LA INCREÍBLE HISTORIA DE RICHARD JARECKI

El médico que descubrió cómo 'hackear' el casino y ganar siempre que quisiera

A finales de los años sesenta, muchos medios comenzaron a fijarse en ese tipo alto y desgarbado que estaba arrasando en los casinos de la Costa Azul. ¿Cómo lo hacía?

Foto: Una de las fotografías que la familia facilitó a 'The New York Times' para su obituario y que muestra a Jarecki en un casino europeo.
Una de las fotografías que la familia facilitó a 'The New York Times' para su obituario y que muestra a Jarecki en un casino europeo.

“Es una amenaza para todos y cada uno de los casinos de Europa. No sé cómo lo hace, pero si nunca volviese a pasarse por el mío, me haría un hombre muy feliz”. Es el 25 de mayo de 1969 y el suplemento de fin de semana de 'The Sydney Morning Herald' ofrece a sus lectores, por primera vez, la historia del 'profesor jugador'. En el reportaje podían leerse los lamentos de Signor Lardera, dueño del casino de San Remo, que se llevaba las manos a la cabeza ante el paso por sus salones de juego del huracán Richard Jarecki.

El tal Jarecki no era ni un forajido ni un consumado jugador. Se trataba, simplemente, de un hombre de familia de 38 años nacido en Szczecin el 1 de diciembre de 1931, cuando aún era parte de Alemania (actualmente se encuentra en territorio polaco, muy cerca de la frontera) y que se ganaba la vida como médico. Al menos, hasta que comenzó a arrasar noche tras noche en los casinos de la Costa Azul. Había fijado su objetivo en ellos en la primavera de 1968, cuando a lo largo de tres noches logró amasar 48.000 dólares de la época; continuó a finales de año, con otros 192.000 dólares más y concluyó después de que el casino levantase el veto que le había impuesto por dos semanas con otros 100.000 verdes adicionales.

Según contó, su método se basaba en la utilización de un superordenador que le decía por qué números debía apostar, pero no era verdad

Una cantidad que, como explica el periodista Zachary Crockett en 'The Hustle', donde ha publicado el que probablemente sea el artículo más completo sobre Jarecki hasta la fecha, ascendía en total a unos 2.477.000 dólares de hoy, es decir, alrededor de 2.205.000 euros en total. Su botín seguiría ascendiendo a lo largo del tiempo, y en total, a lo largo de su breve carrera como jugador —de 1964 a 1969, el tiempo que separa el 'A Hard Day's Night' del 'Abbey Road' de los Beatles— amasaría unos ingresos totales de ocho millones de dólares (7,12 millones de euros) con su infalible método.

¿Qué método? Jarecki musitó en una ocasión, ante el interés de los medios de comunicación que empezaron a ver en él una mezcla de Michael Caine en 'Alfie' y Cary Grant en 'Atrapa un ladrón', quizá con un toque de Jerry Lewis en 'El profesor chiflado', que tomaba nota de todos los resultados de la ruleta a lo largo del día, los introducía en un superordenador Atlas de la Universidad de Londres (que, con sus 48 bits, era menos potente que tu 'smartphone') y este le decía los números por los que debía apostar. En parte era cierto, pero tan solo en parte. El método era más pedestre, pero seguramente, también más ingenioso.

Los ocho de Jarecki

“Richard Wilhelm Jarecki no era la clase de 'bon vivant' libertino que uno podría imaginarse como el epítome de un tahúr exitoso”, rezaba el obituario que 'The New York Times' publicó el pasado 8 de agosto tras el fallecimiento del doctor a los 87 años, a consecuencia de una neumonía. El rotativo recordaba la imagen que de él ofrecía el célebre artículo de 'The Sydney Morning Herald': “Bastante alto, delgado y esbelto, la imagen que uno se espera de un profesor, completada con un traje arrugado y una apariencia despistada”.

