nuevo descubrimiento

Sacrificados y despellejados: encuentran en México el templo más terrible

Su influencia en la fertilidad, la regeneración de los ciclos agrícolas y la guerra convirtieron a Xipe Tótec en uno de los dioses más importantes de la época prehispánica

Foto: Foto: Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.
Foto: Instituto Nacional de Antropología e Historia de México.

La Casa del Comandante en Italia, el sacrificio masivo de niños y llamas y los ídolos de Chan Chan en Perú, algunos versos de la 'Odisea' en Grecia, la máscara de Pakal el Grande en México, un carro ibérico en España o nuevos restos en Pompeya son algunos de los descubrimientos de 2018. Parece mentira que todavía en 2019 sigan apareciendo nuevos hallazgos arqueológicos y que aún quede mucho por encontrar bajo tierra, hundido en el océano o en culaquier región inexplorada.

Europa sigue realizando numerosos trabajos de búsqueda de vestigios de todas las épocas, de la misma forma que Turquía e Israel cada vez más importantes. Y en el continente americano también otros países siguen deslumbrando al mundo con sus todavía misteriosas culturas precolombinas. Seguro que este año nos depara nuevas sorpresas.

Apenas empezado el mes de enero, arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) han descubierto el primer templo dedicado a Xipe Tótec, deidad mesoamericana, en la Zona Arqueológica de Ndachjian–Tehuacán. Su influencia en la fertilidad, la regeneración de los ciclos agrícolas y la guerra lo convirtieron en uno de los dioses más importantes de la época prehispánica. Fue además reconocido por culturas de Occidente, Centro y Golfo de México.

Este hallazgo se realizó durante las recientes excavaciones de las ruinas indígenas de Popoloca en el estado de Puebla. Además, el INAH afirma que los expertos encontraron dos tallas de piedra con forma de calavera y un tronco de piedra que representa al Dios Despellejado (cada uno de ellos mide aproximadamente 70 centímetros de alto y pesa unos 200 kilogramos, dicen los arqueólogos). Tenía una mano extra colgando de un brazo sugiriendo que la deidad estaba usando la piel de una víctima sacrificada.

Los sacerdotes hacían una incisión desde la parte inferior de la cabeza hasta los talones y retiraban la piel de una sola pieza

Durante un antiguo festival conocido como Tlacaxipehualiztli (para vestir la piel), los sacerdotes usaron dos altares circulares. En el primero, los cautivos fueron sacrificados en luchas de gladiadores. La víctima recibía armas falsas hechas con plumas, atada a una gran piedra circular y era obligada a luchar contra un guerrero azteca completamente uniformado y armado.

En el segundo altar, eran desollados. Los encargados del ritual hacían una incisión desde la parte inferior de la cabeza hasta los talones y retiraban la piel de una sola pieza. Los sacerdotes despellejaban a las personas para luego ponerse sus pieles, una ofrenda típica hacia este dios. Se vestían con la piel de la víctima, a la cual después colocaban en pequeños agujeros frente a los retablos. Los científicos creen que estas cabezas se utilizaban para "taponar" los agujeros donde se colocaban los restos delos cuerpos.

La otra piel

"Escultóricamente son piezas muy bonitas. Tienen un agujero en el vientre que se usaba, de acuerdo con las fuentes, para poner una piedra verde y ‘dotarlas de vida’ para las ceremonias", aseguran en el INAH. Pese a que munca se había encontrado un templo a sociado al culto de Xipe Tótec, también se han localizado los dos altares de sacrificio que coinciden con las fuentes documentales vinculadas a estos edificios.

Según la arqueóloga Noemí Castillo Tejero, directora del Proyecto Sur del Estado de Puebla Área Central Popoloca, las esculturas que representan dos cráneos desollados y un torso cubierto con piel de sacrificio personifican a la deidad. Además, en el comunicado se ha confirmado que esta construcción fue utilizada entre el 1000 y el 1260 d.C. y que sus habitantes fueron conquistados por los aztecas.

Los investigadores teorizan que, si bien las dos obras representan un despellejamiento, habrían sido producidas por diferentes artesanos dados los contrastes en sus características y las mínimas diferencias de tamaño. Fueron tallados en piedra volcánica (seguramente riolita), ajena a la región. Se cree que aunque fueron material importado, se tallaron en el momento ya que no muestran daños sufridos por algún algún tipo de traslado teniendo en cuenta los escasos medios de transporte de la época.

Son piezas muy bonitas. Tienen un agujero en el vientre que se usaba para poner una piedra verde y ‘dotarlas de vida’ para las ceremonias

Se espera que las esculturas, junto con otros materiales de cerámica y obsidiana recabados en la temporada de campo, puedan ser estudiadas en profundidad para saber su antigüedad, materiales y manufactura, y con ello incorporarlas al recorrido del Museo de Sitio de la zona arqueológica. Si bien los altares están bien conservados, aún es temprano para asegurar si se mantendrán a la vista del público o se cubrirán una vez que se explore la totalidad de la estructura.

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