VACACIONES POR LA ESPAÑA DESCONFINADA

Descubre Galicia este verano con esta ruta de 7 días en coche

Esta región española tiene de todo: gastronomía, cultura, ciudades cómodas de recorrer, pujantes y llenas de historia. También rías, playas y muchos otros espacios naturales

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Galicia tiene de todo. Gastronomía, cultura, ciudades cómodas de recorrer, pujantes y llenas de historia. También rías y playas, espacios naturales. Todos sus encantos hacen de esta región un destino perfecto para unas vacaciones de una semana con el coche.

La pandemia del covid-19 lo ha cambiado todo. Y, por supuesto, también los planes de vacaciones de mucha gente. Adiós a sacar billetes con meses de antelación y a los viajes lejanos. Teniendo en cuenta que la mayoría de los españoles improvisarán sus vacaciones casi sobre la marcha, en El Confidencial vamos a sugerirte todas las semanas viajes, escapadas y planes en nuestro espacio 'Vacaciones por la España desconfinada'.

En esta ocasión te vamos a recomendar una ruta ideal para exprimir al máximo Galicia en siete días. Y, por supuesto, puedes adaptarla a tus gustos y preferencias.

Día 1: Santiago de Compostela

Comenzaremos nuestro viaje en la capital de Galicia. Patrimonio de la Humanidad desde 1985, Santiago de Compostela lleva siglos atrayendo a visitantes y peregrinos de todo el mundo. Es la ciudad más cosmopolita de Galicia pero se lo toma con naturalidad, por eso desde el primer momento sientes que formas parte de ella.

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En el casco histórico, la Catedral y el Pórtico de la Gloria. Plazas emblemáticas como la del Obradoiro, la Quintana y O Toural. Decenas de iglesias, conventos y palacios. Románico, gótico, barroco.

También puedes disfrutar de tiendas, bares, restaurantes y un bonito Mercado de Abastos rebosante de productos frescos. Además, en pleno centro, la Alameda con sus árboles de camelias y el Paseo de la Herradura, con una estupenda vista de la catedral. Y a las orillas del Sar, la Colexiata de Santa María y sus imposibles columnas inclinadas. Santiago es grande. Y así te hace sentir.

Día 2: A Coruña

Dedicaremos nuestro segundo día a visitar otra de las imponentes ciudades gallegas. A Coruña es una ciudad para pasear y disfrutar, con playas en pleno centro y, presidido por la Torre de Hércules, un largo Paseo Marítimo que la rodea casi por completo.

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Los coruñeses tienen fama de vivir bien, así que sigue sus costumbres. Siéntate en una terraza en la Plaza de María Pita y descubre su apasionante historia. O pasea por los Cantones y admira sus famosas galerías de cristal, de estilo modernista. Y si quieres ir de compras este es el sitio perfecto, sobre todo si quieres vestirte de moda.

Además, A Coruña tiene excelentes museos como el de Bellas Artes, la Casa de las Ciencias, el Domus o el Arqueológico, en el Castillo de San Antón. Y al atardecer, nada como el acogedor y romántico Jardín de San Carlos o si prefieres animación, los Jardines de Méndez Núñez, en pleno centro. Aquí está el Kiosko Alfonso, hoy sala de exposiciones y antes un cine con dos salas divididas por la pantalla, de modo que se pagaba una entrada más barata... viendo la película por detrás.

Día 3: Rías Altas

El tercer día de nuestro viaje disfrutaremos de las Rías Altas gallegas, comenzado por la propia A Coruña donde hemos pasado el día anterior.

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A Coruña, Ares e Betanzos, Ferrol, Cedeira y Ortigueira... Son las rías del norte de Galicia que miran al Atlántico. Todo un mundo por descubrir agrupado en dos grandes áreas: A Coruña e As Mariñas, urbana y mundana; Ferrolterra, ilustrada y con un toque salvaje.

Betanzos sorprende por la monumentalidad de su centro histórico. Y en la Ruta de la Camelia, el Pazo de Mariñán, con sus jardines al borde del mar.

