Las razones por las que siempre tienes hambre: en qué te equivocas
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puedes terminar con esa sensación

Las razones por las que siempre tienes hambre: en qué te equivocas

¿Acabas de desayunar y ya rugen tus tripas? Quizá es que estás haciendo algo mal y no lo sabes. Aquí están las posibles causas

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Las razones por las que siempre tienes hambre: en qué te equivocas

A las horas de haber saboreado un abundante desayuno te encuentras de nuevo con ganas de más. Estás en una reunión de trabajo importante, acabas de comer y ya te rugen las tripas. Estás esperando que llegue la hora de la cena y, cuando por fin pasa, sientes que no estás saciado. En otras palabras: tienes siempre hambre y no sabes a qué se debe, pero no es la mejor ayuda cuando quieres perder unos cuantos kilos.

Las causas de tu apetito constante son varias y pueden paliarse, pero antes debes, como es lógico, conocerlas. Quizá no estás durmiendo suficiente o no estás comiendo lo que realmente deberías para sentirte completamente saciado. Sea como fuere, la revista 'Men's Health' ha enumerado algunas de las posibles causas por las que tienes un hambre tan voraz que podrías comerte el planeta entero.

No duermes lo suficiente

El descanso es fundamental no solo para nuestra salud, también para nuestro físico. La falta de sueño puede alterar las hormonas reguladoras del apetito, lo que aumenta el hambre, según un informe publicado en 2016 por la 'American Heart Association'. La grelina (la hormona que estimula el hambre) aumenta cuando tienes falta de sueño, así como la leptina, que muestra la saciedad, disminuye. Así que si a las tres de la mañana estás despierto viendo una serie en la tele, es más probable que te acerques a la nevera a ver qué picas.

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Ya te sabes la teoría: intenta dormir al menos ocho horas cada noche y recuerda que la luz de los dispositivos electrónicos puede afectar negativamente a tu descanso. Intenta llevar a cabo una rutina en la que cuides tu higiene del sueño: no practiques deporte antes de acostarte, date un baño caliente, utiliza la cama solo para dormir o tener relaciones sexuales, mantén la habitación a una temperatura ambiente fresca y deja los pensamientos atrás cuando tu cabeza se hunda en la almohada.

¿Qué ingieres?

Tal vez el problema sea más fácil y no radique en tu falta de sueño sino en lo que estás comiendo (o lo que no). Quizá nunca te ha gustado desayunar o simplemente te olvidas de almorzar porque tienes muchas cosas en la cabeza.

Las personas que no comen de manera regular tienen peor calidad en su dieta, y saltarse el desayuno se asocia con una mayor ingesta de azúcares agregados según un estudio de 2017 publicado en 'Circulation'. Si te olvidas de que tienes que llevarte alimentos a la boca para sobrevivir ponte una alarma que te lo recuerde, como ves, es fundamental.

Lo que comes o bebes

Otra posible causa es el hecho de que no te olvides de comer ni mucho menos pero lo que ingieras no es lo mejor. Por ejemplo, toda la comida enlatada que viene en recipientes de plástico contiene el químico bisfenol A que, según los últimos estudios, cambia los niveles de las hormonas leptina y grelina que vimos antes, lo que podría provocar antojos. De igual manera, quizá bebas demasiados refrescos, los cuales están llenos de edulcorantes o jarabe de maíz con alto contenido de fructosa que (sorpresa, sorpresa) según un estudio de la Universidad de Yale también bloquean la capacidad de nuestro cerebro para procesar las señales de la hormona de la saciedad.

Quizá tu problema es que no duermes lo suficiente, que tomas mucha comida procesada o incluso que ves demasiados anuncios de comida

Como consejo, es buena idea que comas más ensaladas pues las hojas verdes son ricas en vitamina K, nutriente regulador de la insulina que ayuda a calmar los antojos, y acompáñalo de agua y té. Según un estudio publicado en el 'Journal of the American College of Nutrition', las personas que bebieron una taza de té negro después de comer alimentos ricos en carbohidratos disminuyeron sus niveles de azúcar en sangre en un 10%. La deshidratación, por su parte, a menudo puede parecerse a la sensación de hambre, pues el hipotálamo (que regula el hambre y la sed) puede enviar mensajes confusos. Bebe un vaso de agua ante la duda.

Estás estresado

¿Has tenido un día increíblemente agobiante en el trabajo? Pues sí, puede tener impacto en tu deseo de comer más. Cuando las preocupaciones del día te agobian, tu cuerpo libera cortisol, la hormona del estrés, que puede causar antojos de alimentos azucarados, salados o que, simplemente, engordan. Afortunadamente esto se puede paliar si llevas contigo alimentos sanos a los que hincar el diente cuando sea necesario y haciendo ejercicio para reducir la ansiedad.

Miras mucha 'comida-porno'

Igual que quieres comprarte un jersey después de ver cientos de anuncios de ropa, el hecho de que constantemente nos bombardeen con comida de aspecto delicioso no ayuda precisamente a calmar los antojos. Un estudio de 2016 publicado en 'Brain and Cognition' apuntó que la "pornografía" alimentaria en redes sociales puede convertirnos en personas "visualmente hambrientas".

Ay, los antojos.
Ay, los antojos.

Los investigadores descubrieron que los cerberos de las personas obesas reaccionaban más poderosamente a las fotos de alimentos, incluso cuando no tenían hambre, en comparación con las personas con un peso saludable. Así que si estás predispuesto a querer una hamburguesa, lo mejor es que no te pases horas viendo fotos de ellas en Instagram.

Debes comer más proteína y fibra

Para evitar sentir hambre a la media hora de haber comido, lo mejor es que trates de comer 30 gramos de proteína en cada almuerzo, una cantidad que aumentará tu sensación de plenitud después. De la misma manera, en cuanto a la fibra, incluye al menos diez gramos, esa cantidad ralentizará el vaciado de estómago y contribuirá a la saciedad.

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