HISTORIA DEL REINO DE NAVARRA

La historia de Juan de Urtubia: un expediente abierto para los historiadores

Aunque no hay datos sobre su muerte o desaparición, este vasco navarro dejó una huella muy profunda por su arrojo y por el manejo del arte de la guerra con escasos recursos

Foto: Un hombre camina por las ruinas de la iglesia de San Pedro en Viana (Navarra). Fuente: iStockMan walking in the ancients ruins of San Pedro,s church.
Un hombre camina por las ruinas de la iglesia de San Pedro en Viana (Navarra). Fuente: iStockMan walking in the ancients ruins of San Pedro,s church.

Lo de Juan de Urtubia, un perfecto desconocido en la maltratada (por nosotros mismos) historia de España, es de traca. Este país tiene el morboso placer que proporcionan los miedos de la decadencia y su consiguiente desamparo, aderezado con el rencor con el que nos flagelamos por la grandeza perdida de aquel esplendor que fuimos y de la decepción de vernos en un espejo cóncavo con las lacerantes consecuencias que ello conlleva. Definitivamente, es muy difícil ser pobre después de ser rico. De los tupidos bosques de las Landas en el suroeste francés, de sus bosques maridados con el océano Atlántico en armonía increíble y de la belleza espectacular con sus playas rectilíneas y plagadas de dunas interminables, donde kilómetros de arenas abrazan ese mar en un dueto perfecto; provenía un vascón en lo que hoy es la Aquitania francesa.

Cuando los francos merovingios hacia el 602 crearon el Ducado de Vasconia para complacer a los tumultuosos y broncos hombres de la txapela que los tenían hasta la coronilla, y de paso asegurarse un estado tapón ante posibles agresiones provenientes del sur (cosa que poco más de un siglo después pondría en práctica de nuevo Carlomagno), los Wascones (gentilicio probablemente de origen godo) o Vascones quedaron apaciguados durante un rato hasta que el gran emperador que entre otras cosas ha pasado a la historia por el terrible correctivo que le aplicaron estos díscolos elementos que vivían entre los bosques impenetrables de la llamada Euzkal Herria, aniquilaron literalmente a su entera retaguardia en una de las acciones más osadas de la historia militar por su impecable planificación y ejecución.

Gascones y vascos del norte del Reino de Navarra se enrolaron con la idea de vapulear a los famosos almogávares, otros mercenarios muy bestias

Los franceses como es lógico, crearon el Cantar de Roldan (muy liricos ellos), para quitarle hierro a aquel tremebundo vapuleo o espeluznante matanza, que ha quedado en los anales como la tragedia de Roncesvalles. Lo que fue el Ducado de Vasconia, con el paso del tiempo derivó en la Gascuña francesa, un extraño mix en el que el ADN de los antiguos Merovingios y los vasquitos de aquellos lares, dieron en alumbrar allá por el siglo XII tras la fragmentación del componente étnico original que junto con la lengua, generaban una identidad propia y diferencial en el entender de aquel tiempo.

En el siglo XIV, unos 200 años después, los vascones, gascones y los navarros , que tenían una fuerte presencia en ambos lados de los Pirineos occidentales, seguían dando la lata a la Casa de Anjou, ora por no pagar los tributos requeridos por estos, ora por vivir en un estado permanente de escaramuzas contra los francos. Hacia 1365, los protofranceses, hasta la cejas de estos tres pueblos con muchos elementos culturales e identitarios en común, acaban haciendo manitas refrendando entre Carlos V de Francia y Carlos II de Navarra una paz de intenciones duraderas. En Avignon en una monumental barbacoa y con gran oropel, los reinos de Navarra y Francia, se juraron amor eterno, amor que duró lo que el canto de un gallo, pues años más tarde, el Rey Católico tuvo a bien ponerles las pilas otra vez ante sus desmedidas ambiciones.

Para el caso que nos trae, de la zona de Laburdi (tambien Lapurdi vale), una de las provincias que perviven en el imaginario de la hoy utópica nación vasca transpirenaica; un caballero perteneciente al anciano linaje local, el de los Urtubia; un día le dio un repente y se enroló como mercenario en la llamada Compañía Blanca en la que gascones y vascos del norte del Reino de Navarra, probablemente de los valles de Baztan, Roncal y Salazar, y de la zona transpirenaica de Lapurdi y Zuberoa, se enrolaron con la idea de vapulear a los famosos almogávares (otros mercenarios al servicio de la Corona de Aragón), un poco bestias ellos, invadiendo el ducado de Atenas, el Ática y la próxima Beocia para hacer boca.

Río Esca, en el valle del Roncal, Navarra. (Wikipedia)
Río Esca, en el valle del Roncal, Navarra. (Wikipedia)

No contentos con ello y ya con la directa puesta, les arrearon a los confiados aragoneses unas collejas en Neopatria y la antigua Tebas (griega). Inasequibles al desaliento y ya con velocidad de crucero, el capitán Urtubia recibiría en reconocimiento por sus osadas razias varias concesiones y mercedes de su rey, a la sazón Don Carlos II con una asignación de 1.000 florines de oro, lo que para la época equivalía a una primitiva. Urtubia que cuando había embarcado en Tortosa era un mozalbete, había reclutado cincuenta hombres de armas; pero era un líder natural y pronto sus correrías y éxitos recorrían Europa a través de las coplillas de los juglares.

