PADRES BUENORROS Y CARIÑOSOS

Así está creando Japón una nueva raza de superhombres

Ni hombres herbívoros que pasen el día jugando a videojuegos ni adictos al trabajo que empalmen jornadas eternas con un 'afterwork' etílico: estos son los machos que necesitan

Foto: Sexy, trabajador, y con un hueco para la familia en su agenda. (iStock)
Sexy, trabajador, y con un hueco para la familia en su agenda. (iStock)

En el año 2000, cuando la empresa de publicidad Hakuhodo lo acuñó, nadie sabía muy bien qué era un “ikumen”. Unos pocos años después, el término estaba en boca de todos, y en 2010 fue elegida la palabra del año en Japón. ¿En qué consiste exactamente este neologismo? Si uno lo busca en las imágenes de la red, se encontrará un poco de todo, especialmente viñetas de manga 'shojo' donde aparecen bellos hombres maduros. El término tiene una traducción muy precisa: es una variación de “ikemen” (algo así como “buenorro”) que incorpora la palabra “ikuji” (“cuidado de los niños”). En resumen, se trata de un hombre atractivo y sensible a la vez, de rasgos casi superheroicos, como los que aparecen en los anuncios utilizados para promocionarlos.

Lo sorprendente es que esta figura no ha emergido ni de una serie de moda o de un cambio de paradigma cultural, sino que ha sido promovida desde arriba por el Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar como una manera de solventar los problemas de natalidad del país oriental y contribuir a la igualdad entre hombres y mujeres. El Proyecto Ikumen desde 2010 intenta promover que los hombres hagan uso de su baja paternal, que en Japón es de un año entero. Tan solo un 1,9% de ellos lo hacían en 2012 (y un 0,33% en 2002); el objetivo del gobierno nipón es alcanzar el 13% dentro de un par de años. En España, los datos son muy diferentes: alrededor de un 80% de los padres hacen uso de la baja por paternidad.

El currante nipón no pasa por casa, suele ir a tomar una copa después del trabajo y porta su apariencia desaliñada como un signo de estatus

En la base de esta sustancial diferencia se encuentran las particularidades de la cultura laboral nipona, que en ocasiones parece una versión grotesca de la occidental. Como recuerda un artículo recién publicado por el Foro Económico Mundial, tradicionalmente los hombres se han dedicado en cuerpo y alma a su trabajo, aún a costa de todo lo demás, incluida su familia, su salud, la carrera de sus mujeres y la posibilidad de tener hijos. Es una de las razones por las que las tasas de natalidad japonesas se encuentran en mínimos históricos, con un 1,43 hijos por mujer: la extrema dedicación al trabajo no solo no les deja apenas tiempo libre, sino que provoca que las mujeres tengan que encargarse de todo el trabajo del hogar.

El 'karoshi' contra el 'ikumen'

Son dos clichés contrapuestos. Por una parte, el habitual 'workaholic' o 'salaryman' (“asalariado”) japonés, que en su grado más extremo cristaliza en el trágico 'karoshi', “muerte por exceso de trabajo”. El currante nipón no pasa por casa, suele ir a tomar una copa después del trabajo y, como lo presentaba un artículo de 'The Japan Times', huele un poco mal y no es raro verle mermado por la resaca. Por supuesto, es frío y se desentiende de las tareas del hogar. Un poco como el protagonista de 'Tokyo Sonata' de Kiyoshi Kurasawa, que después de ser despedido de su trabajo, vagaba por toda la capital vestido de ejecutivo para no tener que admitir ante su familia que estaba en el paro.

Frente a este perfil, las autoridades japonesas comenzaron a diseñar el del “ikumen”. Según una investigación publicada este mismo verano por profesores de la Universidad de Nuevo México, Oslo y Pensilvania, el “ikumen” son, básicamente, “los hombres que juegan un papel activo en la paternidad”. Lo llamativo es que no solo se centran en su papel como buenos padres, sensibles y cariñosos, sino que también resaltan su gran atractivo y virilidad. Son deseables para las mujeres no solo por prestarse a realizar las tareas del hogar, sino también por una belleza de mediana edad que les diferencia del resto de hombres japoneses.