El casino de San Remo tiembla solo de escuchar el nombre 'Jarecki'. (iStock)
El casino de San Remo tiembla solo de escuchar el nombre 'Jarecki'. (iStock)

Su vida calca esas trayectorias complejas que caracterizan a muchos de los emigrantes de la Alemania nazi y que terminarían haciendo fortuna gracias a su ingenio, como ocurriría con tantos artistas y científicos: sus padres, un dermatólogo y la heredera de una naviera, abandonaron el país en los albores de la segunda guerra mundial ante el acoso nazi y se instalaron en Asbury Park (Nueva Jersey), donde el pequeño Richard se aficionaría a juegos como el 'bridge', antes de estudiar en la Universidad de Duke. Fue en los años sesenta cuando se topó con el que sería el mayor reto intelectual de su vida, la ruleta. ¿Había alguna posibilidad de 'hackearla', como se dice hoy?, se preguntó. ¿Existen patrones ocultos debajo de ese azar aparentemente perfecto?

Eureka”, debió decirse cuando finalmente observó el detalle que cambiaría su vida para siempre, así que recogió sus ahorros de 100 dólares, una considerable cantidad para la época, y acudió al casino más cercano. 100 se convirtió en 5.000; la (buena) suerte estaba echada. En 1967, Jarecki fue trasladado a la Universidad de Heidelberg en Alemania, en la zona de la República Federal Alemana, entre Stuttgart y Fráncfort, para seguir formándose e investigar sobre la electroforesis, una técnica para la separación de moléculas. En realidad, Jarecki estaba más interesado en separar el dinero de los casinos de los bolsillos de sus dueños, así que decidió peinar con su método los casinos del sur de Europa. Montecarlo, Divonne-les-Bains en Francia o Baden-Baden en Alemania o cualquier otra ciudad con un guion en su nombre fueron víctimas propicias.

El sevillano Gonzalo García-Pelayo se inspiraría en el método creado por Jarecki para arrasar en los casinos españoles a principios de los años noventa

Más allá de su método inconfesable (por ahora; siga leyendo), Jarecki montó una pequeña red de colaboradores entre las que se contaba su mujer, la anestesista Carol Fuhse, y otros ocho compañeros, que hacían su trabajo de campo. Además, pidió un préstamo de 25.000 libras a un mecenas suizo para ejecutar su estrategia. Fue la era de oro para los Jarecki, cuando gracias a los millones que amasaron pudieron permitirse un lujoso apartamento en San Remo, donde establecerían su base de operaciones. El resto, como ya hemos contado, es historia, y era solo cuestión de tiempo que el dinero de Signor Lardera terminase en los bolsillos del alemán. Ni siquiera la prohibición de entrar “por ser demasiado bueno” funcionó. Pero ¿qué estaba pasando?

La vieja teoría de la gravedad

Ni ordenadores ni gaitas. Lo que Jarecki y su equipo de colaboradores hacían era apuntar todos y cada uno de los resultados de los casinos que pensaban asaltar partiendo de una observación que Jarecki había realizado en el parqué de Nueva Jersey: todas las noches, los empleados del casino cambiaban todas las cartas y los dados, porque a lo largo de la jornada probablemente habían quedado marcados —hoy son incluso más escrupulosos—, pero había algo que nunca cambiaba. Se trataba de las caras ruletas de madera, que día tras día, mes tras mes, y año tras año, iban quedando marcadas.

No son nada baratas, así que deben durar una buena temporada... ¿o no? (iStock)
No son nada baratas, así que deben durar una buena temporada... ¿o no? (iStock)

Estas cicatrices de guerra favorecían que algunos números saliesen más a menudo que otros, por lo que el azar dejaba de ser tal. Lo único que se necesitaba era recoger una gran cantidad de datos y analizarlos para descubrir qué números tenían más posibilidades de salir, y apostar por ellos. Lo del ordenador era un farol. Simplemente, Jarecki tomaba nota de los resultados a mano y deducía el resultado; las viejas y decadentes mesas de Europa, con un número menos que las americanas (37 y no 38), le favorecían aún más. Por eso, su carrera terminó cuando Lardera, después de intentar otras alternativas inútiles como cambiar de posición las ruletas (el doctor las conocía tan al dedillo que las reconocía a simple vista) o solicitar a las autoridades italianas que lo expulsasen del país, decidió sustituir 24 ruletas del casino.

