TENDEMOS A RECORDAR LO BUENO

¿Por qué todavía sigo pensando en mi ex? La neurociencia tiene una explicación

Si esa persona fue la primera, la mejor o con la que compartiste cosas más íntimas, la sensación es aún más fuerte y tu cerebro así lo percibe

Foto: Te acuerdas de él, pero no quieres estar con él (Simon Boxus-Unsplash)
Te acuerdas de él, pero no quieres estar con él (Simon Boxus-Unsplash)

Ya no es tu pareja, lo dejasteis hace tiempo, pero todavía sientes algo. No sabes qué, si amor, cariño, atracción o, simplemente, echas de menos los viejos tiempos. No te preocupes, es algo normal y que la ciencia ha intentado explicar a lo largo de los años.

Los expertos dicen que el apego neurológico que se da entre amantes jóvenes no es diferente del apego que un bebé tiene con su madre. Hormonas como la vasopresina y la oxitocina están metidas en ambos procesos y son clave para ayudar a crear una sensación de cercanía en este tipo de relaciones.

Si esa persona fue la primera, la mejor o con la que compartiste cosas más íntimas, la sensación es aún más fuerte y tu cerebro así lo percibe. "La persona con la que tienes tu primer orgasmo, especialmente si esa persona se abraza contigo después, establece una plantilla para lo que te parece atractivo", señala a Discover Magazine Jim Pfaus, profesor de Psicología y Neurociencia de la Universidad Concordia de Montreal (Canadá).

Todo en nuestro cerebro

El proceso, neurológicamente hablando, sería el siguiente: los sentimientos de amor romántico activan la dopamina del cerebro, lo que nos impulsa a repetir experiencias placenteras. Los opiáceos naturales del cerebro ayudan a codificar la experiencia, y la oxitocina actúa como el pegamento que ayuda a forjar esos sentimientos de cercanía.

"Esto no significa que aún quieras estar con esa persona, ni que te pase nada raro"

"La oxitocina desata una red de actividad cerebral que amplifica las señales visuales, los olores y los sonidos", explica Larry Young, profesor de Psiquiatría de la Universidad Emory (Estados Unidos). Eso, además de los efectos de los opiáceos naturales y la dopamina del cerebro, y los rasgos de tu pareja romántica (estructura facial, color de ojos y pelo, olor corporal, etc) dejan una especie de huella neuronal. Esas preferencias se conectan a tu sistema de recompensas, como una adicción.

Según un estudio de 2015, incluso animales tan propensos a la promiscuidad como las ratas, a menudo vuelven a visitar al primer compañero que les proporcionó placer…y parece que los humanos siguen un patrón similar.

"Después de poner fina a una relación romántica", dice Helen Fisher, del Instituto Kinsey, "tenemos esta notable capacidad de olvidar las partes malas y centrarnos en las buenas". Según esta psicóloga, “el cerebro desarrolla vías basadas en patrones aprendidos. Así que, si estableces un poderoso patrón de que esa persona era tu compañero de vida, tu cerebro puede retener rastros de ese patrón, incluso después de que te hayas unido a alguien nuevo".

Toda la vida con nosotros

La explosión neuronal que sufres cuando te encuentras con un ex, sobre todo después de mucho tiempo, es increíble. Justin García, director asociado de Investigación y Educación del Instituto Kinsey, dice que no es nada raro. Al igual que un alcohólico en recuperación que sigue queriendo tomarse una copa tras décadas de permanecer sobrio, todavía podemos ser atraídos por un antiguo amor.

"Esto no significa que aún quieras estar con esa persona, ni que te pase nada raro", indica García. "Significa que hay una fisiología compleja asociada con apegos románticos que probablemente permanezca con nosotros la mayor parte de nuestras vidas".

Alma, Corazón, Vida

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