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QAnon, 'Pizzagate' y Estado profundo: el pánico satánico vuelve con fuerza a EEUU
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COMO SI ESTO FUERA 'STRANGER THINGS'

QAnon, 'Pizzagate' y Estado profundo: el pánico satánico vuelve con fuerza a EEUU

Miembros de la extrema derecha estadounidense traen una nueva oleada de paranoia colectiva de terror ocultista muy similar a la de los ochenta. La diferencia es que esta vez va mucho más en serio

Foto: Fuente: iStock
Fuente: iStock

La última temporada de la popular serie 'Stranger Things', estrenada a finales de la primavera de este año, recupera uno de los temores y leyendas urbanas que más sacudieron a Estados Unidos en la década de 1980: el llamado Pánico Satánico, el cual abarcó más de 12.000 acusaciones infundadas de abusos sexuales con contenido diabólico entre las altas esferas políticas del país. Durante esa década, el temor ante una supuesta red de pedofilia que rendía culto a Satanás era muy real, con túneles secretos que interconectaban guarderías interestatales por los que se secuestraban niños para practicar ritos ocultistas.

La mecha que prendió este fenómeno fue la publicación de un libro del psiquiatra Lawrence Pazder titulado 'Michelle Remembers' (1980), el cual hablaba de sus sesiones con una paciente que había olvidado el trauma de haber sido abusada en un contexto satánico. Rápidamente, se convirtió en un 'best-seller' y el pánico (nunca mejor dicho) estalló en todo el país. De algún modo, la obsesión de los estadounidenses por supuestas asociaciones secretas ocultistas ya venía de muy atrás, sobre todo tras los asesinatos de la secta del músico Charles Manson a finales de los años 60, que coincide a su vez con la publicación de la Biblia Satánica de Anton LaVey en 1969.

Foto: Seguidores de Charles Manson, fuera del juzgado de Los Ángeles. (Cordon Press)

Como buen producto de ficción, la serie horadaba en el inconsciente estadounidense con ese espíritu 'retro' que tanto caracteriza su propuesta estética. Y, como si se tratara de una hiperstición, resulta demasiada casualidad que haya resucitado una nueva ola de Pánico Satánico justo a la vez, esta vez actualizado a través de las teorías de la conspiración, el QAnon y el Estado profundo que tango ha agitado la extrema derecha en sus redes sociales durante los últimos años.

"QAnon, los medios partidistas y ciertos políticos conservadores han difundido nuevos temores sobre abusos sexuales de niños en rituales"

Si en aquel entonces el detonante fue el libro de Pazder, esta vez ha sido el Pizzagate que persigue a Hilary Clinton y algunos sectores del Partido Demócrata desde las elecciones de 2016. En ese año, una filtración de Wikileaks publicó una serie de correos electrónicos del jefe de campaña de la candidata, John Podesta, los cuales, según la conspiración, contienen mensajes en código que ofrecían claves de varios restaurantes conectados por los que se procedía al secuestro y tráfico de niños para que miembros del partido y estrellas de Hollywood así como empresarios abusaran de ellos sexualmente.

De aquellos barros... estos lodos 'siniestros'

Sin duda, hay muchas semejanzas entre ambas leyendas urbanas; si cambiamos las guarderías por los restaurantes, los fantasmas que antaño asolaron e infundieron terror a la sociedad estadounidense perviven más que nunca. Y estos fantasmas llevan los cuernos de Satanás y se infiltran en las altas capas de la sociedad. En este caso, hay un hecho paradigmático que ha puesto contra las cuerdas a un empleado público, un fiscal del condado de Utah llamado David Leavitt, el cual ha tenido que desmentir por activa y por pasiva que forme parte de una oscura red de culto al diablo que trafica con niños, les abusa para después asesinarles e, incluso, a canibalizarles.

"Esos temores están impulsando nuevas acusaciones vía 'online' y pueden movilizar a la multitud para buscar la justicia por su mano"

El rumor fue aireado por Nicholas Rossi a través de vídeos en sus redes sociales, un delincuente que actualmente cumple condena en una cárcel de Escocia tras fugarse de Estados Unidos al ser acusado de pederastia, y que precisamente fue condenado por Leavitt. ¿Venganza? Tal vez, lo cierto es que los rivales políticos del fiscal han dado pábulo a las incriminaciones de Rossi y la presión para que dimitiera de su cargo y no volviera a presentarse a una reelección.

