EL MOVIMIENTO "OHITORISAMA"

Por qué los japoneses ya no tienen amigos y van solos a los karaokes

Los ciudadanos del país nipón prefieren disfrutar de sus momentos de ocio y tiempo libre en soledad. Una tendencia que bien podría extenderse al resto de países

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Bares abiertos repletos en los que charlar y bailar en grupo hasta altas horas de la madrugada Esta es la estampa repetida casi todos los viernes y sábados en las principales capitales de provincia españolas. La fiesta compartida con amigos es algo tan universal que aquí, en una cultura tan mediterránea como la nuestra, supone algo tan imbricado que sería muy difícil imaginar un mundo sin ella. Un modo de vida caracterizado por sentir cierto desapego al trabajo y darse un buen atracón de sociabilidad los fines de semana.

Pero no en Japón, una de las potencias económicas más competitivas del mundo, en la que cada vez hay más soledad. Así lo asegura un nuevo reportaje de la 'BBC' titulado 'Gen J', el cual sostiene que una nueva cultura del ocio se está imponiendo entre sus jóvenes. La razón principal es que la concepción de la sociabilidad está cambiando; ya no necesitas mantener unas uniones fuertes o de proximidad con la gente que te rodea los fines de semana, sino que basta con entrar en un establecimiento cualquiera y conversar con desconocidos sin ningún afán de volver verse.

Compañías de viaje, restaurantes y pubs están adecuando sus productos y servicios pensando únicamente en consumidores solitarios

"Muchas personas quieren disfrutar de su soledad sin que nadie las moleste, otras sí que prefieren charlar en grupo", señala al medio británico Miki Tateishi, un camarero de un local con ambiente relajado que diseñó pensando en gente que quiere ir sola a beber. Estos "potenciales huéspedes", como llama él a sus clientes, "pueden sentirse rechazados en grandes grupos o con clientes habituales, por lo que aquí pueden entablar una conversación sin más con desconocidos, ya que el espacio facilita las interacciones".

La 'BBC' explica que hace diez años muchos japoneses tenían una especie de fobia a la soledad. "Se avergonzaban de que les vieran solos en público, a la hora de la comida", asegura Bryan Lufkin, periodista del Reino Unido. "Tanto es así que a veces optaban por comer en el baño, para no ser vistos. Poco a poco, que te vieran sin amigos se denominó bajo el término 'benjo meshi', que literalmente significa 'almuerzo en el baño'". El negocio de Tateishi no es el único que está comenzando a adaptar sus servicios con el objetivo de crear un espacio en el que las personas sin compañía se sientan cómodas y seguras. Compañías de viaje, restaurantes y pubs están adecuando sus productos y servicios pensando únicamente en este nicho de mercado. Tanto es así que la tendencia ya tiene nombre, el movimiento "ohitorisama", por el cual la gente hace cosas felizmente sola, sin que importe la opinión de los demás.

Este apego a la soledad bien podría ser el reflejo de las teorías del filósofo Zygmunt Bauman, que en sus diferentes libros explica la noción de una "vida líquida" basada en uniones poco estables y nada duraderas a largo plazo. ¿Estamos ante el fin de la amistad tal y como lo conocemos? ¿Podría ocurrir algún día lo mismo en nuestro país? Evidentemente no, al menos en mucho tiempo, ya que uno de los rasgos que nos definen como cultura mediterránea es el sentimiento de familiaridad unos con otros que da pie a sentirnos más conectados con nuestro entorno y los que nos rodean. Pero sin duda resultan muy curiosas ciertas conductas sociales que se dan en países en cuya forma de vida las lógicas capitalistas han alcanzado un grado de desarrollo brutal.

