¿Teletrabajas desde la cama? Los peligros para la salud de pasarte todo el día tumbado
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MALDITA PEREZA

¿Teletrabajas desde la cama? Los peligros para la salud de pasarte todo el día tumbado

Si crees que es bueno para tu espalda y tu descanso estar a pleno rendimiento desde las sábanas, te equivocas. Ni el colchón ni tu propio cuerpo lo aguantarán

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A raíz de la cuarentena decretada a comienzos de abril, los más afortunados han podido salvar su empleo a lo largo de estos meses gracias a la fórmula del teletrabajo. Sin previo aviso, muchos han tenido que adaptarse de inmediato a esta práctica laboral, que ya estaba siendo muy discutida antes de que la pandemia comenzara a expandirse por nuestro país y que también plantea serias dudas en relación al tema de la conciliación familiar.

Lo más extraño es que tu lugar de trabajo acabe fusionándose con el que antes era tu lugar de descanso, de ahí que ambas dedicaciones se entremezclen y en algunos casos cueste distinguirlas. Sobre todo si directamente te decantas por teletrabajar desde la cama, objetivamente el lugar de la casa al que te retiras para descansar. En este sentido, ¿se considera trabajo el hecho de estar tumbado en la cama a pesar de que estés siendo productivo y actuando como un buen empleado? ¿Son estas las formas adecuadas, tanto de respetar tu tiempo dedicado al trabajo como al ocio o al descanso?

Las camas están diseñadas para pasar un tercio de esas 24 horas, no mucho más. Y un colchón tiene una vida media de 10 años

Evidetemente, no. Este no será otro de esos artículos que te proponen actuar como si todo fuera normal o como antes. Es decir, no te tienes que levantar y actuar con aplomo y diligencia, repitiendo la rutina que tenías antes de comenzar la cuarentena: un buen desayuno, una ducha y luego vestirte como si fueras a la oficina. De hecho, habría que ser más objetivos y tampoco ejercer una oposición frontal a la realidad de estar aislados, al igual que no caer en la apatía o la desilusión y terminar todo el día metido en la cama ante las nulas expectativas de que todo fuera como hace tres meses.

"La clave está en que todo lo que amas de tu cama desaparecerá si pasas demasiado tiempo en ella". Esta es una de las conclusiones a la que llega Magdelene Taylor, una periodista norteamericana en una columna sobre el tema en 'Mel Magazine'. "Lo primero es que no está diseñada para que vivas permanentemente en ella. Sin ir más lejos, las camas de los hospitales están fabricadas bajo la idea de que las personas pasarán mucho tiempo continuo en ellas, a diferencia de las que hacen las empresas para el consumo privado y doméstico", asevera.

Un colchón caducado antes de tiempo

Por tanto, la primera razón por la que no deberías pasar el día entero en la cama, aunque seas productivo y cumplas con las tareas que te asigna tu empresa, es básicamente que no está hecha para que sea usada tanto tiempo. Se sabe que una cama más o menos mantiene sus propiedades y es saludable (en cuanto a evitar problemas de espalda o dolores de cuello) durante un período no mayor de los 10 años. Pero evidentemente, están diseñadas para pasar un tercio de esas 24 horas que tiene el día, no mucho más, por lo que a más de uno ya habrá gastado un mes más adicional del tiempo de vida de su colchón particular. "Si pasas el doble de tiempo en un colchón 'normal', este solo durará dos años y medio", calcula Taylor. "Dependiendo de la garantía, evidentemente".

Si pasas demasiado tiempo acostado o dentro de la cama tus horarios de sueño se verán alterados de forma inevitable

Obviamente, el colchón es lo de menos, ya que si se te estropea puedes comprar otro. Sin embargo, lo que no puedes adquirir es otro cuerpo, y en este sentido, al igual que el colchón acorta su esperanza de vida, a tu organismo tampoco le sienta bien el hecho de vivir tumbado. ¿Años y años de evolución para que ahora nos acostumbremos a no poner un pie fuera de la cama? "No solamente te destrozará la espalda", recalca la periodista, "sino que también arruinará tu sueño y descanso".

"Hay muchas posibilidades de que aunque estés sentado sobre la cama, no guardarás una posición erguida", prosigue, "seguramente estés presionando la espalda contra unos cojines y la pared o el cabecero de la cama, por lo que tu cuello y columna estarán curvados. Esto a su vez provocará que tu cuello pase demasiado tiempo en tensión y tu columna se tuerza hacia abajo": Taylor cita a Don Chaffin, director emérito de la Universidad del Centro de Michigan de Ergonomía, quien aconseja que si no te queda más remedio que trabajar en la cama lo hagas con un pupitre o escritorio desplazable para obligar a tu cuerpo a que se siente derecho.

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Pero al margen de los padecimientos físicos a los que te arriesgas si te acostumbras a trabajar desde la cama, también deberían preocuparte los referentes al tema de la salud mental. Efectivamente, si pasas demasiado tiempo acostado o dentro de la cama tus horarios de sueño se verán alterados de forma inevitable. "Nuestro cerebro tiene asimiladas ciertas condiciones para dormir, y desarrolla asociaciones espacio-temporales sobre cuándo y cómo dormir", señala Taylor. "Normalmente, asociamos estar en la cama con el descanso". Por ello, si cumples tu jornada laboral desde ella, cuando llegue la hora de llamar a Morfeo inconscientemente tu cuerpo y tu cerebro se sentirán extrañados, ya que llevan ahí metidos todo el tiempo de vigilia.

Lo mejor para evitar trabajar desde la cama es adoptar una serie de hábitos, que tampoo tienen que llegar a ser el hecho de actuar como si de verdad fueras a tu lugar de trabajo. El más simple de todos ellos es hacer la cama. En mi caso particular, que como es lógico también he tenido que teletrabajar en las últimas semanas, es el que mejor funciona para ponerte en disposición de afrontar la jornada laboral. No puedes ordenar las ideas y sacar energía si todo tu espacio de alrededor está desordenado o tu cama permanece deshecha. En primer lugar, porque es demasiado tentador que no acabes volviendo a ella en algún punto de la mañana, y en segundo lugar, porque hacer la cama sigue siendo el primer deber inconsciente en el día a día de una persona. El propio acto de hacerla implica dejar todo preparado para llegar a ella al final del día y cobijarte bajo sus sábanas. Y con ello, despedir otro día más que acaba y decir mentalmente: hasta mañana.

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