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¿Quién decidió por primera vez disecar a su mascota? El origen de la taxidermia
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¿Quién decidió por primera vez disecar a su mascota? El origen de la taxidermia

Del griego "arreglo" y "piel", es la disciplina basada en disecar animales para conservarlos con apariencia de vivos y facilitar así su exposición, estudio y conservación

Foto: Fuente: iStock.
Fuente: iStock.

Hace más de 5.000 años, en el seco y lejano desierto de Atacama, el pueblo chinchorro comenzó a disecar a sus muertos antes de que lo hicieran los egipcios, los mayores expertos en embalsamación del mundo. Al contrario que la civilización que surgió a orillas del Nilo, el pueblo chinchorro no momificaba en función del estatus social, sino que lo hacían por puro instinto de supervivencia y amor a sus miembros, pues lo que más se descubrieron fueron fetos y niños (debido a las altas tasas de mortalidad infantil en aquellos momentos).

Después, por supuesto, llegaron los egipcios y perfeccionaron sus técnicas. Según explicaba Diodoro, el proceso tenía un gran simbolismo y podía durar unos 40 días, con el jefe de embalsamadores llevando una careta de chacal en todo momento. El cortador debía hacer una incisión de unos 15 centímetros de longitud con un cuchillo de Etiopía, y luego tenía que huir porque le perseguían lanzándole piedras, al haberse atrevido a 'violar' un cuerpo humano. Con ciertas diferencias con las momias chinchorro a la hora de embalsamar, ambas culturas buscaban un fin común, sacando las vísceras de los cadáveres y conservándolos: la eternidad.

Los primeros taxidermistas conocidos fueron los antiguos egipcios que preservaban gatos, perros, monos, pájaros (¡e incluso hipopótamos!)

Sin saberlo, estaban inventando la taxidermia. La palabra, que viene del griego taxis (arreglo) y derma (piel), fue utilizada por primera vez en 1803, aunque como hemos señalado, los primeros taxidermistas conocidos fueron los antiguos egipcios, preservando gatos, perros, monos, pájaros (¡e incluso hipopótamos!) que enterraban junto a los faraones. Los productos finales no tenían un aspecto excelente, como ahora, pero al menos lo intentaron.

El desarrollo de la taxidermia

Egipcios aparte, el testigo más fiel y antiguo de lo que fue la taxidermia en otro tiempo (es decir, disciplina basada en disecar animales para conservarlos con apariencia de vivos y facilitar así su exposición, estudio y conservación) es un cocodrilo que cuelga en el techo de una catedral en Ponte Nossa, Italia. Según informa 'Museum of Idaho', un documento de 1534 lo menciona específicamente, por lo que sabemos que es al menos así de antiguo. El problema es que el interés por la taxidermia ha sido irregular, en función del periodo histórico, así como su manera de llevar a cabo esta práctica.

Los primeros taxidermistas rellenaban a los animales con serrín y trapos, desfigurándolos un poco en algunas ocasiones

Los primeros taxidermistas rellenaban a los animales con serrín y trapos, desfigurándolos un poco en algunas ocasiones. Como curiosidad: años después de la extinción del dodo, la gente no sabía muy bien qué aspecto tenía debido a su tremenda desfiguración. Desde finales del 1700 hasta entrado el siglo XX, se usaba arsénico para repeler a los insectos, aunque poco a poco se fue eliminando gradualmente a favor de productos químicos menos peligrosos como el bórax.

Lo cierto es que, pese a las momias egipcias, el interés por la taxidermia decayó durante la Edad Media y no fue hasta el comienzo del Renacimiento y la Revolución Científica cuando la gente recuperó el interés en esta práctica. No solo estaban interesados en preservar las pieles de los animales, sino también en recrearlos como si estuviesen vivos de una forma artística, lo que sentó las bases de las exhibiciones con una amplia gama de animales salvajes, con la idea de que la gente pudiera verlos de cerca (sin asustarse). Surgieron así los llamados gabinetes de curiosidades, donde se mostraban estos animales, y que serían los orígenes de los actuales museos de ciencias.

En el Renacimiento surgieron los llamados gabinetes de curiosidades, que serían los orígenes de los actuales museos de ciencias

En Países Bajos, en la década de 1600, se llevaron a cabo los primeros intentos de preservar aves. En aquella época, el Museo de St. Gall de Suiza adquirió un cocodrilo preservado de Egipto para una exhibición, y por el mismo tiempo en el Museo Real de Florencia se utilizaron técnicas de taxidermia para una exhibición de rinocerontes. La curiosidad por conocer aquellos animales que, de otra forma, solo podrían haberse imaginado echando mano a un bestiario, fue la que sirvió para que se extendiera la práctica y evolucionase. Probablemente, el Museo Británico también ayudó mucho a su desarrollo, pues en 1700 era conocido como la Casa Montagu y había adquirido y creado una colección enorme de esqueletos, pieles y animales preservados.

Foto: Bestiario medieval. (Wikimedia commons)

Después de la caída de Napoleón, el museo siguió creciendo y continuó desarrollando técnicas más modernas para sus exhibiciones. En 1851 acogió la Gran Exposición, con exhibiciones de animales de todo el mundo.

Evolución de la práctica

Como señalábamos antes, en un primer momento los animales se rellenaban con algodón, serrín, papel u otros materiales similares, y la piel o el cuero se volvían a coser alrededor. Pero los resultados estaban muy lejos de ser perfectos y los animales dejaban de parecer naturales. Esto llevó a algunos divertidos errores, con gente creyendo que estas meras caricaturas eran representaciones fieles de lo que el animal había sido en vida, y haciéndose, como es lógico, ideas muy equivocadas al respecto.

Con el avance de la práctica y el trabajo conjunto de los taxidermistas con antropólogos, los materiales cambiaron. Empezó a usarse espuma de poliestireno, varillas de metal y estructuras de alambre que reemplazaban el uso de esqueletos, como bien explica 'Bones and bugs'. La espuma de poliestireno se podía cortar y moldear para que pareciera más natural una vez que se colocaba la piel alrededor. Pero también comenzaron a patentarse nuevas prácticas, como hervir la carne, remojarla (se colocaba el cadáver en una tina de agua y se dejaba en remojo hasta que la carne se ablandaba y se arrancaba) o usar productos químicos para disolver la carne. A mediados del siglo XIX, los coleccionistas privados también usaban la técnica del jabón con arsénico, que se popularizó desde 1840 hasta la Primera Guerra Mundial aproximadamente.

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Foto: iStock.

Actualmente, se utilizan esculturas del animal realizadas en poliuretano, o en escayola o la fibra de vidrio. Gracias al avance tecnológico, los museos actuales trabajan con ingenieros robóticos para crear exhibiciones de animales en movimiento. La taxidermia moderna sirve no solo para preservar especies que, desgraciadamente, se han extinguido, sino que también ayuda a determinar la causa de la muerte en circunstancias inusuales, ayuda a identificar virus (y, por tanto, desarrollar vacunas) e incluso crea arte moderno en 3D.

Hace más de 5.000 años, en el seco y lejano desierto de Atacama, el pueblo chinchorro comenzó a disecar a sus muertos antes de que lo hicieran los egipcios, los mayores expertos en embalsamación del mundo. Al contrario que la civilización que surgió a orillas del Nilo, el pueblo chinchorro no momificaba en función del estatus social, sino que lo hacían por puro instinto de supervivencia y amor a sus miembros, pues lo que más se descubrieron fueron fetos y niños (debido a las altas tasas de mortalidad infantil en aquellos momentos).

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