El colesterol malo de Alberto Garzón
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EL GALLINERO

El colesterol malo de Alberto Garzón

Minuto y resultado de la Guerra del Chuletón. Carne o barbarie, uno de los grandes espectáculos gastronómicos y nihilistas del año. Con las cosas del comer no se juega

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Imagen: L. Martín.

Los españoles de bien somos permisivos, capaces de aguantar carros y carretas, estoicos incluso.

Hemos soportado ruedas de prensa de Mourinho en el Real Madrid, años de 'chistes' de 'No te rías que es peor', artículos dominicales de Javier Marías contra los que hablan por la calle, subidas dantescas de los precios del alquiler, dolores de muelas, de oídos y de tripa, ridículos grotescos en Eurovisión, paletos increíbles al frente del Ibex 35, 'boom' de las hombreras, las toreras y los abanicos gigantes, cuarenta años de franquismo y hasta himnos veraniegos de Leticia Sabater capaces de matar a todos los animales del Serengueti (por desangramiento de oídos).

Todo ello lo hemos aguantado sin rechistar. Tragando, tragando y tragando. Pero, ¡ay!, uno nunca sabe cuál puede ser la chispa que encienda la pradera, la tecla que te hace despertar, coger un arma y empezar a disparar...

El ministro de Consumo, Alberto Garzón, tuvo a bien sugerir a los españoles moderar su consumo de carne, pues estar en máximos europeos de chuletonismo no es lo más ecológico, saludable y sostenible. ¿La respuesta del pueblo? Hostilidad total hacia el ministro, con el primero de los españoles, el presidente Pedro Sánchez, encabezando el pelotón de fusilamiento con una insuperable oda al chuletón.

Resumiendo: cuando alguien nos quita el chuletón de la mesa, la Batalla de las Termópilas es una broma en comparación.

Lo de Garzón ha sido como gritar 'No a las drogas' en Woodstock, como pedir sobriedad a los guionistas de Bob Esponja, como exigir buenas maneras a la Mara Salvatrucha o como meterte en la jaula de un tigre hambriento con un plato de quinoa. España entró en ignición parrillera, las redes sociales se llenaron de fotos con carnaca. El 'hashtag' YoComoCarne llevaba tanta grasa que 200 tuiteros murieron de golpe por subidas salvajes de colesterol.

Chuletón o barbarie, uno de los grandes espectáculos gastronómicos y nihilistas del año. Con las cosas del comer no se juega.

Los españoles de bien somos permisivos, capaces de aguantar carros y carretas, estoicos incluso.

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