Hay que recordar que, junto a los sexy “ikemen”, otro popular término para describir a los varones nipones es el peyorativo “soshoku danshi”, acuñado por la socióloga Maki Fukasawa y que se refiere a aquellos que tienen poco o nulo interés en encontrar pareja o acostarse con mujeres. En su lugar, prefieren jugar a videojuegos, ver series de anime o, claro, trabajar. La campaña de las autoridades niponas no solo apela al hombre a través de sus responsabilidades familiares, sino también por su atractivo ante las mujeres. Como recordaba Patricia Boling en su libro 'The Politics of Work-Family Policies', es un término “sexy, que suena a macho”.

La admiración hacia los “ikumen” se ha traducido en grandes recompensas por esfuerzos pequeños que apenas han cambiado la situación de fondo

El último empujón a la campaña se produjo en 2015, cuando el Primer Ministro Shinzo Abe se propuso reformar la cultura laboral de arriba abajo después de que una empleada de Dentsu se suicidase tras trabajar más de 100 horas en un mes. Esta situación de presión extrema era letal para las carreras de las mujeres, como han puesto de relieve las feministas niponas. Las mujeres no solo deben trabajar muchas más horas de lo estipulado, sino que en una sociedad en la que los hombres se desentienden de sus familias, los obstáculos para desarrollar una carrera son aún mayores.

¿Qué fue del hombre perfecto?

“Echa un vistazo a un periódico japonés, revista de moda o manga y te encontrarás con una nueva clase de superhéroe”, podía leerse en un artículo reciente de la 'BBC'. “Son guapos y sonríen mientras juegan con sus hijos en el desayuno o les llevan a montar en bici en el parque. Son cariñosos y comprensivos, y cocinarán y harán las labores del hogar gustosamente”. Un retrato muy diferente a aquel de los años 80, cuando el hombre medio pasaba menos de 40 minutos al día interactuando con sus hijos, generalmente, a la hora de la comida, no eran capaces de elegir su ropa o hacerse un té sin su mujer, y la figura paterna generalmente era considerada como autoritaria. “Jishin, kaminari, kaji, oyaji” (“terremotos, truenos, fuego y padre”) es un popular dicho japonés que muestra el terror que los progenitores suelen infundir entre sus hijos.

Un tío enrollado, un padre fetén. (iStock)
Un tío enrollado, un padre fetén. (iStock)

El éxito de la campaña, no obstante, ha sido relativo. A finales de noviembre, Hannah Vassallo, autora del libro 'Cool Japanese Men', manifestaba que “todo el mundo se subió al carro al principio, pero algunas personas, especialmente las mujeres japonesas, pensaron 'vamos a esperar un momento y ver si de verdad deberíamos estar poniendo a estos hombres en un pedestal”. En muchos casos, la admiración hacia los nuevos “ikemen” se ha traducido en grandes recompensas por esfuerzos pequeños que apenas han cambiado la situación de fondo.

La investigación anteriormente citada se muestra de acuerdo. En sus conclusiones, recuerda que “la brecha entre las tasas de participación laboral apenas han cambiado, muy pocos hombres cogen la baja por paternidad, y pocos contribuyen a tareas del hogar”. Se trata más de un cambio de actitudes que de comportamientos reales, ya que aunque “la mayor parte de hombres quieren coger la baja por paternidad, compaginar trabajo y familia y asumir más responsabilidad en el hogar”, la realidad apenas ha cambiado. Una de las razones es que no hay incentivos reales para ello: la mayoría de hombres siguen temiendo que coger la baja por paternidad sea un revés insuperable para sus carreras profesionales. El trabajo califica de “revolución incompleta” lo ocurrido en Japón durante los últimos años, y apunta a un puñado de culpables (empresas, instituciones, públicas, sociedad) que no han sido capaces de abrazar el cambio que desde las altas instancias y la política se ha promovido.

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