Nuevos enfrentamientos

Bernardo Ballester era por aquel entonces el líder natural de los fieros almogávares y el adelantado en aquellas lejanas tierras de la dominación catalano-aragonesa en el área de Beocia y, en un descuido, Urtubia le mangó la cartera dejándolo como Dios lo trajo al mundo. Los catalano- aragoneses repuestos del susto, volverían a enfrentarse a los vascos y gascones al servicio del rey de Navarra cayendo nuevamente prisioneros y negociando rescate, lucrativo negocio muy en boga por aquel entonces. Pero los aragoneses y sus colegas de correrías, los catalanes (no hay que olvidar que un par de siglos antes el Conde de Barcelona, un tarambana de cuidado había pegado un braguetazo como una escalera de color y le había hecho un bombo a la bella Petronila así como quien no quiere la cosa) no arrojaban la toalla y otra vez, volvieron a la carga contra las tropas navarras de la Compañía Blanca en la que estaban encastrados los vascos y gascones.

La conquista de Tebas inicia el declive de la Compañía Blanca. lo que marca el crepúsculo de su efímera dominación en Grecia

Como la cosa se ponía fea y no llegaban los refuerzos reclamados, los coaligados llamaron al primo de Zumosol, que no era otro que Los Hermanos Hospitalarios, que para ser francos, no hacían honor a su nombre y todos junto y en unión, se pusieron a repartir estopa a diestro y siniestro sin más contemplaciones, de tal manera que los almogávares a los que parecía haberles mirado un tuerto, se dieron a la fuga a velocidad sostenida. Urtubia seguía agrandando su leyenda.

Como su prestigio era ya inmenso, en un intermedio, le dio por recorrer la costa jónica adriática apercibido de que bandas de macedonios coaligados con unos albaneses muy malos, estaban cometiendo todo tipo de tropelías contra la población civil. Y allá que fue. Tras darles a sus cabezas un descanso eterno ensartados en unas largas picas a la entrada de Durazzo (hoy Durres), ventiló el tema en una abrir y cerrar de ojos. Más de un millar de interfectos muy bien alineados y en perfecto orden guardaban en su sorprendida expresión tras quedarse sin el indispensable aliento vital, una sorpresa mayúscula. Pero el asunto de la gravedad es lo que tiene, que todo lo que sube baja.

La conquista de Tebas inicia el declive de la Compañía Blanca, también conocida como Compañía Navarra. Es en definitiva el crepúsculo de su efímera dominación en Grecia pues el entramado de intereses tan cambiante entre los reinos de Francia, Navarra y Aragón en ese momento histórico, da para una enciclopedia, pero que también inundaría de datos superfluos este artículo que solo pretende entretener. Se puede así, desde este ángulo, ver como un algo breve, su presencia en aquellas latitudes, pero allá estuvieron dando la lata unos marinos y unos “casheros”, buenos arqueros y buenos ballesteros en busca de sensaciones fuertes. No hay grandes referencias documentales en relación con las hazañas de Urtubia y los suyos pero si se sabe que en Bizancio había una honda preocupación ante el crecimiento exponencial de los mercenarios que se iban uniendo a aquella tropa de 'morroskos' liderada por este enorme capitán y su personal magnetismo que arrastraba a sus incondicionales allá donde fuera este líder natural.

Los sarracenos y otomanos

Pero un enemigo poderoso se acercaba a pasos agigantados desde oriente. Los sarracenos habían sido fagocitados por los turcos y estos a su vez muy subidos, se acercaban a Bizancio con malas intenciones. En este punto, hay que recordar que Mehmet II daría setenta años después un golpe de mano magistral a Constantinopla que dejaría perpleja a la humanidad. Cuatro lustros más tarde, hacia 1382 la Compañía Blanca nutrida por los Gascones del norte de Aquitania, por los vascones seguidores de Urtubia y por los navarros del sur del Arga, habían armado un 'pollo' importante en la región apercibiendo a sus moradores de las malas pulgas de estos.

Inexplicablemente, cuando la Compañía Blanca firmó el tratado de paz con Venecia Urtubia no aparecía entre los signatarios

Como la amenaza otomana crecía a pasos agigantados, los transpirenaicos se aliaron con sus enemigos naturales para afrontar la oleada de turbantes que acechaba su buena fama labrada a base de darle ritmo al acero. Su alianza contranatura con el vizconde de Rocaberti, en ese momento caudillo de los catalanes, les salvó por la campana de una horda de otomanos que se acercaban a caballo arrasando todo a su paso. Aunque estas gentes como hemos dicho, eran excelentes arqueros y ballesteros, y en el cuerpo a cuerpo prácticamente invencibles, la caballería turca no tenía por qué jugar las mismas cartas que los infantes, y si podía dejarlos tocados de muerte disparando a distancia y sin despeinarse.

Inexplicablemente, cuando la Compañía Blanca firmó el tratado de paz con Venecia (la otra parte en conflicto con Aragón en los intereses que se dirimían en la zona) el 2 de enero de 1382, Urtubia no aparecía entre los signatarios. No hay datos sobre su muerte o desaparición. Urtubia es a día de hoy un expediente abierto a los historiadores. Lo que si es cierto es que este vasco navarro, dejó una huella muy profunda por su arrojo y por el manejo del arte de la guerra con escasos recursos.

Que el Señor cuando se despierte, lo acoja en su gloria.

Alma, Corazón, Vida

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