VITAMINAS DE CULTURA CONTRA EL ESTRÉS

Los daneses sufren una epidemia de depresión, y la combaten a la española

Aparecen en los primeros puestos en los 'rankings' de felicidad, pero no es oro todo lo que reluce. Dinamarca combate las enfermedades mentales con un espíritu mediterráneo

Foto: Foto: iStock.
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A juzgar por los 'rankings' sobre los países más felices del mundo, los daneses viven radiantes. Si nos atenemos a los datos, que sugieren que alrededor de medio millón de residentes en el país escandinavo sufren ansiedad, depresión o alguna otra clase de problema mental, no tanto. Si no, no estarían buscando formas para conseguir que sus conciudadanos no caigan en los brazos de la tristeza.

El programa que ha llamado la atención fuera de las fronteras danesas es el conocido como Kulturvitaminer o Vitaminas de Cultura, que arrancó en la ciudad de Aalborg pero que ya se ha extendido a otras tres más, Silkeborg, Vordingborg y Nyborg. “Dirigido a los ciudadanos con estrés, ansiedad o depresión” es el mensaje que se refleja en la primera parte del folleto que presenta el programa a los vecinos de la capital de Jutlandia.

La tasa de paro es mucho más baja que en el resto de Europa, por lo que los desempleados se sienten mucho más excluidos

Aunque el programa está abierto a todos los ciudadanos, se centra ante todo en los desempleados que, como desvelan los datos, son una rara avis en el país escandinavo. En junio de este año, la tasa de desempleo se encontraba en un 4,8%, una de las más bajas de toda Europa y muy lejana de la nuestra, que se halla en el 14%. El lado oscuro de tener un paro bajo: que los desempleados se sienten mucho más excluidos en un país donde casi todo el mundo tiene trabajo.

El Kulturvitaminer consiste en involucrar a los participantes en un programa en actividades culturales que puedan ser beneficiosas tanto por sus efectos positivos (por ejemplo, la música) como porque los reúne con otras personas, acabando con uno de los grandes problemas que plantea el desempleo, el aislamiento. Los programas se diseñan juntando a varias personas en pequeños grupos para que disfruten de un concierto, una exposición o que, como mostraba un artículo del 'Kristeligt Dabglad', se pongan a cantar juntos. Aquellos que se apuntan al programa realizan dos o tres excursiones culturales a la semana durante 10 semanas.

Aalborg desde los cielos. (iStock)
Aalborg desde los cielos. (iStock)

Estas medidas tienen como objetivo contrarrestar uno de los grandes problemas de la sociedad escandinava: la incomunicación. La misma que llevó a Michael Booth, el autor de 'Gente casi perfecta', un relato de sus 10 años viviendo en Escandinavia, a contar que “aseguran que son los más felices del mundo, ¿pero por qué no hablan de que son los segundos detrás de Islandia en el consumo de antidepresivos?” Es un círculo vicioso. La exportable imagen danesa de felicidad y Estado del bienestar impide a los que no se sienten así contar lo que les ocurre, lo que agrava aún más su situación.

Más que una vía alternativa a las tradicionales, complementaria. “Actualmente hay 35.000 daneses que sufren estrés cada día”, explicaba Mads Suedahl, concejal de izquierdas en Aalborg. “Es un gran desafío, porque no tenemos mucha idea de qué es lo que funciona. Podemos prescribir viajes, cantos corales o 'mindfulness', pero lo importante es saber qué es lo que beneficia a los pacientes, por eso me parece una buena idea”. En definitiva, abandonar el individualismo norteño y adoptar un enfoque más mediterráneo de las relaciones interpersonales.

Ser feliz mientras ahorras

Hay otra razón por la que este programa resulta tan atractivo, y que es coste-eficiente, tanto para el paciente como para los sistemas de salud. Como recuerda la corresponsal de 'The Guardian' Helen Russell en un reportaje sobre el programa, el curso cuesta 12.000 coronas danesas (unos 465 euros), mientras que una sesión con el psicólogo ronda los 40 euros (¡y sin entradas para la ópera!). El coste de los guías culturales que acompañan a los enfermos es menor que el de psicólogos o terapeutas.

