La Caixa pueblen las cúpulas y los puestos directivos de las organizaciones dedicadas a algo tan sagrado como informarles. No basta con que la mujer del César sea honesta.

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