Qué decir si fracasas o cómo intentar evitar la responsabilidad laboral
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Qué decir si fracasas o cómo intentar evitar la responsabilidad laboral

La mayoría de las 'startup' fracasan en la actualidad. ¿Cómo se preparan los directivos para comunicarle a sus trabajadores el estrepitoso final? Con distintas estrategias

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El 82% de los emprendedores fracasan a los cuatro años de comenzar su proyecto, según cuentan los autores Oriol Amat i Salas y Pilar Lloret Milán en 'Avanzando: claves para sobrevivir y crecer'. Es bastante irónico, pues vivimos un momento en el que el emprendimiento autónomo vive un hipotético periodo de bonanza, quizá porque desde los ámbitos económicos y a veces el propio gobierno nos animan a tirarnos de golpe a la piscina. Es una alternativa de desarrollo profesional para jóvenes que tienen poca experiencia, pero a los que no les faltan el dinero, las ganas y la ilusión.

Así pues, que la mayoría de las 'startups' fracasen es siempre un jarro de agua fría para todos aquellos que han puesto ilusiones, patrimonio y tiempo en el proyecto. Algunos aseguran que las razones por las que las empresas se malogran durante sus primeros años tienen que ver con una planificación errónea, falta de liderazgo algunas veces o de patrimonio en otras ocasiones, poca paciencia o porque simplemente la publicidad ha sido errónea. Es difícil achacarlo todo a una sola causa, y más aún tratar de explicársela a los empleados.

Una investigación llevada a cabo por Ewald Kibler de la Universidad de Finanzas en Aalto, Finlandia, en colaboración con Christoph Mandl y Steffen Farny justamente pretende estudiar la semántica y los trucos que los líderes utilizan con sus empleados cuando tienen que explicar que sus negocios han fracasado. 'Post-failure impression management: a typology of entrepeneurs public narratives after business clousure' desarrolla, mediante casos reales, las fallas organizacionales, los fracasos severos y las excusas de los empresarios para con sus trabajadores.

Kibler habla de distintos tipos de estrategias semánticas que los directivos siempre utilizan a la hora de explicar a sus empleados por qué la empresa ha fracasado estrepitosamente. Utiliza para ello ejemplos reales de mensajes entre directivos y empleados que pretenden ofrecer una justificación del malogro de la 'startup', y en general están orientadas a proteger la imagen profesional de los empresarios. "Esperamos que nuestro trabajo sirva como una base inspiradora para futuras investigaciones de los posibles fallos empresariales", sugiere Kibler al final del 'paper'.

La aceptación

Algunas empresas optan por justificar, de forma clara y segura, el fracaso de la empresa, de manera que todos los trabajadores tengan que aceptar el cierre comercial. De una manera neutral, pretende proteger la imagen profesional de los propios empresarios. Se resalta la competencia de los mismos y se transmite el mensaje de que se intentó hacer lo mejor y lo necesario para salvar el negocio, aunque no haya podido conseguirse. El ejemplo que da Kibler de un mensaje proporcionado por un empresario a su plantilla así lo demuestra.

No hemos podido cumplir la promesa de la compañía pero muchos de vosotros habéis tenido experiencias maravillosas gracias a ella

"Sigo creyendo en lo que tratamos de crear, en las formas en que lo hicimos y en casi todas las personas involucradas en el proceso. Sé que fastidia estar aquí y ahora, pero me parece que tomamos la decisión correcta. A menos que la compañía alcanzase en poco tiempo una etapa de expansión, estoy convencido de que aumentar el capital institucional no habría mejorado nuestras posibilidades. En cambio nos llevamos una experiencia increíble y ahora todos tenemos habilidades únicas que en el futuro utilizaremos. Aunque la compañía, tal y como la conocemos, ha terminado, la pasión y la experiencia perduran. Volvería a trabajar con todas las personas de aquí sin dudarlo", sostiene.

El tono que utiliza esta estrategia es deliberadamente neutral, sin caer en sentimentalismos. La razón por la que esta compañía en concreto no funcionó es porque se dedicaba a la industria de la música, un mercado en el que es difícil trabajar, se requiere mucho tiempo, dinero y energía. Todo eso se evita y disimula en el mensaje anterior.

