LO IMPORTANTE ES DISFRUTAR

Lo que varias mujeres reales piensan sobre el sexo y la promiscuidad

Esta actividad sexual se basa en tener relaciones sin que el amor sustente dichos encuentros. ¿Puedes estar enamorado de tu pareja y tener sexo como aventura?

Foto: Foto: iStock.
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Aunque creamos que la sociedad evoluciona en cuanto al sexo se refiere, existen todavía algunos aspectos en los que hombres y mujeres no son tratados de la misma manera. ¿Por qué cuando un varón es promiscuo se dice que es un "machote" y cuando son ellas las que lo son se las califica como "prostitutas"?

¿Cuál es la razón por la que si ellos mantienen relaciones sexuales variadas y frecuentes una parte de la sociedad los aplaude, y cuando lo hacen las féminas, esa misma gente las mira con desaprobación?

Además, hay que añadir el factor de que no hay ningún tema en el que mintamos más que en el número, la duración y la calidad de nuestros encuentros sexuales. Y esto es un problema, sobre todo a la hora de elaborar estudios sobre el comportamiento sexual. ¿Por qué tenemos tanto miedo de decir la verdad? ¿Qué problema tenemos con ser promiscuos? ¿Qué piensan ellas sobre el tema? El Confidencial se ha puesto en contacto con varias mujeres reales para saber qué piensan.

Compromisos

La promiscuidad no perjudica por sí sola. Culturalmente puede parecer que es mala, pero conceptualmente no lo es. Lo cierto es que la tolerancia hacia ella es diferente de una pareja a otra. No hay una regla exacta. Todo depende de un pacto. "Si estás soltero, libertad plena. Si estás en pareja y has decidido meterla hasta en el jarrón o que te la saque hasta el vecino del quinto, fantástico, pero si no ha sido acordado, fatal", responde María, de 30 años.

Creo que la promiscuidad está basada en la culpa, porque el cristianismo la ha utilizado normalmente para controlar a los fieles

Lo cierto es que ser libre sexualmente es una actividad estigmatizada, sobre todo para ellas. Mientras que los hombres dan una cifra superior a la realidad, las mujeres tienden a proporcionar una inferior. Estas mentiras son un problema para las investigaciones sobre sexualidad, pero benefician aparentemente en el corto plazo a quienes incurren en ellas.

"Estoy a favor de que cada uno se acueste con quien quiera cuando quiera, siempre y cuando no haya adquirido un compromiso de monogamia con otra persona", explica Carmen de 28 años. "A nadie le debe importa con cuánta gente se acuesta cada persona. La sexualidad hay que disfrutarla sin pensar en el qué dirán", añade. "Si me encuentro en una relación con otra persona con quien he acordado una relación en exclusividad, entonces no. Pero la promiscuidad es difícil de medir porque cada uno lo interpreta de una forma. Pero lo más importante es que cada uno haga lo que quiera y se acueste con quien quiera sin dañar a nadie", comenta Silvia, de 25.

Según cómo se mire

"Pues depende del acuerdo, de con quién, de la situación. En principio no, porque no siento la necesidad de intimar con una persona que no sea mi pareja. Y creo que puede hacer sentir mal a la otra persona o crear un clima de desconfianza. Lo que no quiere decir que de vez en cuando podamos añadir otros factores a la ecuación, pero interviniendo ambos", comenta Maribel, de 33 años.

La promiscuidad es difícil de medir porque cada uno lo interpreta de una forma. Lo importante es que cada uno lo haga sin dañar a nadie

"Creo que la promiscuidad es un concepto que tiene una percepción muy negativa a causa de una educación basada en la culpa, herramienta que el cristianismo ha utilizado normalmente para controlar a los fieles y mantenerlos dentro de unas reglas que han estado moralmente bien vistas", explica Patricia de 27 años. "Desde mi punto de vista, es algo fantástico siempre y cuando no haya una relación estable en la que se hayan fijado límites, pero estando en una pareja abierta, que opta por el placer por delante de una relación monogámica, o estando soltero y sin jugar con los sentimientos de las personas, buscar placer en diferentes personas me parece que es bueno", continúa.

"También hay que ver si una persona tira de promiscuidad por alguna carencia afectiva, ahí más que algo positivo podría tener un efecto tóxico, porque quizás quiera llenar un vacío sentimental con muchas relaciones que nunca acaba de llenarse... Es como '¿comer dulces es malo?' Pues no, alegra el alma y el cuerpo... Pero si te hinchas a donuts porque tienes ansiedad, obviamente no está bien, es un efecto de otro problema, no es el problema en sí", termina.

Alma, Corazón, Vida

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