Muchas personas han perdido sus relaciones personales debido a su enfermedad, y este programa intenta ayudarlas a recuperarlas

Como explicaba el director del curso de Aalborg, Mikael Odder Nielsen, los cursos están financiados por el Ministerio de Salud, pero una vez concluya el programa piloto en noviembre, el ayuntamiento puede decidir su participación. Las cifras también funcionan en el sentido opuesto. Una semana de baja puede suponer unas 4.000 coronas (unos 150 euros) para el Estado y la empresa contratante. Según un estudio que contó con participación española, la depresión cuesta 92.000 millones al año en la Unión Europea, aunque otro informe de la OCDE señalaba que tan solo en España la cantidad era de 40.000 millones de euros, un 4,2% de su PIB.

El enfoque de prevención para el ahorro es cada vez más común entre los países desarrollados, especialmente a medida que las enfermedades mentales aumentan su prevalencia. Como recordaba Duedahl, no se trata únicamente de que estas personas se recuperen, sino también, de conseguir que vuelvan a resultar productivas en la sociedad. “Muchos han perdido relaciones debido a su enfermedad”, explicaba. “Esto puede proporcionarles nuevas relaciones y algo que los una, lo que con suerte los puede preparar para volver al mercado laboral”.

Una de las reuniones del grupo. (Aalborg Kommune)
Una de las reuniones del grupo. (Aalborg Kommune)

Es el signo distintivo de la mayor parte de las nuevas medidas promovidas desde los Estados del bienestar escandinavos, centradas, ante todo, en el bienestar y la reinserción laboral de los desempleados, como ocurre con otro de los programas más populares del último año, el de la renta básica finlandesa. Los últimos resultados mostraban los que los que la habían percibido se sentían más felices, y experimentaban una mayor confianza en sí mismos y en los que los rodeaban.

Su objetivo final, como recordaba un trabajo de Monna Mnnevuo, era aliviar al parado de ansiedad y depresión, una manifestación de la “política de empujones” que se ha popularizado desde el norte de Europa. También en Reino Unido, el primer país donde comenzó a utilizarse la cultura en grupo como herramienta de sanación hace más de 20 años.

La mayoría de los participantes son mujeres de entre 35 y 50 años con cargas familiares, aunque también acuden hombres

No obstante, Suecia ha tomado la delantera a todos ellos, como señalaba una investigación publicada en 'Perspective in Public Health' que analizaba otros países donde se han llevado a cabo medidas similares. Quizá porque precisamente recordaban hace más de un lustro que Dinamarca era el país escandinavo que más atrás se había quedado, han decidido ponerse las pilas y erigirse como uno de los pioneros.

Más mujeres que hombres

“Para mí ha sido positivo salir tres veces por semana y compartir cosas con otras personas, formar parte de algo”, explica una de las beneficiarias del programa, Kirsten, de 52 años. “El compromiso viene más tarde, tienes que poner de tu parte”. Es una de las paradas que, después de terminar el sistema, ha vuelto a buscar trabajo de forma activa.

Algunos de los participantes en el programa padecen otra clase de trastornos. Por ejemplo, agorafobia, como el protagonista del reportaje de 'The Guardian', que sufre a menudo ataques de pánico y ansiedad cuando se ve obligado a socializar. A menudo, los participantes no disponen de ninguna razón para abandonar su casa que no sea acudir al médico, por lo que salir de las mismas cuatro paredes a divertirse con personas desconocidas puede suponer una significativa diferencia, especialmente cuando no te sientes motivado ni para levantarte de la cama, uno de los síntomas más habituales de la depresión.

La mayoría de los participantes son mujeres de entre 35 y 50 años con cargas familiares, aunque también acuden hombres. Los resultados parecen prometedores: las “intervenciones conductuales” se han utilizado con éxito, por ejemplo, en zonas en conflicto, para ayudar a superar el estrés postraumático, como ocurrió en Pakistán, donde la introducción de actividades placenteras permitió a los participantes sentir menos ansiedad y estrés. No es la guerra, pero el mundo moderno, incluso tan aparentemente amable como el de los países escandinavos, también puede ser doloroso.

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