LA EPIDEMIA SIN FIN DE LOS 'KAROSHI'

Muere tras hacer 159 horas extra en un mes. Y no es un caso aislado

Ocurrió en 2013, pero ha salido a la luz ahora. Esta cifra récord implica que la mujer debía de trabajar unas siete horas extra diarias. La tendencia está contagiándose a otros países

Foto: Ningún sexo ni edad queda al margen. (iStock)
Ningún sexo ni edad queda al margen. (iStock)

A pesar de los esfuerzos de las autoridades niponas por evitar casos semejantes, las noticias sobre la muerte de trabajadores por exceso de trabajo son relativamente frecuentes. El último que ha conmocionado a la sociedad japonesa ha sido el de Miwa Sado, una periodista de 31 años de la cadena pública de radio difusión Nippon Hoso Kyokai (NJK). Según sus registros, la empleada había hecho 159 horas extra y 37 minutos el mes que murió. Es decir, algo más de cinco al día, si se hace la cuenta con los 30 días del mes (más de siete si quitamos fines de semana). Un triste récord de 'overwork'.

Sado falleció a causa de un infarto en julio de 2013, y fue encontrada con su cama, con el teléfono móvil en la mano. La inspección de empleo catalogó el caso como un ejemplo más de 'karoshi', es decir, “muerte por exceso de trabajo” (en Corea del Sur se denomina 'gwarosa'). Sin embargo, por petición de sus padres, la noticia no ha salido a la luz hasta esta semana, cuando la ha hecho pública su antigua empresa. En la mayor parte de casos semejantes, el empleado fallece a causa de un ataque cardíaco o un derrame cerebral, dos condiciones cuyo riesgo está asociado con el exceso de trabajo. El estrés, el agotamiento, los problemas de sueño o la mala alimentación influyen en el riesgo de morir por alguna de estas razones. Dentro de la categoría de 'karoshi' también se cuentan aquellos que se suicidan por motivos relacionados con su empleo, con el nombre de 'karojisatsu'.

Antes, el 'karoshi' era un hombre de mediana edad en un empleo de cuello blanco. Sin embargo, cada vez afecta a más mujeres

Como ha reportado el periódico 'Asahi', la joven había enviado un mes anterior un correo electrónico a su padre en el que le decía lo siguiente: "Estoy tan estresada que pienso en dejar mi trabajo una vez al día, pero supongo que tengo que seguir". El caso es aún más llamativo en cuanto que Sado trabajaba para la televisión estatal, lo que hace que el foco se sitúe directamente sobre las autoridades públicas, que durante los últimos tiempos han intentado atajar dicho problema. En enero de este año, el gobierno japonés anunció medidas para limitar el número de horas que pasan en el trabajo los empleados de las empresas. Según los cálculos del Ministerio, hasta una quinta parte de la fuerza laboral nipona está en riesgo de convertirse en 'karoshi', ya que trabaja más de 80 horas extra al mes.

Como señaló el portavoz del gobierno Yoshiside Suga, Japón necesita “acabar con la costumbre de trabajar demasiadas horas para que la gente pueda compatibilizar sus vidas con otras cosas como criar a sus hijos o cuidar de sus mayores”. El problema, por lo tanto, no se queda tan solo en la salud y en estos casos extremos, sino que supone una amenaza para la estabilidad demográfica japonesa. Sobre todo teniendo en cuenta que la imposibilidad de conciliar vida personal y laboral es un factor decisivo en el descenso de la natalidad japonesa.

Una larga historia

El Ministerio de Salud de Japón reconoció por primera vez este fenómeno en 1987. En la mayoría de casos, como ocurre en el de Sado, se trata de trabajos de cuello blanco y de oficina, no necesariamente físicos. El verdadero alcance del fenómeno es desconocido, ya que resulta difícil identificar si un caso es un 'karoshi' o, por el contrario, la muerte del trabajador se debe a otros factores. Según las cifras del Ministerio de Trabajo, el número de demandas por “muerte por fatiga” durante 2015 ascendió a los 1.456 casos.

Aunque se empezó a hablar de los 'karoshi' en EEUU, se han producido casos semejantes en los bancos estadounidenses o en Indonesia

Hiroshi Kawahito, el secretario general del Consejo de Defensa Nacional para las Víctimas de Karoshi, cree no obstante que la cifra puede ser 10 veces mayor a los registros oficiales y señala al gobierno por ocultar estos casos, como explica a 'International Business Times'. Algo que también ha ocurrido en este, que ha sido conocido gracias a la empresa y no por el gobierno. En su opinión, las medidas que este está llevando a cabo son superficiales, ya que a pesar de su visibilidad, no hacen nada por solucionar el problema de raíz, que es intervenir directamente en el número de horas trabajadas. Además, advierte sobre el nuevo perfil del 'karoshi': mientras que tradicionalmente había sido un hombre de mediana edad en un trabajo de cuello blanco, ahora el 20% de las víctimas son mujeres. También han aumentado entre los jóvenes de menos de 29 años.

Los casos han sido sucediéndose año tras año. El primero se remonta a 1969, y se trataba de un periodista, pero la situación se agravó después de la crisis del petróleo de 1973, cuando los trabajadores se vieron obligados a extender sus jornadas para aumentar la productividad. Uno de los más sonados fue el del ingeniero de Toyota de 45 años que murió tras dedicar 80 horas extra a desarrollar una versión híbrida del modelo Camry. En 2015, Matsuri Takahashi, de 24 años, se suicidó a causa del estrés sufrido por trabajar más de 100 horas adicionales. Semanas antes de fallecer, escribió un mensaje en el que decía “Quiero morir. Estoy rota física y mentalmente”. La legislación japonesa no contempla un límite en la cantidad de tiempo que un empleado puede pasar en su puesto.

La presentadora, Miwa Sado.
La presentadora, Miwa Sado.

En Indonesia, una joven de 24 años llamada Mita Diran, empleada en una filial de Young & Rubicam, fue encontrada muerta tras tuitear que llevaba 30 horas seguidas trabajando. Las alarmas saltaron en EEUU en el verano de 2013, después de que un joven becario de 21 años de Bank of America Merrill Lynch falleciese tras 72 horas en su puesto. Son síntomas de que este problema en principio excepcional está llegando a otros rincones del planeta, especialmente en contextos en los que prima la competitividad y se premia la realización de un gran número de horas extra.

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