una gran esperanza

La relación entre el sistema inmunológico y el alzhéimer: ¿la clave para vencerlo?

Una de las enfermedades más graves, que aqueja a millones de personas en el mundo, puede encontrar la cura en la inmunoterapia

Foto: Un recuerdo que no quiere salir a la luz, jugando contigo. (iStock)
Un recuerdo que no quiere salir a la luz, jugando contigo. (iStock)

El alzhéimer es la causa más frecuente de demencia. Es una enfermedad que aqueja a millones de personas en todo el mundo, y aunque su deterioro va empeorando con la edad (pérdida de memoria, alteraciones del lenguaje, cambios en la personalidad) muchos enfermos son menores de 65 años. No existe una cura conocida, algunos medicamentos pueden reducir la pérdida de memoria pero no pueden detenerla.

Uno de los problemas principales es que las causas de la enfermedad son aún un misterio. Mucho se ha teorizado al respecto, desde que podría venir de una enfermedad relacionada con las encías o del virus del herpes. Lo cierto es que es muy complicada de combatir porque, como el cáncer, no es causada por un patógeno invasor sino que surge de nuestra propia biología. Pero quizá ahí está la clave, apunta el neurólogo Nick Fox del University College London en 'The Guardian'.

El cuerpo como principal arma

¿Podría la inmunoterapia ayudarnos? Esta se basa en utilizar el sistema inmunológico, es decir, las defensas del propio cuerpo para prevenir las enfermedades. Es, sin duda, un enfoque innovador y prometedor. Ayudaría de la misma manera que las vacunas, y de hecho varios investigadores ya están buscando algo así. Algunos medicamentos inmunoterapéuticos están ahora realizando ensayos clínicos, lo cual podría ser un rayo de esperanza pues se trata de una enfermedad generalizada, devastadora y fatal.

El alzhéimer se produce debido a la reducción de la producción cerebral de acetilcolina (un neurotransmisor), lo que provoca un deterioro en el rendimiento de los circuitos colinérgicos del sistema cerebral. Los primeros signos pueden incluir cambios en la personalidad, deterioro en la capacidad de andar, problemas de atención o incapacidad de resolver operaciones aritméticas sencillas. La influencia genética tiene mucho que decir, aunque otros factores como el tabaco, el alcohol o la vida sedentaria, también.

La inmunoterapia se basa en el uso de las defensas del propio cuerpo para prevenir la enfermedad

En los cerebros de personas afectadas de demencia por enfermedad de Alzheimer se han identificado depósitos anormales de dos proteínas que forman agregados e inclusiones, desestructurando la arquitectura cerebral. Estas proteínas se denominan beta-amiloide y proteína tau. "Algunos dicen que la beta amiloide es la 'culpable', pero en realidad podríamos decir que esta proteína es el fósforo y la tau el fuego", explica el doctor Fox. Los agregados de ambas son suficientes para causar demencia por al mecanismos de defensa o de compensación cerebral que minimizan el impacto que estos depósitos tienen sobre el rendimiento en nuestras actividades diarias.

Se dice que cuando uno de los pioneros de la inmunoterapia contra el alzhéimer, el difunto Dan Schenk, convocó una reunión de laboratorios en los 90 para discutir distintos enfoques o estrategias contra la enfermedad, la idea de la vacuna fue considerada la peor de todas. Se pensó que el alzhéimer era resultado del desgaste propio de la edad y nadie pensó que tuviera que ver con el sistema inmunológico. Schenk, de todas maneras, siguió investigando y sus resultados sorprendieron.

Decidió investigar con ratones que sufrían una enfermedad similar a la del alzhéimer pues por una mutación genética producían una proteína amiloide "defectuosa". Los ratones fueron vacunados con fragmentos de esta proteína para inducir una respuesta inmune. Sus cuerpos produjeron anticuerpos que atacaron al amiloide cuando formó placas. Este trabajo condujo al desarrollo de una vacuna llamada AN-1793 que, en un principio, parecía muy prometedora. "Sin embargo, los cerebros de aproximadamente el 6% de los pacientes que participaron en el ensayo clínico se inflamaron y esto les causó síntomas similares a los de la meningitis, por lo que el ensayo se detuvo", apunta Fox.

El problema de la vacuna sería el momento de usarla. ¿Antes de desarrollar la enfermedad o con los primeros síntomas?

Aun así, no se abandonó del todo la idea. Se probó con la llamada inmunización pasiva, en lugar de que el propio cuerpo produjera anticuerpos contra el amiloide, se producirían fuera (no tenían ni por qué ser humanos) y después se inyectaría la cantidad adecuada y necesaria para no causar la inflamación. Pero los ensayos clínicos hasta el momento, quizá por exceso de cautela, no han producido signos de mejora cognitiva.

Grandes esperanzas

Las esperanzas se reavivaron con un fármaco reciente: UB-311. Una molécula artificial similar a una proteína que imita al amiloide y provoca una respuesta inmune natural. Aparentemente no tiene efectos secundarios graves. La pregunta clave, aún sin respuesta, es si alguno de estos tratamientos puede detener o incluso revertir la disminución de la función cerebral causada por el alzhéimer.

Una duda frecuente con la vacuna es la siguiente: ¿Cuándo tendría que administrarse? ¿Al desarrollarse la enfermedad, cuando hay acumulación de placa? ¿Mucho antes, como en el sarampión? Lo lógico, según los expertos, sería hacerlo temprano. Una preocupación frecuente con los ensayos clínicos es que, quizá, han suministrado los medicamentos demasiado tarde y por eso no funcionan. La agregación de amiloide puede aparecer hasta 15 años antes de que la persona muestre algún síntoma neurodegenerativo. Por otra parte, la vacunación de personas sanas suele ser controvertida, por el riesgo de efectos secundarios.

Con suerte, dentro de unos años se encontrará una respuesta a si la inmunización puede ser un enfoque útil para el alzhéimer o no. Por el momento hay cierto optimismo, pues hay una evidencia en los estudios realizados con animales. A falta de una cura conocida por el momento, las personas con alzhéimer viven con la esperanza en estas nuevas pruebas, "y aunque pueden decepcionarse en algunos momentos son realistas y entienden los esfuerzos realizados", explica Fox . Queda esperar si la mejor defensa contra esta demencia formará parte de nuestro propio cuerpo.

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