Redes sociales llenas, bares vacíos

Una de las paradojas más llamativas del "ohitorisama" es que las redes sociales están repletas de publicaciones con hashtags de esta palabra que significa algo así como "fiesta solitaria". Si hacemos la prueba, nos encontraremos con infinidad de fotos de platos individuales en restaurantes, pasillos de cine casi vacíos o paisajes naturales en los que solo hay una persona, mirando al infinito. Por un lado, existe esa nueva fascinación en la cultura japonesa de disfrutar del ocio en soledad, pero por otro lado están como locos por subirlo a las redes sociales, donde ya no están tan solos (o al menos en un principio).

Antes había amplios karaokes en los que cantar y reír con tus amigos, ahora solo quedan salas minúsculas, del tamaño de una cabina telefónica

Si como antes explicaba Lufkin que la soledad estaba mal vista y los solitarios debían esconderse de las miradas de los demás, ahora es al contrario. Incluso hasta los karaokes, algo tan típico de la fiesta en comunidad nipona (representado en películas tan bellas como 'Lost in Translation'), han aumentado sus reservas para solo una persona de un 30 a un 40%, según indica Daiki Yamatani, director de una de las primeras compañías de karaokes individuales, 1Kara. Donde antes había amplias salas en las que cantar y reír con tus amigos, ahora solo quedan salones musicales minúsculos, del tamaño de una cabina telefónica.

"Esta presión por no ser visto en soledad fue impulsada también por las redes sociales, donde el número de 'likes' es directamente proporcional al valor social que tú como ciudadano o individuo posees", sostiene Motoko Matsushita, consultora del Nomura Research Institute. De algún modo, este razonamiento recuerda bastante a la política del crédito social chino en su variante posmoderna. Aunque en el país vecino está impuesto el sistema a sus ciudadanos de forma obligatoria, en Japón no; pero esto no quiere decir que sí que exista cierta valoración social en base al número de seguidores que tienes en tus redes sociales o con quién te relacionas a juzgar por las fotos subidas en las mismas. En este sentido, en España no estamos tan lejos de esta tendencia, al menos en la esfera laboral, ya que hay muchas empresas, sobre todo en el sector creativo, que a la hora de contratar prefieren a aquellos que cuenten con una gran presencia en internet.

Otro reflejo del auge de esta tendencia se ve claramente en el sector de la vivienda. Si pensamos en los pisos colmena que recientemente han aparecido en algunas ciudades españolas, la imagen que nos viene a la cabeza es sin duda la de Japón. La fuerte desigualdad económica ha propiciado que ciudadanos de clase media y clase media baja se vean condenados a compartir piso de por vida, pero no solo eso, sino que también quedan relegados a espacios superreducidos de apenas nueve metros cuadrados.

Los cálculos demográficos

La tasa de natalidad en Japón cada vez es más baja, una tónica que también se está haciendo general en los países occidentales. El año pasado nacieron solo 864.000 bebés, informa la 'BBC', el número más bajo desde que comenzaron los registros en 1899. Por otro lado, los hogares unipersonales están aumentando a ritmo vertiginoso, de un 25% en 1995 a más de un 35% en 2015, según los datos del censo. Por si fuera poco, es una de las naciones más envejecidas del mundo debido a su alta esperanza de vida (otro rasgo que compartimos con ellos los españoles).

Al final, Japón no deja de ser un país en el que otras naciones pueden verse reflejadas en base a su sistema económico y sociedad. Euromonitor International, una compañía independiente de investigación de mercados con sede en Londres, publicó un estudio el año pasado que estimaba un crecimiento récord de un 128% en hogares habitados por solo una persona en todo el mundo entre 200 y 2009. "Se trata de una sociedad muy solitaria, caracterizada por jóvenes que nunca se casan y ancianos que viven solos después de quedarse viudos", certifica Kazuhisa Arakawa, un investigador de Hakuhodo, una de las compañías publicitarias más poderosas del país del sol naciente. "Este será el futuro de todos los países, no solo de Japón. Ya no es práctico enfocar un negocio únicamente en el modelo familiar".

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