LA FAMILIA HIZO SALTAR LA BANCA EN LOS CASINOS

Los Pelayos contraatacan: "Multiplicamos por tres tus opciones de ganar la Primitiva"

Ganar el Gordo de la Primitiva es cuestión de suerte. Y qué mejor que estar del lado de Los Pelayos, la familia que desbancó decenas de casinos en los 90

Foto: Gonzalo García-Pelayo, patriarca del clan familiar, posa en su domicilio de Madrid (E. Villarino)
Gonzalo García-Pelayo, patriarca del clan familiar, posa en su domicilio de Madrid (E. Villarino)
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El verano de 1992 quedó fijado en el imaginario colectivo por el inusitado trasvase de metal entre el Comité Olímpico Internacional y el destacamento atlético que enviamos a Barcelona. Sin embargo, no fue la única transacción notable. Lejos de los focos, en Madrid, la familia García-Pelayo hacía saltar la banca del casino de Torrelodones jugando a la ruleta. Fueron 70 millones de pesetas, suficientes para que la dirección del Gran Madrid les vetase el acceso.  Poco después, el casino de Lloret de Mar correría una suerte semejante.

Comenzaba entonces el periplo de los Pelayo, con el patriarca Gonzalo al frente, que les llevó por salones de juego de Australia, Dinamarca, Holanda, Austria, Francia y Las Vegas. Más de 250 millones en ganancias forjarían la leyenda de la que fue conocida como la familia más afortunada de España. Naturalmente, además de suerte, Los Pelayos tenían un método. Un método basado en la imperfección de las ruedas y los cajetines, apreciable solo por el ojo estadísitico de una familia madrileña, que guiaba los designios de la bolita. Conocida la imperfección, conocido el designio. En el contexto de los casinos, ese conocimiento es dinero, y ellos lo supieron antes que nadie. Tanto es así que sus aventuras han inspirado una película, un libro y un documental.

A mí no me gusta jugar; a mí me gusta ganar. La clave está en encontrar una expectativa ganadora. Si no hay, no juegoGonzalo García-Pelayo nos recibe en su domicilio de Madrid junto a sus hijos. Ocupan un lugar destacado los cuadros del pintor andaluz Benito Moreno y las alusiones a la Semana Santa pero, sobre todo, lo que hay en la casa son discos y películas. Una semblanza fiel de un personaje polifacético hasta el éxtasis, amante de la matemática que limita con la filosofía, del cine y de la música, afanado siempre en aprovechar cada ventaja que la vida le brinda. Esta entrevista podría versar sobre los 150 álbumes que ha producido, o sobre sus cinco largometrajes -el último, Alegría de Cádiz, ha atraído la atención de The New York Times- o sobre su poco conocida labor como apoderado de toreros, pero lo que hoy acontece con el mayor de los García-Pelayo es el juego.

Turno de la lotería

Junto al clan familiar Gonzalo acaba de fundar Los Pelayos Club, una peña de juego online compuesta por expertos en matemáticas y probabilidad que promete "duplicar y casi triplicar" las posiblidades de que un jugador gane la Primitiva. El secreto no es otro que el que enseñó García-Pelayo al jugador de póker Juan Carlos Mortensen: esperar agazapado, guardar la ropa y, a la señal, atacar con todo. "Carlos aprendió a jugar en esa mesa", señala Gonzalo. En 2001 se proclamó campeón del mundo de póker. "Aunque después ha aprendido un montón por su cuenta, el alumno hace tiempo que superó al maestro", bromea. La elección de la lotería no es cosa tonta: responde mejor que el sorteo de la ONCE y que los Euromillones ante la ecuación premio/probabilidades. Y ni siquiera les vale la Primitiva: juegan solo cuando hay un premio gordo.

Cartel de la película 'The Pelayos', estrenada en 2011
Cartel de la película 'The Pelayos', estrenada en 2011

En esta ocasión Los Pelayos han detectado que en la Primitiva, cuando hay bote, "puede haber una circunstancia de rentabilidad". En promedio, el jugador de la Primitiva recupera el 55% de lo que invierte. Esto significa que si una sola persona jugase todos los números perdería un 45% de lo que puso. No obstante, cuando hay un premio acumulado, relata García-Pelayo, se suma un porcentaje extra. "Si es un 60% más, aunque depende de la cuantía del bote, la expectativa sube hasta el 115%, es decir, es una expectativa ganadora". 

