El coronavirus desde fuera de la Tierra: así ha vivido la pandemia la astronauta Jessica Meir
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"LA VISTA ERA INCREÍBLE"

El coronavirus desde fuera de la Tierra: así ha vivido la pandemia la astronauta Jessica Meir

Jessica Meir llevaba desde los cinco años soñando con volar al espacio. Pero lo que no sabía es que, mientras ella estuviera ahí arriba, una gran pandemia asolaría su planeta

Foto: Jessica Meir (EFE)
Jessica Meir (EFE)

La mayoría de nosotros nos pasamos la vida haciendo preguntas que muchas de ellas no sabemos si tienen respuesta. Así, nuestra existencia se sostiene en base a creencias sobre nosotros mismos, los otros y el mundo que nos rodea. Pero tal vez si obtuviésemos una vista desde muy arriba podríamos comprender, aunque solo sea de forma muy general, algunos de los grandes misterios que siempre nos han asolado.

Es lo que se conoce como "efecto de visión general", el cual consiste en ver de primera mano la realidad de la Tierra desde el espacio. Por desgracia, no todos podemos disfrutar de dicha experiencia, ya que está reservada solamente para los astronautas. Los psicólogos que han analizado el efecto en personas reales que un día despegaron de la superficie terrestre comentan que se trata de una especie de epifanía, es decir, un instante de profunda lucidez mental en la que se despejan todas las dudas.

Fue bastante surrealista. Pensé: "¿Cómo es posible que esté aquí arriba flotando, mirando hacia abajo y pueda contemplar todo el planeta?"

Algo así experimentó Jessica Meir en su primera misión al espacio, una mujer de 43 años estadounidense que se ha pasado observando desde allí arriba todos estos meses de pandemia. "Escuché lo de que te cambia como persona", declara en una entrevista concedida a la revista 'The Face'. "Pero fue bastante surrealista, la verdad. Pensé: '¿Cómo es posible que esté aquí arriba flotando, mirando hacia abajo y pueda contemplar todo el planeta?'. Al margen de verlo como increíblemente hermoso, sentí una sensación de profunda conexión... me llevó un tiempo ordenar todos mis pensamientos".

"Lo más loco de creer fue que el coronavirus estaba afectando a cada una de las 7.500 millones de vidas humanas que hay en la Tierra, algo que ni siquiera existía cuando despegamos", comenta impresionada. "Luego, estaba con mis compañeros en el espacio, separados completamente del planeta". Meir regresó al Centro Espacial Johnson en abril de 2020, justo en medio de la cuarentena mundial. Lo más paradójico es que, después de haber estado ahí arriba separada de los suyos y aislada durante meses, volvió a la Tierra y se encontró con que todo el mundo estaba confinado. "Si te soy sincera, me dejó un poco deprimida".

Un corazón entusiasta

Meir quiso ser astronauta desde los cinco años. Ahora, treinta años después, quién le diría que su sueño estaba destinado a cumplirse. Antes de dejar atrás la atmósfera terrestre, se esforzaba en acabar su carrera universitaria sobre los animales marinos. En concreto, de los pingüinos. Tal y como relata ella misma en la entrevista al medio norteamericano, pasó casi un año en un "rancho de pingüinos" localizado en la Antártida para comprender cómo podían contener la respiración durante períodos prolongados de tiempo.

Al salir de la esclusa de aire, miré hacia abajo y descubrí tan solo mis botas. Luego, nada

Pero para ella, la mejor aventura era la que le esperaba allá arriba, en la Estación Espacial Internacional. "A lo largo de mi vida y de mi carrera, siempre me atrajo el hecho de ver y experimentar algo crudo y salvaje", explica Meir. Cuando llegó ahí arriba, vio el mundo girar bajo sus pies: las arenas de las dunas del Sáhara, el verdor del Amazonas o el Mar Mediterráneo extendiéndose desde la Península Ibérica hasta Turquía. "La vista era increíble", corrobora. "Estaba adquiriendo una gran comprensión al estar separada de todos los lugares en los que había estado o visto, de todos los demás seres humanos y de todas las experiencias vitales que había tenido. Yo tan solo era una mera observadora que estaba procesando algo muy grande".

¿Cómo era su día a día en la Estación Espacial Internacional? Meir se encargaba de hacer reparaciones en las instalaciones, las cuales se han quedado algo obsoletas. También se tiraba dos horas haciendo ejercicio aeróbico en una máquina especialmente diseñada para andar en bicicleta o correr en cinta cuando hay gravedad cero: el ARED ("Dispositivo de Ejercicio Resistivo Avanzado", por sus siglas en inglés) es un sistema que genera resistencia a través de tubos de vacío para poder hacer pesas en esas condiciones de nula gravedad. Si los astronautas no realizaran ejercicio físico regular, se arriesgarían a perder una gran densidad de masa ósea, generando atrofia muscular.

Foto: Lawrence Jr., preparado para la misión. (NASA)

El tiempo libre lo dedicaba a tomar fotografías de la Tierra desde ahí arriba o bien simplemente a darse un paseo espacial. Esto fue precisamente lo que más le impresionó, no solo a ella, sino en general a todos los astronautas que pasaron antes por su misma situación. Antes de dejar la Tierra, la mayoría de sus compañeros que ya habían estado argumentaban que les resultaba muy difícil explicar lo que se siente flotando en mitad del espacio.

Un paseo espacial

"Al salir de la esclusa de aire, miré hacia abajo y descubrí tan solo mis botas. Luego, nada", relata Meir. "Yo estaba como diciendo 'mierda, qué está sucediendo'. Siete horas y 17 minutos en medio del vacío es demasiado tiempo como para no sentir que estás cayendo. Afortunadamente, no tuve esa sensación en particular. No parece que tenga esa respuesta de miedo a la que estamos destinados los huemanos. El miedo es algo bueno, al fin y al cabo. Creo que es así como tienes que vivir tu vida: dispuesto a correr riesgos y a fracasar para lograr algo grandioso".

Cuando estás en el espacio, literalmente estás viendo la imagen más grande, frágil y hermosa de todo lo que es nuestro mundo

¿Qué pensó cuando se enteró de la noticia de que había estallado una pandemia en su planeta de origen? "Me habría quedado allí, lo más seguro", asegura. "Las cosas que más echaba de menos, como abrazar a amigos o ir a cenar a restaurantes, no estaban disponibles a la vuelta". Así es como al volver le dio mucho tiempo para pensar en cómo le había cambiado la experiencia de contemplar todo desde arriba.

"Todavía es muy difícil describir con palabras lo que se siente al observar toda la Tierra desde arriba", reconoce. "Aquí abajo es muy fácil acabar olvidándote de que vives en un planeta. Se vuelve algo superficial e intrascendente. Pero cuando estás en el espacio, literalmente estás viendo la imagen más grande, frágil y hermosa de todo lo que es nuestro mundo. Esa bola azul en medio de la oscuridad del espacio", alega, refiriéndose a la famosa descripción del astrónomo Carl Sagan en el episodio de su serie, 'Ese pequeño punto azul'. "Deseo que todos los seres humanos pudieran experimentar aquello, en particular nuestros líderes mundiales".

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