El caso de Leavitt parece ser solo la punta del iceberg de una serie de campañas de persecución y descrédito de líderes políticos progresistas (a pesar de que el fiscal fuera republicano, caía mal entre las filas conservadores por ser "demasiado blando" con los criminales), como explica un reciente reportaje de la 'NBC'. "La comunidad de QAnon, los medios partidistas y ciertos políticos conservadores han difundido nuevos temores sobre abusos sexuales de niños en rituales satánicos", explica Brandy Zadrozny, periodista de dicho medio. "Esos temores están impulsando nuevas acusaciones 'online' y pueden movilizar a la multitud para buscar la justicia por su mano".

placeholder Un manifestante en nombre de Q. (Reuters)
Un manifestante en nombre de Q. (Reuters)

Rossi se ampara en una demanda de 151 páginas de una mujer anónima que denunció casos perpetuados de abuso sexual con trasfondo satánico a la policía de Provo desde 1990 hasta ahora y que incluía no solo al fiscal, sino también a su esposa, Chelom Leavitt, quien ejerce de profesora asistente en la Universidad de Brigham Young. Aunque no se ha demostrado la veracidad del documento, que fue difundido a través de Telegram y en foros de las teorías de la conspiración, un juez de Utah ya ha abierto una investigación. Poco después, la universidad en la que se desempeña empezó a recibir cientos de correos electrónicos pidiendo el despido fulminante de Chelom, conectándola con el Pizzagate y los Clinton. La profesora, tal y como la describe Zadrozny, irónicamente se dedica a investigar la "atención plena y el sexo saludable".

Una investigación de la propia 'NBC' con ayuda de una agencia de seguimiento 'online', refleja que las menciones a términos como "satanismo" en Twitter aumentaron exponencialmente desde 2016, año del apogeo del Pizzagate y que alcanzaron su cenit en las elecciones presidenciales de 2020. Si ya en redes sociales 'generalistas' ha crecido el discurso del Pánico Satánico, es fácil imaginar lo muy popular que se habrá vuelto en foros y medios asociados a QAanon, la conspiración y la extrema derecha estadounidense. Además, tal y como advierte Joseph Uscinski, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Miami, quien ha investigado con datos cuantitativos el auge de las teorías de la conspiración en la sociedad, es un tema que viene felizmente promocionado y respaldado por "muchos políticos nacionales y locales".

El diablo que susurra a las mujeres para abortar

"Las veces que sacan a relucir el nombre de Satanás los medios de comunicación conservadores y algunos actores políticos son demasiado numerosas para catalogarlas en su totalidad", remarca Zadrozny. Todo esto bajo el contexto de victorias judiciales para la extrema derecha heredera de Donald Trump, como la derogación del derecho al aborto por el Tribunal Supremo en mayo de este año, que, aunque varios estados han conseguido bloquear, es aprovechada por algunas personalidades del Partido Republicano para asociar a este culto satánico. Personas como Marjorie Taylor Green, quien recientemente dijo en una entrevista que "el diablo susurra a las mujeres para que aborten bajo la promesa de que se casarán con ellas".

No es tanto el terror que infunde el demonio en sí, sino la falta de propuestas políticas e ideológicas para un mundo que mira demasiado al pasado

Sucesos trágicos recientes, como el accidentado concierto de Travis Scott en el Astroworld en el que murieron diez personas aplastadas (algo que lamentablemente puede ocurrir en este tipo de eventos multitudinarios cuando no se garantiza la seguridad o no hay un control estricto de aforo) también han sido tildados de espectáculo o ritual satánico. Tal vez fuera por su espectacular escenografía (llena de llamas de fuego de varios metros de altura) por lo que este tipo de especulaciones terroríficas sobre un hecho tan trágico no solo entraron en boca de los típicos agitadores de la 'alt-right' más radical, sino también por los usuarios de las redes sociales como TikTok o Instagram, es decir, jóvenes menores de 30 años, en especial los 'centennials'.

Por ello, el asunto del satanismo es especialmente sensible en Estados Unidos, al margen de la connotación política que ciertos sectores de la política o de los teóricos de la conspiración le quieran dar. A ojos de otras culturas en la que sí que está presente, pero no de una forma tan notoria, esta obsesión se puede antojar un tanto delirante debido a que es una idea contrapuesta a los avances científicos y tecnológicos, pensados en su día como antídoto frente al oscurantismo y la superstición.

Foto: Los tres de West Memphis. (Wikipedia commons)

Al final, no es tanto el terror que infunde el demonio en sí, sino la falta de propuestas políticas e ideológicas para un mundo que mira demasiado al pasado (sea consciente o inconscientemente), tal vez por empacho de presente. El Pánico Satánico no deja de ser producto de finales del siglo XX, y aunque hayan pasado entre treinta y cuarenta años, los viejos fantasmas se reproducen una y otra vez, sea o no por intereses políticos. En la era de la desinformación y la conspiranoia, no podía faltar la amenaza de un ser tan poderoso y externo a nosotros como el propio diablo para atenazar a las almas con ansia de progreso. Y, en este caso, para hacer una regresión a tiempos más oscuros en las que conquistas sociales como el derecho de las mujeres a decidir si abortar o no, quedan en entredicho e incluso supeditadas a seres sobrenaturales.

La última temporada de la popular serie 'Stranger Things', estrenada a finales de la primavera de este año, recupera uno de los temores y leyendas urbanas que más sacudieron a Estados Unidos en la década de 1980: el llamado Pánico Satánico, el cual abarcó más de 12.000 acusaciones infundadas de abusos sexuales con contenido diabólico entre las altas esferas políticas del país. Durante esa década, el temor ante una supuesta red de pedofilia que rendía culto a Satanás era muy real, con túneles secretos que interconectaban guarderías interestatales por los que se secuestraban niños para practicar ritos ocultistas.

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