Si sufres ansiedad, tienes muchas más probabilidades de caer enfermo
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Si sufres ansiedad, tienes muchas más probabilidades de caer enfermo

Los altos niveles de estrés debilitan el sistema inmunológico. Afortunadamente, hay una serie de aspectos que puedes corregir para que esto no suceda

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¿Cuántas veces has creído que tenías fiebre durante todo este confinamiento? Los termómetros son unos de los objetos que más circulan ahora mismo en los hogares españoles. La paranoia de haber sido contagiado de coronavirus está ahí latente y su primer síntoma más notorio es la fiebre. A esto se le añade la posibilidad de ser asintómatico y tener el virus, ya que los expertos advierten de que muchas personas pasarán la enfermedad casi apenas sin enterarse de que la han tenido.

Por todo ello, es frecuente que el nerviosismo ante la posibilidad de ser contagiado o contagiar a los demás de tu entorno más cercano se instale en ti. Es más, hay ciertos niveles de ansiedad que pueden producir febrículas continuadas en el tiempo. Aunque realmente en todos los diagnósticos la fiebre siempre es el signo más inmediato y fiable de que existe una infección o que el cuerpo está luchando contra un elemento patógeno que está afectando a su correcto funcionamiento, periodos de estrés prolongados pueden llegar a producir una subida de décimas en el termómetro.

El estrés aumenta la cantidad de cortisol en sangre, lo que puede conllevar que el sistema inmunológico se debilite

Se trata de la fiebre psicógena o emocional, una condición por la cual la temperatura del cuerpo sube debido a una situación estresante. Los síntomas se corresponden con sensación de calor intenso, sudoración excesiva o dolor de cabeza. Se presenta en aquellas personas que sufren de ansiedad generalizada, trastornos mentales o enfermedades físicas como la fibromialgia. Pero evidentemente, este es un diagnóstico muy aislado, ya que en todo momento la subida de la temperatura indica claramente que existe una bacteria o virus que está atacando nuestro organismo.

Sin embargo, la influencia del estado anímico y mental en nuestra salud física puede marcar la diferencia a la hora de luchar contra agentes contagiosos. Son muchos los estudios que asocian estados crónicos de estrés con una deficiencia del sistema inmunológico, el encargado de generar la respuesta contra los virus y bacterias una vez llegan al organismo. Por ejemplo, un ‘paper’ de 2015 publicado en la revista ‘Currents Opinions in Psychology’ reveló el efecto determinante que tiene la ansiedad en el sistema inmune de una persona.

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“El estrés aumenta la cantidad de cortisol en el flujo sanguíneo, lo que puede conllevar que el sistema inmunológico se debilite”, explica Jared Heathman, médico estadounidense, a la revista ‘Best Life’. “Esto a su vez provoca un aumento de la producción de glucosa, lo que produce una peculiar situación en la cual las defensas del sistema inmunitario actúan con retraso a la hora de eliminar a los patógenos que nos enferman”, prosigue.

La importancia de una buena alimentación

Del mismo modo, tener niveles bajos de glucosa en sangre priva al sistema inmune de una nutrición adecuada, por lo cual la persona pasa más tiempo enferma de lo normal o esperado. Sin embargo, esta no es la única forma en la que el estrés puede hacerte más vulnerable a infecciones o enfermedades. Heathman también observa que el estrés puede conducir a estados de insomnio crónico, que también se relacionan con una capacidad baja de respuesta de las defensas en el organismo.

Si de verdad crees que estás pasando por períodos severos de ansiedad y necesitas un cambio urgente, tranquilo. Hay una serie de tareas que puedes hacer para paliar en la medida de lo posible los efectos de estos episodios y su duración. Como por ejemplo, realizar ejercicios de relajación y de respiración regulares o también adoptar una dieta sana y equilibrada, baja en grasas (que reduzca la producción de cortisol en el organismo) y rica en fibra, así como evitar las bebidas alcohólicas.

Somos lo que comemos, y en temporadas como esta no hay mejor ayuda para las defensas que consumir frutas y vegetales ricos en vitaminas

También hay muchos estudios que reflejan cómo el ejercicio físico regular puede ayudar a la hora de reducir los síntomas y efectos de la ansiedad. Una investigación publicada en la revista ‘Korean Journal of Family Medicine’ descubrió que aquellos individuos que se sometían a una actividad física de manera frecuente tenían mucha menos probabilidad de sentir ansiedad, y no solo eso, sino también agarrar algún tipo de constipado o gripe.

Por tanto, la lección que debemos extraer aquí es bastante clara: para proteger a tu sistema inmunológico de cara a reducir la posibilidad de caer enfermos por algún tipo de infección también pasa por cuidar nuestro estado mental. Si de verdad crees que estás sufriendo mucho estrés últimamente, intenta ponerle remedio a partir de ejercicios físicos y de relajación. Si no sabes por dónde empezar, en este enlace te dejamos una serie de consejos que te ayudarán a desarrollar una metodología de entrenamientos en casa.

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De igual modo, pon especial atención en la alimentación. Somos lo que comemos, y en temporadas tan críticas a nivel sanitario como esta no hay mejor ayuda para las defensas que frutas y vegetales ricos en vitaminas. Las naranjas, los kiwis, las manzanas o las verduras de hoja verde (brócoli principalmente) aportarán el refuerzo que tu sistema inmunológico necesita para combatir a los virus.

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