Ferrolterra tiene algunos de los espacios mejor conservados de Galicia, con muchos parajes prácticamente vírgenes. Entre ellos, Estaca de Bares, uno de los mejores puntos de observación de aves de Europa, o los alrededores del santuario de Santo André de Teixido, en plena Serra da Capelada. Y aunque esta es una zona de costa abrupta y acantilada, el mar se toma aquí un respiro formando espléndidos arenales y playas como Morouzos en Ortigueira o Vilarrube en Cedeira.

Día 4: Costa da Morte

Prepárate para un cuarto día intenso, ya que aprovecharemos que los días de verano tienen más horas de luz para ver lo máximo posible. En esta costa encontraremos playas desiertas, ensenadas y acantilados. Los cabos, como el de Fisterra, Touriñán y Vilán, penetran en un océano bravío y de aguas agitadas. Sus aldeas convidan al paseo tranquilo y a observar las labores de los hombres y mujeres del mar. Es una tierra de misterio, de leyendas y mitos. Su belleza paisajística y el interés cultural la convierten en una zona única y de especial encanto para el visitante.

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Por su valor ecológico, esta parte de Galicia alberga dos Lugares de Importancia Comunitaria (la costa de A Costa da Morte casi en su totalidad y el Río Anllóns) y una Zona de Especial Protección para las Aves (Illas Sisargas), así como un Paisaje Protegido (Penedos de Pasarela e Traba). Hacia el interior, la tierra forma suaves colinas, tapizados de campos de maíz, pastos y forestas.

Es una de las zonas más ricas de Europa en muestras de cultura megalítica. La visita al dolmen de Dombate o al castro de Borneiro, enclaves de gran valor, nos harán retroceder miles de años en el tiempo, para conocer algo más de la vida de nuestros ancestros. Con la llegada del cristianismo, muchos de los lugares sagrados de los primeros pobladores de estas tierras se adaptaron a las nuevas creencias.

Incluso en las celebraciones religiosas de hoy en día, es posible percibir el aliento ancestral panteísta y pagano que las anima. En el santuario de la Virxe da Barca, en Muxía, se reúnen cada año millares de fieles en una de las romerías más importantes de Galicia.

Frente a estas costas navega una buena parte del tráfico marítimo del Atlántico Norte. Si tenemos en cuenta que la línea de la costa es muy recortada y que las tormentas y temporales son habituales durante los meses de invierno, comprenderemos por qué la Costa da Morte fue escenario de multitud de naufragios. Frente al mar es posible ver cruces que recuerdan a sus víctimas. El cementerio de los Ingleses debe su nombre a los numerosos ahogados que causó el hundimiento del buque inglés Serpent en 1880.

La Costa da Morte mantiene las tradiciones de sus antiguos oficios y labores de artesanía. El encaje de bolillos, sobre todo el de Camariñas, pero también el de otras localidades, recibió muestras de reconocimiento a nivel internacional. Por otra parte, Buño es famosa ya desde hace siglos por su importante actividad alfarera.

Día 5: Rías Baixas

Después de un cuarto día muy intenso, disfrutaremos una quinta jornada más relajada en las Rías Baixas: el paraíso podría estar aquí. En el suroeste de Galicia, desde el Monte Louro en Muros hasta la desembocadura del Miño, las Rías Baixas despliegan sus encantos en azul y verde, los colores de un mar que se adentra en la tierra.

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Playas, islas, viñedos, senderos, pazos, iglesias, mariscos, camelias, balnearios... Noia, Cambados, Vilagarcía de Arousa, Sanxenxo, Pontevedra, Marín, Cangas, Vigo, Mondariz, Baiona, Tui, A Guarda… Paisajes con historia, pequeños pueblos marineros y ciudades para disfrutar en cualquier época del año.

Las Rías Baixas son sinónimo de la mejor gastronomía de Galicia. Pescados y mariscos con el sabor de lo auténtico, que cómo no, se disfrutan más cuando se acompañan con el vino propio de estas tierras, un vino de la D.O. Rías Baixas. Para muchos, uno de los mejores blancos del mundo. Y en el Baixo Miño, fértil y alegre, lo mejor de la huerta.

