a las puertas del transhumanismo

Religión, ingeniería, ética y evolución

¿Cómo sería el mundo si siempre hubiéramos sido ateos? Es fundamental introducir en las aulas una Ciencia de la evolución de las culturas para las generaciones futuras

Foto: Foto: iStock.
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La semana pasada se anunció el nacimiento de dos hermanas gemelas “mejoradas genéticamente” para ser inmunes al sida. El modo de llevar a cabo esa experiencia y de anunciarla ha sido objeto de numerosas críticas. Pero nadie duda de que, más bien antes que después, la ingeniería genética evolucionará hacia el 'transhumanismo', es decir, hacia una intervención tecnológica en la evolución de nuestra especie. Las cosas van con tanta rapidez que resulta difícil tomar decisiones. ¿Dónde encontraremos un claro marco de referencia para hacerlo? Solemos poner reparos éticos, sin estar muy seguros de su fundamento. En este tema, el autor más influyente es Groucho Marx, cuando dijo: “Estos son mis principios, y si no le gustan tengo otros”. La filosofía, que debía encargarse de hacerlo, no está encontrando su método. O, más bien, creo que no lo había encontrado.

Hace más de 40 años, Theodosius Dobzhansky, un gran genetista, dijo una frase que influyó decisivamente en la marcha de la ciencia: “En biología, nada tiene sentido si no se ve a la luz de la evolución”. Ahora nos encontramos con que también tenemos que decir: “Nada de lo que ocurre en la cultura humana tiene sentido si no lo vemos a la luz de la evolución”. La estructura de nuestro cerebro, la organización de la inteligencia humana, de sus preferencias, emociones, sistemas de pensamiento, instituciones, solo es comprensible si se estudia genealógicamente, es decir, si conocemos la evolución que la ha hecho surgir. Pueden ver el estado de la cuestión en mi blog.

El precipitado proyecto de reforma educativa ha vuelto a suscitar el tema de la enseñanza de la religión en la escuela


Volveré por un momento a la ética. La formulación ética actual se basa en la afirmación de la 'dignidad' de toda persona por el hecho de serlo. Afirmamos también que de esa dignidad derivan los derechos humanos fundamentales. Pero ¿por qué afirmamos que una persona tiene dignidad aunque su comportamiento sea cruelmente indigno? La única manera de responder a esa pregunta es investigando por qué hemos hecho esa afirmación en un momento de nuestra historia. Por eso me parece tan importante, en la antesala de la 'poshumanidad', elaborar e introducir en los sistemas educativos una 'ciencia de la evolución de las culturas' que nos permita comprender lo que somos y por qué creemos lo que creemos y hacemos lo que hacemos.

Para demostrar que no es una utopía, y que ese proyecto educativo es viable, Javier Rambaud y yo hemos escrito 'Biografía de la humanidad'. No se trata de añadir a currículos sobrecargados una nueva asignatura, sino al contrario, integrar en una sola disciplina diversas materias que están ahora dispersas y que no permiten aprenderlas con utilidad: psicología, sociología, historia del arte y del pensamiento, instituciones políticas, religiones, ciencias, etc. Nos permitiría integrar las actividades humanas y a través de ellas comprender nuestra humanidad, la forma en que hemos resuelto los problemas y por qué unas soluciones son mejores que otras. Nos permitiría, de esa manera, desembocar en la filosofía.

La genealogía cultural

La actualidad me proporciona un ejemplo de la utilidad de ese planteamiento. El precipitado proyecto de reforma educativa ha vuelto a suscitar el tema de la enseñanza de la religión en la escuela. Hay dos posturas extremas: (1) la religión debe ser radicalmente excluida del sistema educativo; (2) el sistema educativo debe incluir la enseñanza confesional. Situémonos a la puerta del 'transhumanismo'. ¿Qué es preferible para los futuros ciudadanos de esa nueva situación, tener algún conocimiento sobre lo que es la experiencia religiosa o ignorarla por completo? Sin duda, el lector responderá inmediatamente dejándose llevar por sus convicciones, pero se trata de justificarlas. Les propongo un ejercicio de 'genealogía cultural'. ¿Cómo sería el mundo si no hubiera habido religiones, mejor o peor? ¿Qué papel han jugado las religiones en el desarrollo de la humanidad, y de sus instituciones?

Estas preguntas solo puede resolverlas la 'Ciencia de la evolución de las culturas'. El primer hecho intrigante que nos presenta es la universalidad de la religión en todas las culturas. Es una de esas invenciones en paralelo —como el lenguaje, la cerámica, la organización familiar, el arte— que han aparecido autónomamente en muchos lugares. Las religiones son muy diferentes, pero lo que sabemos ahora es que las creaciones culturales son diferentes soluciones a problemas o expectativas comunes.

En el alba de la humanidad, las religiones introducían cohesión en grupos sociales que necesitaban vivir juntos, y daban fuerza emocional a las legislaciones que debían ahormar la impulsividad de unos animales listos, como eran nuestros antepasados. Los primeros textos jurídicos que tenemos (1.800 años a.C.) afirman que han sido promulgados por un dios, como las tablas de Moisés en la Biblia.

Al principio de los tiempos, las religiones daban cohesión a grupos que necesitaban estar juntos, ¿cómo sería el mundo si nunca hubieran existido?


Los historiadores comienzan a hablar de la 'era axial', un periodo de tiempo en que la humanidad parece dar un salto espiritual. Aparecen los profetas de Israel, Mahavira, Buda, Laotsé, Confucio, Sócrates. Se considera que Jesús de Nazaret y Mahoma son vástagos posteriores de esta 'era axial' porque ambos pretenden prolongar la religión judía. La influencia de esos personajes es tan fuerte que todavía organizamos las grandes civilizaciones bajo su nombre. El Partido Comunista Chino ha vuelto a reivindicar su pasado confuciano.

El factor dios y la brutalidad humana

Recuerdo que a raíz de los atentados de las Torres Gemelas hablaba un día con José Saramago, que acababa de publicar un artículo culpando al 'factor dios' de las brutalidades humanas. Mi postura era que simplificaba la importancia de ese 'factor' en la historia de la humanidad, que fijarse solo en las guerras de religión era olvidar una parte importante de la historia. En muchas manifestaciones actuales laicas o incluso ateas siguen actuando lejanos genes culturales religiosos que conviene conocer. La ley educativa del Reino Unido hace una propuesta que tal vez sea una muestra del talento pragmático anglosajón.

Incluye entre los objetivos de la educación básica el desarrollo espiritual de los alumnos. Según la Office for Standards in Education (OFSTED), el “desarrollo espiritual debe promover en los alumnos la reflexión espiritual", e intriga que los ingleses no piensen lo mismo. Eso me hace reflexionar sobre el sentido de la frase "reflexión sobre sus propias vidas y la condición humana a través, por ejemplo, de la literatura, la música, el arte, la ciencia, la educación religiosa y la relación con lo sagrado”. Según otra formulación, la educación espiritual trata de pensar sobre aquellas preocupaciones consustanciales al ser humano que no encuentran respuesta en las ciencias positivas. En Estados Unidos, el tema de la 'inteligencia espiritual' interesa a los psicólogos. Ha sido defendida por Howard Gardner, el premiado psicólogo defensor de las 'inteligencias múltiples', y un nutrido grupo de expertos ha publicado 'The Handbook of Spiritual Development in Childhood and Adolescence'.

El objetivo de este artículo no es proponer ninguna solución, sino defender la necesidad de elaborar la Ciencia de la evolución de las culturas si queremos saber lo que hacemos cuando tomamos decisiones.

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