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¿Existe realmente el síndrome de la edad de oro?
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'anemoia'

¿Existe realmente el síndrome de la edad de oro?

Lo de idealizar el pasado nos sucede a todos, pero pensar que las épocas que no vivimos fueron infinitamente mejores entraña algunos peligros

Foto: "Los vinilos son mucho mejores que Spotify". (iStock)
"Los vinilos son mucho mejores que Spotify". (iStock)

Habla Sveltlana Boym de dos tipos de nostalgia en esta vida: reflexiva y restaurativa. La primera de ellas es más beneficiosa o, por lo menos, más práctica. Consiste en un vistazo hacia el pasado, dándonos cuenta de que las cosas sin duda han cambiado y ahora son diferentes, pero sin que eso signifique que antes eran mejores. Más bien al contrario, nos hace percatarnos de que a día de hoy hay, sin duda, muchos avances que hacen nuestra vida más sencilla. La nostalgia restaurativa, sin embargo, es, según la autora, más peligrosa, y buena parte de los populismos actuales se nutren de ella: tiene como objetivo restaurar una Edad de Oro idealizada.

A cuento con esto, la nostalgia que es esa sensación dulce y extraña, la herida que no sana del todo porque no dejamos de rascarla, no es nada nuevo. Somos nostálgicos, pero siempre lo hemos sido. Descrita en 1688 por primera vez en Suiza, hacía referencia a los soldados que luchaban en el extranjero y a los que aquejaba un mal incurable cuando se encontraban fuera de casa. Tenía sentido, pues al fin y al cabo la nostalgia personal se nutre justamente de eso: los recuerdos de la propia vida que ya no volverán. Cualquier tiempo pasado fue mejor, y todo eso. Sin embargo, también podemos hablar de una nostalgia global, que nos hace de nuevo suspirar por esa Edad de Oro idealizada que jamás vivimos.

Descrita en 1688 por primera vez en Suiza, la nostalgia hacía referencia a los soldados que luchaban en el extranjero y a los que aquejaba un mal incurable cuando se encontraban fuera de casa

Incluso hay una palabra para expresar esta extraña nostalgia: anemoia. Nostalgia por algo que no vivimos nunca. ¿Cómo es posible algo así? Woody Allen lo describía muy bien en su película 'Medianoche en París', hablando del llamado 'Síndrome de la edad de oro'. Gil, el protagonista, está obsesionado con los locos años 20 en París, pero cuando por casualidad viaja a ellos se da cuenta de que aquellos que los vivieron creían que la vida en la Belle Èpoque era infinitamente mejor, y todo así en un ciclo sin fin de personas descontentas con el presente.

La moraleja es clara: siempre estaremos descontentos con el momento que nos ha tocado vivir, aunque algunos romantizarán el pasado más que otros. No es difícil romantizar la propia infancia, creyendo que fue mucho más feliz de lo que lo fue.

Foto: ¿Sientes dolores y molestias? Los recuerdos y la nostalgia pueden ayudarte (EFE)

No se trata de algo subjetivo o propiamente freudiano, sino que está en nuestra biología: varios estudios han demostrado que el control de recuerdos indeseados está vinculado a una mayor actividad de la corteza cerebral frontal izquierda y derecha, lo cual reduce la del hipocampo, que alberga el área de la memoria. Es decir, nuestra mente juega con nosotros para que toleremos mejor todo lo que sucedió, aunque con trampa, pues acabamos creyendo en quimeras sobre un pasado idealizado que, probablemente, no sucedió nunca.

El síndrome de la edad de oro no solo existe, sino que se encuentra más presente que nunca. Es natural en los contextos difíciles

Y en una época melancólica como la que vivimos, el síndrome de la edad de oro no solo existe, sino que se encuentra más presente que nunca. Es natural en los contextos difíciles. En un mundo como el actual, plagado de incertidumbres y posibles peligros constantes (guerras, pandemias, cambios climáticos), no parece complicado suspirar por un pasado que fue mejor. En 2020, tras el trauma vivido por el coronavirus, muchos comenzaron a alzar la voz recordando los locos años 20 del pasado siglo, en los que la gente también despertaba del trauma de la guerra para vivir un periodo idílico.

Pero es que, además, tenemos muchos más estímulos que nunca. Las series de televisión y los anuncios juegan con la idealización del pasado constantemente: programas ambientados en los años 80, películas que recuerdan el glamour de la Era Victoriana, campañas de moda que recalcan que los 90 vuelven a estar aquí... parece difícil escapar de todo ello.

El populismo se basa en la idea del retorno a una época pasada y mejor, y también juega mucho con el concepto de la vuelta al hogar

Pero el síndrome de la edad de oro es peligroso. Por un lado, porque la nostalgia puede ser dañina para los humanos, alterando los recuerdos del pasado y complicando innecesariamente el presente. Según muchos psicólogos, aunque la nostalgia en algunas ocasiones puede ser beneficiosa, la mejor manera de evitar la depresión es estar atento a lo que sucede ahora en el presente y no descartarlo.

Por otro lado, en términos generales y centrándonos en la sociedad, la nostalgia como decíamos también puede ser peligrosa. El populismo se basa en la idea del retorno a una época pasada y mejor, y también juega mucho con el concepto de la vuelta al hogar. Esta es la clave: la nostalgia es un regreso al hogar, y sirve para crear fronteras entre el 'nosotros' y el inmoral 'ellos', creando una división intergrupal entre la gente y las élites. El retorno a casa no es tan diferente de lo que buscaban los soldados suizos que se encontraban en el frente en el siglo XVII, pero igual que no debemos perdernos en las quimeras del pasado y olvidarnos de vivir el presente, sería mucho más efectiva una política orientada hacia el futuro y no retrospectiva, que sea honesta con el pasado (sin florituras) y, por supuesto, optimista sobre el futuro.

Habla Sveltlana Boym de dos tipos de nostalgia en esta vida: reflexiva y restaurativa. La primera de ellas es más beneficiosa o, por lo menos, más práctica. Consiste en un vistazo hacia el pasado, dándonos cuenta de que las cosas sin duda han cambiado y ahora son diferentes, pero sin que eso signifique que antes eran mejores. Más bien al contrario, nos hace percatarnos de que a día de hoy hay, sin duda, muchos avances que hacen nuestra vida más sencilla. La nostalgia restaurativa, sin embargo, es, según la autora, más peligrosa, y buena parte de los populismos actuales se nutren de ella: tiene como objetivo restaurar una Edad de Oro idealizada.

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