Carga las tintas en la "expectativa ganadora" porque sintetiza el concepto primordial del pelayismo: "A mí no me gusta jugar; a mí me gusta ganar. Si el pago no es mayor que la probabilidad, no juego". En estas circunstancias "jugar" funciona como transliteración de "trabajar la suerte". 

Supongamos que tienes una moneda y la lanzas diez veces esperando que salga cruz. Lo normal es que ganes cinco veces. Si ganas cuatro o menos, tienes mala suerte. Si ganas seis o más, tienes buena suerte. Dicen que Los Pelayos tenemos mucha suerte en la vida y no. Tenemos la suerte normal, solo que jugamos con la moneda ganadora

Por cierto, la suerte recibe una sacudida similar en el cerebro analítico de Gonzalo: "La suerte existe, aunque esta sociedad pretenda negarlo. Cuando pierden, a los entrenadores de fútbol les da vergüenza culpar a la suerte, y muchas veces solo ha sido eso, suerte. La suerte, para mí, es la desviación de la expectativa. Yo solo quiero lo mío y, si puede ser, un poco más. Ese poco más es la buena suerte. Supongamos que tienes una moneda y la lanzas diez veces esperando que salga cruz. La expectativa es que ganes cinco veces. Si ganas cuatro o menos, tienes mala suerte. Si ganas seis o más, tienes buena suerte. La buena y la mala suerte tienen hasta límites fijados matemáticamente. Dicen que Los Pelayos tenemos mucha suerte en la vida y no es así. Tenemos la suerte normal, solo que jugamos con la moneda ganadora".

Gonzalo advierte que la Primitiva no es igual que el póker y la ruleta, los dos campos que asaltó con éxito -y sigue asaltando mediante submarinos, como se conoce a las personas que juegan con el dinero y el sistema de un tercero- en casinos de todo el mundo. "En la lotería no podemos mejorar la probabilidad como en los otros juegos. Lo que ofrecemos es una visión profesional basada por completo en la estadística, dejando de lado los factores emocionales y supersticiosos con los que la gente suele jugar" dice. Según sus cálculos, cuantos más sean en la peña, más probabilidades habrá de obtener un beneficio. El reto está en congregar a un millón de los quince que suelen acudir al sorteo. Con estos mimbres, considera García-Pelayo, obtendrían el premio gordo en la misma proporción, uno de cada quince intentos.

Gonzalo García-Pelayo (E. Villarino)
Gonzalo García-Pelayo (E. Villarino)

Análisis ante todo

Si bien el sistema aplicado a la lotería difiere del de la ruleta, en las formas se encuentran coincidencias metodológicas. La principal, el estudio concienzudo del objetivo. Lo que para la ruleta fueron jornadas de seis horas, quince días por mesa, de registro intensivo de resultados, en la lotería se ha tornado en un trabajo de campo por las administraciones de lotería en busca de un dato: los números que más juega la gente. Aparece de nuevo el condicionante emocional: "Hay muchos prejuicios. Se cree que el 1234567 no tiene posibilidades de ganar, cuando es un número como cualquier otro. En este aspecto somos previsibles. Mira, si hay cinco banquetas en una cafetería y tres personas, siempre se van a sentar dejando una libre entre ellos. En la lotería te puedo asegurar que la gente juega sobre todo a fechas de nacimiento. ¿Qué oportunidad nos da esto? Los números a partir del 32", dice.

Hay muchos prejuicios. Se cree que el 1234567 no tiene posibilidades de ganar, cuando es un número como cualquier otro. En este aspecto somos previsiblesA partir de esa cifra, frontera del calendario romano, acertar en la Primitiva implica hacerlo con menos compañeros a los que repartir. El dato, junto a otros opacados por el secreto profesional, se agita con un algoritmo desarrollado ad hoc. De hecho, Gonzalo nunca ha tenido reparos en programar su propio software. Fue creando una ruleta informática aleatoria que descubrió la debilidad de las analógicas. Al comparar resultados, los papeles le fueron cantarndo una por una las querencias de la ruleta. Con los datos en la mano, solo necesitó apostar para saltar la banca.

Los Pelayos Club, asegura, promete al jugador ganar más que jugando solo. "Nosotros nos llevamos el 10% de las ganancias a cambio de multiplicar sus posibilidades de ganar y con la misma diversión. No busco que nadie se incorpore al juego, sino que los que ya juegan lo hagan con nosotros. En el peor de los casos, perderán menos. Cuando me preguntan si somos buenos siempre digo: 'Pues mira, no somos James Bond, pero tampoco Dostoievsky'".  

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