Día 6: Pontevedra

El penúltimo día de nuestro viaje nos llevará a otra de las bellas ciudades gallegas. "Pontevedra dá de beber a quen pasa" es un dicho gallego que expresa muy bien la esencia de esta ciudad: la hospitalidad.

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Esta tradición de acogida, se refleja en la Virgen Peregrina, emblema del camino portugués a Compostela, honrada por los pontevedreses con una curiosa iglesia, monumento nacional, con la planta en forma de vieira.

En Pontevedra todo está a un paso. Y hay tanto que ver... Tesoros de verdad, como la colección de orfebrería en oro del Museo de Pontevedra, única en Europa, con joyas espléndidas de más de 4.000 años de antigüedad. Y otras joyas más, la Basílica de Santa María, las Ruínas de Santo Domingo y la Iglesia de San Bartolomé.

Pero aún hay más. Parques, alamedas, paseos por el río en plena ciudad y un centro histórico que después del de Santiago, es el más importante de Galicia. Arquitectura en piedra con casas blasonadas y habitadas, fuentes, plazas rebosantes de vida y terrazas con ambiente hasta la madrugada. Esto es vida. En Pontevedra ya no se duerme.

Día 7: Islas Cíes

Terminaremos nuestro ‘tour’ en un paraíso natural: las Islas Cíes. Hablar de las Islas Cíes es hablar de naturaleza en estado puro. Acceder a ellas desde los puertos de Vigo, Cangas o Baiona desde donde, en temporada alta, los catamaranes de línea regular salen hacia este archipiélago, nos permitirá observar su imponente imagen al fondo de la ría de Vigo. Como ancestrales leviatanes, agrestes e indomables, esta estampa os transportará a otro tiempo; un tiempo en el que solo importamos nosotros y lo que nos rodea; un tiempo para disfrutar.

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Una vez a bordo del barco que os llevará a las islas, gaviotas, cormoranes, alcatraces y los siempre juguetones delfines serán vuestros compañeros de viaje, acaparando vuestra atención durante toda la travesía. Durante el viaje, salpicarán el mar un montón de pequeños barcos de pesca artesanal, demostrando así la riqueza casi inagotable de los fondos marinos gallegos

La mejor fotografía de las tres islas, la Norte, el Monteagudo, la del Medio o del Faro y la Sur o San Martiño, se queda pequeña al lado de la belleza natural a la que os iréis aproximando conforme el catamarán llegue a destino, en el embarcadero situado junto a la playa de Rodas . Este puede considerarse el centro neurálgico desde el que comenzar a explorar este paraíso, que ya Ptolomeo apodó como las “Islas de los Dioses”.

Una vez atracados, podéis optar por el descanso en el hermoso arenal de la playa de Rodas acercaros a uno más tranquilo, como el de Figueiras. Sus claras y ricas aguas harán las delicias de todo aquel que guste de sumergirse en ellas. Sargos, lubinas, pintos, maragotas, invertebrados de todo tipo, algas de todos los colores… Vida por doquier será el recuerdo que os llevaréis tras haberos sumergido en el paraíso submarino que forman las Cíes.

De obligado cumplimento es la visita al Centro de Interpretación, donde os darán toda la información relativa a este paraíso, así como para la visita a sus faros. El camino que conduce hasta cualquiera de ellos es una caminata que los amantes de las rutas de senderismo no olvidarán en mucho tiempo, ya que se desarrolla en un marco natural y de tranquilidad casi intemporal. Pero, si hubiese que recomendar uno solo, sería aquel que se encuentra en la cumbre del Monte Faro: Como no podía ser de otra manera, las vistas estarán coronadas por un paisaje de postal. Si toda esa panorámica la enmarcamos en un atardecer, entonces esa imagen quedará grabada en nuestras retinas de por vida.

Alma, Corazón, Vida

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