La importancia de la colectividad

Otra estrategia utilizada por muchas empresas a la hora de cerrar es la de enfatizar en la colectividad y en el grupo. En lugar de hacer autocrítica o explicar el fracaso, estos empresarios optan por presentar el cierre comercial como un final feliz y se agradece y reconoce a todo el mundo por el apoyo mostrado. Es algo así como el final de una etapa. Se destacan y las emociones positivas asociadas al fracaso, en muchas ocasiones utilizan la adulación para alabar la importancia de los trabajadores o clientes. En otras palabras: no llores porque se acabó, sonríe porque sucedió.

"Aunque nunca pudimos cumplir plenamente la promesa de la compañía sabemos que muchos de vosotros habéis tenido gracias a ella experiencias maravillosas y os agradecemos por compartir algunas de ellas con nosotros. Hicisteis nuevos amigos, viajasteis al extranjero gracias a esta aplicación e incluso encontrasteis el amor. Siempre os estaremos agradecidos y por eso queríamos celebrar con vosotros (nuestro increíble equipo, socios y clientes) las maravillosas aventuras que todos hemos experimentado y los logros que hemos conseguido, sabemos que para muchas personas nuestro cierre será muy triste", recalca.

Estrategia del abrazo

Esta narrativa es una de las más complejas, según indica Kibler. Por un lado, pretende justificarse, por otro, utiliza la asertividad para gestionar la imagen del emprendedor y que esté a salvo de posibles críticas. La justificación en su bandera. Si no pudimos triunfar al menos siempre podremos ayudar a los que vengan después explicándoles qué es lo que no deben hacer.

Aunque la compañía ha terminado, la pasión y la experiencia perduran. Volvería a trabajar con vosotros sin dudarlo

"No estamos generando suficientes ingresos como para poder seguir trabajando a tiempo completo en este proyecto. No sería justo para vosotros que, por tanto, continuáramos dirigiendo la empresa a tiempo parcial. Trabajamos duramente estos meses y, aunque el resultado no fue exitoso, podemos irnos con la conciencia tranquila porque hicimos todo lo que pudimos. Siempre estaremos cerca para ser vuestros mentores si nos necesitáis, para intercambiar ideas y, con suerte, para ayudar a otros a que no cometan los mismos errores que cometimos nosotros", incide.

La descripción analítica

En esta ocasión, el emprendedor pretende proteger su credibilidad personal con un lenguaje imparcial, mostrándose confiado pero también disculpándose, y debatiendo sobre las implicaciones y los resultados del cierre comercial con el resto de su equipo. Todos cometemos errores, pero podemos charlar animadamente sobre lo excepcionales y brillantes que somos, a pesar de todo.

"Logramos muchas cosas en los 18 meses que hemos estado en el mercado. Experiencias, una red de proveedores que crean productos excepcionales, un enfoque y un equipo brillantes e incansable, responsable de todos nuestros logros".

Las lecciones aprendidas

Quizá hemos fallado, pero al menos evaluaremos el fracaso y las lecciones aprendidas pueden ser muy valiosas. En esto se basa la estrategia que Kibler denomina "del show". En lugar de implicar que los emprendedores pueden sufrir por el fallo cometido, intenta demostrar que van a dejar las emociones negativas a un lado para poder construir una imagen profesional refinada.

"Estas cosas suceden en el primer mundo todos los días... algunas personas ricas pierden un poco de dinero. Cometimos algunos errores... desarrollamos ventas demasiado pronto, nuestro producto era débil, esperamos demasiado...".

El 82% de los emprendedores fracasan a los cuatro años de comenzar su proyecto

¿Podría ser la falta de autocrítica y de previsión una de las razones principales por las que muchas empresas están condenadas al fracaso? En muchas ocasiones muchos emprendedores no muestran un buen plan de marketing para el negocio, se centran en unas prioridades que no son las adecuadas y, además, no intentan diferenciarse, lo cual es quizá la consecución más importante que debe seguir una empresa una vez que se implanta en el mercado.

Lo que parece bastante claro haciendo un repaso rápido de todas las estrategias mencionadas, es que en general los emprendedores no parecen dispuestos a admitir cuáles fueron sus fallos y prefieren quedarse con 'el vaso medio lleno' y justificaciones de todo tipo. Si no son sinceros con sus trabajadores ni admiten sus fallos, el resultado más probable es que estos no entiendan o aprendan cuál fue el fallo ni tampoco quede claro quién debe depurar responsabilidades. De esa manera están condenados a fracasar una y otra vez, como el hombre que tropieza siempre con la misma piedra.

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