Lo que le pasa a tu cuerpo cuando dejas de practicar sexo
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SALUD Y SEXOLOGÍA

Lo que le pasa a tu cuerpo cuando dejas de practicar sexo

¿Qué ocurre cuando dejas de tener orgasmos con tanta frecuencia a nivel fisiológico? Posiblemente te sientas más estresado, entre otros tantos efectos

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Todos en algún momento de nuestras vidas pasamos algún que otro momento de sequía. A no ser que lleves con tu pareja desde hace mucho y sigáis disfrutando de vuestros momentos de intimidad como las primeras veces, tarde o temprano llega el día en el que no tienes a nadie pendiente en tu lista de 'crushes' potenciales. Si es tu caso y en el momento presente no tienes a nadie a quien dirigir tus besos y caricias, no deberías sentirte tan mal, y en vez de ello deberías aprovechar para pensar en ti mismo y profundizar más en tus sentimientos y emociones. Incluso, no deberías pasar por alto actividades como la masturbación, la cual no deja de ser una forma de sexualidad tan legítima como otra cualquiera.

Una vida sexual activa no siempre implica a otra persona, pero en este caso y teniendo en cuenta que hemos vivido una pandemia en la que hemos tenido que restringir nuestros contactos sociales, es posible que te encuentres más solo de lo normal en el aspecto sexual y te surjan las preguntas. Una de ellas bien puede ser, por mera curiosidad, qué le pasa a tu organismo a nivel fisiológico cuando deja de disfrutar del sexo.

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De hecho, se ha descubierto que hacer el amor reporta grandes beneficios para la salud mental y física de quien lo practica, por lo que no deberíamos desdeñas sus propiedades de cara a reducir el estrés o mejorar la presión arterial. La revista 'Men's Health' ha elaborado una lista con los efectos que notarás si de repente dejas de tener tantos orgasmos en un período largo de tiempo.

Sufrirás más estrés

Como decíamos, el sexo es una de las actividades que más relajan del mundo. De ahí que, al terminar, induzca un sopor en los implicados que lo que más te apetezca sea echar una 'cabezadita'. Por otro lado, también sirve para estimular al estado de ánimo, de ahí que tengamos menos predisposición a cabrearnos con cualquier asunto si podemos y sabemos descargar nuestra energía sexual. "Se liberan endorfinas que ayudan a mejorar el carácter", asegura Debra W. Soh, neurocientífica estadounidense. "Por lo que si después de mucho tiempo haciéndolo atraviesas una sequía, el nivel de estrés puede ser notorio".

No dormirás tan bien

El estrés tiene relación con el sueño, y a más niveles de ansiedad, peor dormiremos, no solo en cantidad de horas sino también en calidad. La oxitocina, la prolactina y la dopamina son tres hormonas que se liberan, además de la anteriormente mencionada, cuando estamos a punto de llegar al orgasmo, tres potentes neurotransmisores que tienen un efecto calmante y proporcionan un bienestar al instante.

Aumentará tu presión arterial

Un estudio publicado en la revista 'Biological Psychology' demostró que las personas que tenían relaciones sexuales con más regularidad tenían niveles más bajos de presión arterial que aquellas que apenas tenían. Esto, de algún modo, también se relacionaba con el estrés, ya que al fin y al cabo el aumento de la presión arterial es uno de los mecanismos que pone en marcha el organismo como fruto de la ansiedad o los estados de alarma.

Empeorará tu función cognitiva

La actividad sexual puede reforzar la actividad del hipocampo, el área del cerebro dedicada a la memoria. Algo que también se relaciona con el estrés: otro estudio de la Universidad de Konkuk de Seúl concluyó que la actividad sexual puede ser muy útil de cara a reducir los efectos negativos en la memoria como fruto del estrés.

Y tu sistema inmunológico se resentirá

Aunque no lo creas, los orgasmos son muy beneficiosos para tu sistema inmune, como descubrieron los psicólogos Carl Charnetski y Francis Brennan Jr. en un estudio en el que tomaron muestras a una serie de pacientes que tenían una o dos relaciones sexuales a la semana para analizar sus niveles de glóbulos blancos. Así, descubrieron que aquellos que más lo hacían tenían una alta concentración de inmunoglobulina A, el anticuerpo encargado de dar respuesta a los virus del resfriado común.

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