El Pulso Económico | Repudiasteis a Merkel, añoraréis a Merkel
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Lo que está claro es que lo que ocurre en este tiempo será una variable sin la cual será imposible entender lo que vaya a suceder en la próxima década en la Unión Europea

Foto: Imagen: Irene de Pablo.
Imagen: Irene de Pablo.

Ayer Alemania votó y en España apostábamos por la coalición semáforo, la combinación de socialdemócratas, verdes y liberales (rojo, verde y amarillo). Si esas intuiciones estaban en lo cierto, que está por ver, los resultados provisionales apuntan a esa posibilidad, pero aún es pronto para estar de enhorabuena.

Este semáforo germano lo formaría una coalición que en España no sería replicable en estos momentos. Sobre todo por incomparecencia de los partidos: equivaldría a un gobierno del PSOE más centradito, con lo que dice Más País que quiere ser en el futuro y con lo que podría ser una escisión del PP por la parte liberal no conservadora (un Cs menos socialdemócrata, tal vez, y con un puntito euroescéptico).

Según los sondeos, el resultado es extremadamente ajustado, con un empate técnico entre los democratacristianos de la CDU/CSU y los socialdemócratas del SPD. Esto da pie a la mencionada coalición semáforo, pero también a la Jamaica: CDU/CSU (identificada con el color negro), verdes y liberales. A priori, por una cuestión de afinidad ideológica entre los principales componentes, uno diría que la semáforo tiene más números que la Jamaica, pero esto se va a convertir pronto en un mercado persa. Si el resultado oficial acaba ajustándose aún más, ganará quien esté dispuesto a renunciar a más hacia sus socios de coalición.

Tal vez es exagerado decir que el futuro de la economía europea, y por lo tanto la española, depende de lo que se negocie en Alemania en las próximas semanas, pero lo que está claro es que lo que ocurra en este tiempo será una variable sin la cual será imposible entender y explicar lo que vaya a ocurrir en la próxima década en la Unión Europea. Se acaba la era Merkel. Después de 16 años ya iba siendo conveniente un cambio, pero créanme que la vamos a echar tanto de menos como algunos de los ahora nostálgicos conversos la echaron de más en su momento.

Una encuesta reciente citada por The New Stateman aseguraba que el 80% de los alemanes considera que ha hecho un buen trabajo como canciller en los últimos 16 años. Por supuesto, esas tasas de aprobación no se corresponden para nada con los votos recibidos.

Pero en España sabemos mucho de esto también. Los titulares en contra de la política ortodoxa alemana en la gestión de la crisis de la zona euro inundaron la prensa del sur de Europa, representando a los alemanes como unos avaros egoístas que solo velaban por su dinero, cuando son el mayor contribuyente neto de la Unión Europea en términos absolutos.

Como en casi todo, la verdad asoma en algún punto intermedio de los extremos. Alemania pudo desde luego haber sido más flexible con países como Grecia, cuyo rescate supuso una dosis de austeridad inédita en un país desarrollado. Pero fue Merkel la que compareció ante el Bundestag en todos y cada uno de los rescates de la zona euro para convencer al ala más escéptica de su partido de que aprobaran otra inyección milmillonaria de dinero en unos países que, según su punto de vista, no tenían ni interés ni voluntad en hacer reformas estructurales. Y los convenció todas y cada una de las veces. "Si el euro fracasa, Europa fracasa", declamó la canciller durante los momentos más tensos de la primera crisis griega.

Y luego está el 'whatever it takes' de Mario Draghi, una frase a la que precisamente se le atribuye el haber salvado el euro. El relato oficial es que fue una improvisación del banquero central italiano en una conferencia londinense. Tal vez no sepamos la verdad hasta que alguno de los dos publique sus memorias, pero tal vez no fuera casual que unos días antes de ese discurso, Draghi se reuniera con la canciller en Berlín.

Pero si algo ha definido la última mitad de su mandato ha sido la gestión de la crisis de refugiados de Oriente Medio, especialmente de Siria. Fue una decisión polémica la suya, la de ofrecer puertas abiertas a aquellos que huyen de la guerra. Le costó probablemente una buena dosis de popularidad, especialmente por el flanco de la derecha más conservadora de su país, pero se erigió en el faro moral de Occidente. Y después de eso, volvió a ganar las elecciones.

Ayer Alemania votó y en España apostábamos por la coalición semáforo, la combinación de socialdemócratas, verdes y liberales (rojo, verde y amarillo). Si esas intuiciones estaban en lo cierto, que está por ver, los resultados provisionales apuntan a esa posibilidad, pero aún es pronto para estar de enhorabuena.

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