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¿Cómo experimentan el luto los perros y los gatos al perder a un ser querido?
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Psicología animal

¿Cómo experimentan el luto los perros y los gatos al perder a un ser querido?

Las personas son capaces de reconocer el duelo entre ellas, comprenderlo y hasta compartir ese sentimiento, aunque la pérdida sea ajena; sin embargo, a menudo no está claro cómo lo hacen nuestras mascotas

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La mayoría de los seres humanos sabe cómo se sienten sus semejantes ante la muerte de alguien cercano. Somos capaces de reconocer el duelo en los demás, comprenderlo y hasta compartir ese sentimiento, por ejemplo, llorando la pérdida. La tristeza y el dolor que produce afrontar que alguien a quien conocemos se ha ido para siempre puede tener numerosas formas de expresión a lo largo y ancho del globo terráqueo, pero en su síntesis es compartida, universal. Una tristeza que podemos incluso experimentar por el fallecimiento de personas a las que nunca hemos llegado a conocer. Bien, estamos hablando de personas, sin embargo, ¿cómo podemos saber si otros animales sienten lo mismo?

Precisamente por ser estos (el llanto, el aturdimiento, la ira…) gestos espontáneos entre las personas, nos hemos acostumbrado tanto a ellos que ni siquiera necesitamos observar demasiado a alguien triste para, eso sí, presuponer que podría estar pasando por una fase de duelo. Así pues, para averiguar cómo desarrollan y experimentan ese proceso emocional otros animales, basta con hacer eso que ya obviamos entre nosotros: observar.

Foto: Los perros también lloran, pero no como imaginas. Descubre cómo y por qué lo hacen (Unsplash/JC Gellidon)

De esta forma, a lo largo de los años los investigadores han ido comprobando en algunos animales como delfines, chimpancés, gorilas o elefantes, entre otros, que permanecen durante mucho tiempo al lado de la cría o de un compañero fallecido. De no ser por la transformación "civilizatoria" desarrollada en las personas, es posible que nosotros también hiciéramos lo mismo a día de hoy.

Ruptura de los vínculos afectivos

De esta forma, muestran también síntomas de depresión: según escribe en 'Investigación y Ciencia' Kurt Kotrschal, profesor de biología del comportamiento en la Universidad de Viena y director el Centro de Investigación Konrad Lorenz, existen numerosos informes acerca de perros que no se alejan de su dueño fallecido, cuyo cuerpo además defienden a veces con agresividad; en ocasiones, también dejan de comer.

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Este investigador especializado en las relaciones entre los humanos y los animales, así como los aspectos hormonales y cognitivos de la organización social, sostiene que "resulta plausible que los animales que presentan una organización social compleja y unos vínculos estrechos con sus congéneres sean capaces de sentir de manera semejante a nosotros. Los individuos con vínculos afectivos (los padres y sus hijos, la pareja, los familiares o los amigos) también se apoyan en el reino animal. La presencia del compañero tiene un efecto calmante en ellos".

Algo similar apunta el periodista Abel G.M. en un artículo para 'National Geographic': lo que pasa en los animales domésticos, sobre todo en los perros, dice, es que no son conscientes de la muerte en sí, sino de la modificación de su rutina. "La pérdida de un compañero puede ser percibida como un indicador de que hay algún peligro desconocido en su entorno, causándoles nerviosismo y miedo".

Una similitud entre perros y gatos

El periodista describe los resultados de un estudio publicado en febrero en 'Nature' llevado a cabo por las investigadoras italianas Stefania Uccheddu, Lucia Ronconi, Mariangela Albertini, entre otros. Según han podido identificar, si el perro convivía mucho con otro animal o humano, tras la muerte de alguno de ellos se alterará por la ausencia, en tanto que repercute en la manera en que desde ese momento debe hacer las cosas cotidianas que antes compartía, desde comer a salir a pasear.

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En el momento en que la rutina se modifica totalmente, el animal puede pasar a dormir más o, simplemente, a permanecer desinteresado por jugar y moverse (comportamientos muy próximos a los síntomas humanos de depresión).

Por su parte, ante la ausencia de su compañero humano o igual, los gatos podrían implorar por la atención de personas de su entorno. Es decir, en lugar de alejarse, harían todo lo contrario. Además, si la pérdida se dio con otro gato, posiblemente el gato sobreviviente se sienta estresado y lo muestre arañando cosas o defecando fuera de su arenero. Eso sí, según el mencionado artículo, algo que tienen en común los perros y gatos ante la muerte es que suelen visitar y examinar los lugares donde dormían y comían sus seres queridos.

La mayoría de los seres humanos sabe cómo se sienten sus semejantes ante la muerte de alguien cercano. Somos capaces de reconocer el duelo en los demás, comprenderlo y hasta compartir ese sentimiento, por ejemplo, llorando la pérdida. La tristeza y el dolor que produce afrontar que alguien a quien conocemos se ha ido para siempre puede tener numerosas formas de expresión a lo largo y ancho del globo terráqueo, pero en su síntesis es compartida, universal. Una tristeza que podemos incluso experimentar por el fallecimiento de personas a las que nunca hemos llegado a conocer. Bien, estamos hablando de personas, sin embargo, ¿cómo podemos saber si otros animales sienten lo mismo?

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