TIEMPO CONTRA ESPACIO

Cómo un país puede llegar a alquilar pisos de 9 metros cuadrados por 600 euros

Cada vez son más las compañías que ofertan micropisos a los jóvenes solteros japoneses que no son capaces de encontrar vivienda. Los factores nos dicen mucho de lo que viene

Foto: Foto: Reuters.
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Es uno de esos artículos que cada poco tiempo se viralizan como resumen de la a nuestros ojos extraña realidad japonesa. En él, varios inquilinos explican cómo es vivir en pisos de nueve metros cuadrados, donde pueden tocar ambas paredes con simplemente abrir los brazos. “La primera vez que lo vi no podía creer que esto fuese un apartamento”.

Lo llamativo del vídeo de la ‘BBC’ es que parece más un publirreportaje que una denuncia de las condiciones de vida de los veintañeros y treintañeros que conforman el público objetivo de Spiltys (un 80% encajan en ese perfil), una de las compañías que ofertan estas viviendas. Con éxito: sus ingresos anuales son de 3 mil millones de yenes, unos 25 millones de euros, gracias a sus 1.000 apartamentos repartidos en 70 edificios diferentes. Adquieren un edificio y lo reforman para que albergue 20 pisos de 9 a 13 metros cuadrados. No intenten imitarlo: han patentado la fórmula.

Tengo que comer de pie, porque aquí no cabe ni una silla ni una mesa

“Todo está al alcance de la mano, hace mi vida un poco más eficiente”, explica sin asomo de ironía el oficinista Hiroshi Sugano. “Tengo que comer de pie, porque aquí no cabe ni una silla ni una mesa”. Otro inquilino se queja de que, al principio, la delgadez de las paredes –cada centímetro importa– provocaba que oyese todo lo que hacían sus vecinos. Pero a la larga, concede, se ha convertido en una solución para sentirse menos solo en Tokio.

Si la compañía ha tenido éxito ha sido por ofrecer una solución ‘low cost’ a los problemas de vivienda de la juventud migrante a la gran ciudad. Pisos entre 20.000 y 30.000 yenes (166 y 249 euros) más baratos que en los pisos de la zona a cambio de unos pocos metros cuadrados menos. Uno de los inquilinos afirma que es imposible encontrar casas por debajo de los 80.000 yenes (666 euros) en Tokio; los de Spiltys cuestan alrededor de 72.000 (600 euros). Los sueldos en la gran ciudad rondan los 200.000 y 3000 yenes, entre 1.660 y 2.490 euros.

Foto: Reuters.
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El inquilino desvela por qué no ha buscado otra alternativa: había vivido en las afueras, pero tardaba tanto en llegar al trabajo que vivía agotado. Aunque no especifica exactamente cuánto tiempo, una encuesta realizada por una inmobiliaria descubrió que la media de desplazamiento entre los que habían comprado una casa recientemente (y por lo tanto vivirían más cerca de su residencia) era de 55 minutos de ida. Alrededor de un 10% de los participantes reconocieron que viajaban al menos 180 minutos diarios y en torno al 3%, que gastaban 4 horas.

Esa es precisamente la razón por la que el creador de Spiltys decidió crear la compañía: para vencer la batalla al tiempo, aunque se perdiese contra el espacio. Keisuke Nakama, que así se llama, tenía 24 años y tardaba dos horas en llegar a su puesto cuando decidió que la solución no se encontraba en que la montaña fuese a Mahoma, sino en que Mahoma fuese a la montaña.

Una isla densa

Tokio, capital de un país isleño, es una de las ciudades más pobladas del mundo, con 38 millones de habitantes (casi la población completa de España), y una alta densidad. Basta con echar un vistazo a la prensa económica liberal –valgan de ejemplos ‘The Wall Street Journal’ y ‘The Financial Times’– para descubrir que suele hablarse de Japón como uno de los países referencia a la hora de contener la subida de precios. Siempre y cuando obviemos la burbuja de finales de los ochenta y principios de los noventa, claro.

El dinero es espacio, pero también tiempo. Puedes tardar horas en cruzar la ciudad de punta a punta

“En Tokio no hay aburridas conversaciones sobre los precios de la vivienda porque no han cambiado demasiado”, se puede leer en ‘The Financial Times’. “Comprar o alquilar no es una decisión a vida o muerte. Más bien, Japón proporciona a sus habitantes un volumen de vivienda en continua mejora”. El rotativo señalaba como causante a la liberalizadora ley urbanística de 2002, que permitía recalificar terrenos fácilmente, con la excepción de las zonas destinadas a la vivienda. “Si quieres construir un castillo pseudogótico decorado con conchas rosas, es tu problema”.