Ni Jarecki fue el primero en hacer algo así ni el último. El método desarrollado en España por Gonzalo García-Pelayo y su familia era semejante. El sevillano director de cine sospechaba que toda ruleta, aun recién fabricada, podía tener sus pequeñas imperfecciones físicas, lo que terminaría provocando a la larga que unos números saliesen con más frecuencia que otros. Como recuerda la página 'Gambling Sites', García Pelayo probablemente se inspiró en el método de Jarecki a la hora de analizar los resultados de la ruleta, y utilizó un método muy semejante (reclutando a su hijo Iván y a su hija Vanessa) para amasar alrededor de 70 millones de pesetas a principios de los noventa. Pero ya en su día Joseph Jagger, el pionero de la “ruleta trucada” en el siglo XIX, el tándem formado por Albert Hibbs y el doctor Ray Walford o Helmut Berlin habían utilizado sistemas semejantes.

Ganó su último torneo en diciembre de 2017, a los 87 años, apenas unos meses antes de fallecer a causa de una neumonía

“No importa que descubriesen su truco”, relataba el obituario de 'The New York Times'. “Para entonces ya se había llenado los bolsillos y era famoso, y estaba a punto de labrarse una nueva carrera en otro entorno dominado por el riesgo en Estados Unidos”. ¿Adivinan? El jugador supremo se dedicó en cuerpo y alma desde los años setenta a los mercados de futuros, en auge por aquel entonces. No sabemos si observó alguna tabla marcada en el parqué de la bolsa, pero sí que su talento corría en la familia. Su hermano, el psiquiatra y empresario Henry Jarecki, también se hizo multimillonario y, con su ayuda, Richard consiguió multiplicar por 10 su fortuna; su hijo John se convertiría en el campeón de ajedrez más joven de la historia. Y sí, los Jarecki, Andrew y Eugene (autores del documental 'Capturing the Friedmans' o la serie 'The Jinx') son sus sobrinos.

En el obituario publicado el pasado verano, mientras todo el mundo estaba de vacaciones y nadie escuchaba, su viuda, Carol, volvía a contar cómo habían saltado a la riqueza. Requería un gran esfuerzo: cada mes, podían llegar a recopilar hasta 10.000 resultados. La mayoría de ruletas no presentaban ningún problema, pero cuando encontraban una que sí lo hacía, la atacaban hasta dejarla seca. “No lo inventó, simplemente lo perfeccionó”, confesó su mujer al medio estadounidense. Además, ofrecía nuevos datos a la historia, recordando que su esposo era tan amable que la mayoría de dueños de casinos se resistían a prohibirle la entrada. A partir los 70, Jarecki siguió jugando casi por placer, tanto en la cercana Atlantic City como en Las Vegas. Su última parada sería Manila, en Filipinas, porque sus reglas eran mucho menos estrictas. Ganó su último torneo en diciembre de 2017, a los 87 años.

¿Podría replicarse su éxito hoy en día? Probablemente no. Gracias en parte a las hazañas del doctor Jarecki surgieron las ruletas Starburst, fabricadas por John Huxley y diseñadas con materiales que evitan el deterioro, y que comenzaron a extenderse por todos los casinos desde principios de los años ochenta. Además, la informatización de los procesos ha provocado que, si una ruleta comienza a repetir un resultado por encima de lo que le correspondería por azar, salte una alarma; ningún crupier es humanamente capaz de llevar un recuento semejante de los números. Por último, los inspectores se aseguran continuamente de que todas las piezas están en su sitio. Así que cada vez más es más difícil que se cumpla aquella máxima que el propio Jarecki pronunciase en su día: “Si a los dueños de los casinos no les gusta perder, que se dediquen a vender verduras”.

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