Si el precio no sube, ¿qué hacen los jóvenes viviendo en pisos de 10 metros cuadrados? El dinero es espacio, pero también tiempo. La brutal extensión de Tokio, así como la creciente migración a la capital, ha provocado que cada vez resulte más complicado vivir cerca de tu puesto de trabajo en una ciudad en la que puedes tardar horas y horas en cruzar de punta a punta. Si bien Japón puede ser un país relativamente barato en lo que se refiere a vivienda, no es fácil encontrar un piso en el centro de Tokio.

Foto: Reuters.
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Hay otro factor demográfico que explica el ‘boom’ de los minipisos ‘low cost’: la disolución de la institución familiar y el aumento de los solteros y solteras en las grandes ciudades. En los años 50, apenas un 1% de la población permanecía solo de por vida. En 2015, los datos muestran que un 23,4% de hombres y mujeres nunca contraerán matrimonio. Si le sumamos que la tasa de natalidad de Japón es del 1,44, una de las más bajas del mundo, es fácil entender que las viviendas para una única persona serán cada vez más demandadas.

El país postcrecimiento

Hay una paradoja más. Desde hace décadas, se suele hablar de Japón como un país “poscrecimiento”. Es decir, como señalaba el libro ‘Housing in Post-Growth Society de Yosuke Hirayama y Misa Izuhara, una nación con un lento crecimiento económico, una baja fertilidad, envejecimiento y reducción de la población y una mayor estratificación social.

Los residentes que vivían en las afueras están muriendo sin ser reemplazados y muchos de sus hijos se han mudado a las ciudades donde trabajan

Este panorama ha provocado una situación que, a tenor de lo contado, podría parecer contradictoria: un aumento del número de pisos vacíos, el que se ha considerado a menudo como uno de los grandes problemas de la vivienda japonesa. Lo explicaba el libro ‘The Rise in Vacant Housing in Post-Growth Japan’: es uno de los grandes hándicaps a la hora de revitalizar determinadas zonas urbanas, provocando problemas como inseguridad, descomposición del tejido urbano o paulatino abandono de barrios.

¿Cuáles? Ahí se encuentra la clave. Mientras que en los últimos años los jóvenes trabajadores han protagonizado una migración a la capital semejante a la que tuvo lugar en los años 50 y 60, han sido los barrios del extrarradio y las ciudades de medio tamaño los que más han sufrido la ‘fantasmización’ de los pisos vacíos. Como recordaba ‘The Japan Times’, “los residentes que vivían en las afueras están muriendo sin ser reemplazados y muchos de sus hijos se han mudado a las ciudades donde trabajan”.

Foto: Reuters.
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Un dato crucial proporcionado por los autores: mientras que la prefectura de Tokio había crecido durante los últimos años, las tres que la rodean (Kanagawa, Saitama y Chiba) han perdido población joven. En resumidas cuentas, un 70% de los jóvenes de entre 19 y 34 años se mudaron al centro de Tokio entre 2005 y 2015, atraídos por el empleo de la gran ciudad. Pero también haciéndose eco, sin pretenderlo, de lo que propone Richard Florida en ‘The New Urban Crisis’, en el que alerta del papel segregador que están jugando las grandes urbes, condenando a amplios sectores de la población a una vida mucho más dura.

Los micropisos, que ya habían aparecido en los años 50 y 60 como equivalentes orientales a las buhardillas para bohemios, son una de las consecuencias lógicas de esta crisis urbana que a menudo explota en bajos sueldos, malas condiciones de habitabilidad o, simplemente, pérdida de calidad de vida por el tiempo que se tarda en desplazarse al puesto de trabajo. “La principal preocupación de estos jóvenes es el uso de su tiempo, no los bienes materiales”, concluyen los columnistas de ‘The Japan Times’. “Quieren dormir tan tarde como sea posible y llegar a casa desde el trabajo tan pronto como puedan. Como la mayoría de japoneses, no pasan mucho tiempo en casa así que no necesitan demasiado espacio”. Uno de los inquilinos aparece jugando con la Nintendo Switch, la videoconsola portátil por excelencia: quizá ese sea el futuro que viene.

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